
Cuando era niño me pirriaba el “belete”, que en ciertos lugares del archipiélago canario llaman beletén, beleté, beleto o tafor.
El término belete se usa en muchos puntos de La Palma, La Gomera, Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro. Sin embargo, en una misma isla puede recibir nombres diferentes, aunque en la mía –que es redonda, montañosa, sorprendente y, al menos, tan linda como la más linda de las ocho– siempre he escuchado decir belete, pero bien puedo estar mal informado. Hay quien se contagia de un entusiasmo poético y llega a decir que ese delicado manjar es “la flor de la leche” y no seré yo quien le contradiga, sino el que le anime a escribir el primer poema sobre uno de nuestros mejores alimentos, si acaso no es el mejor de todos.
Qué es el belete
En el caso de que algún gomero despistado no lo sepa, considero conveniente aclarar que el belete es la leche que proporcionan las cabras, las ovejas, las vacas y todos los mamíferos –las mujeres incluidas– justo después de parir.
Durante algunos días posteriores al parto las hembras producen una leche espesa, con una vista y una textura similar al yogur líquido de vainilla. En sitios como La Esperanza (Tenerife), se ha llegado a decir que el belete se produce durante ocho días, aunque mucho me parece, porque después de cuatros o cinco días la leche suele salir muy líquida.
Así se prepara
Para comer el belete, es preferible hervirlo antes. A medida que hierve, forma grumos que se separan del suero mientras vamos revolviendo para que no se adhiera al caldero. Por esa misma razón, es mejor no poner muy alto el fuego. Al cabo de algunos minutos, tan pronto veamos que los grumos se solidifican después de soltar todo el líquido, lo apartamos. Se acostumbra agregar una cascarita de limón, un palito de canela y algo de azúcar, tal como se hace con el arroz con leche, pero no es imprescindible.
Qué contiene
Los componentes del belete son inmunoglobulinas, agua, proteínas, grasas y carbohidratos diluidos en un líquido seroso y amarillo, es decir, en el suero. No lo duden, se trata de un poderoso alimento que, además, protege a los recién nacidos –y a quien lo tome– de enfermedades infecciosas.
Pero eso no es todo, porque también encontramos endorfinas, interleucinas, interferona, biotina, L-carnitina, melatonina, insulina, lisozima, prolactina, xantinoxidasa, lactoperoxidasa, y muchos otros componentes. ¿Qué otro alimento da más?
Saborear el rico belete
He comido –porque esta leche, una vez hervida, hay que masticarla, en lugar de beberla– belete de los tres tipos habituales en La Gomera (vaca, cabra y oveja), pero prefiero el de cabra, porque tiene un sabor muy especial. Creo recordar que el de oveja es muy fuerte, pero puede ser que la memoria me falle, pues hace mucho tiempo que no lo pruebo.
Me parece estar viéndome cuando era un chiquillo empurrando la cuchara en un gran tazón colmado de belete hasta el borde y regado con abundante miel de palma. Si no la había en casa, se le ponía azúcar y canela. Una delicia… conozco pocas cosas mejores que disfrutar en este valle de lágrimas sin tener que quitarse los pantalones.
He saboreado el belete de muchas cabras, pero el primero que me viene a la cabeza es el de las dos cabritas de mi abuelo Genaro Morales. Aquellos animales tenían unas ubres desmesuradas y, claro, uno procuraba darse una buena hartada de belete, sabiendo que en un par de días ya no volvería a probarlo hasta que pariese la otra cabra o las de nuestra vecina Tití… o hasta Dios sabe cuándo.
De ver comer belete al resto de la familia no me acuerdo, la verdad. Honradamente les digo que yo no levantaba la vista de mi tazón ni tenía cuentas con nadie mientras quedara algo que rascar en el fondo del recipiente.
El vocablo belete
Las palabras beletén, beleté, belete, beleto, velete, o veletén, que de todas estas formas se ha escrito, nos vienen de nuestros antepasados, prehispánicos. Sin embargo el filólogo austriaco Dominik Wölfel no estaba de acuerdo con esta afirmación, porque en el lenguaje amazigh o bereber no encontró un vocablo parecido a belete. Creo que los amazighes lo llaman “adixis” o “adyes”, según leí en un diccionario.
En algunos pueblos de Tenerife y El Hierro recibe el nombre de “tafor” y en muchos lugares de España, Portugal e Italia, donde le dicen “calostro”, son renuentes a comerlo, porque lo tienen por dañino o indigesto. En Francia y en Inglaterra es conocido como “colostrum”; en Alemania, “Kolostrum”; en China, “Chū rǔ”; en el Marruecos árabe, “allaba”; en Rusia, “molozivo”; y en Grecia, “protógala”.
Naturalmente, también las mujeres producen belete tras dar a luz. Por eso Juan Bethencourt Alfonso, un médico oriundo de San Miguel de Abona, escribió en 1901 lo siguiente: “Mientras dura el beletén a la mujer, dan al niño manteca y miel como alimento.” Como se puede apreciar, los prejuicios respecto al belete existen en todas partes y nuestras islas no podían ser menos, porque una parte de su población procede de países europeos.
Pancho Guerra, el autor de los “Cuentos de Pepe Monagas”, decía en uno de sus deliciosos relatos costumbristas, en el año 1948: “Y la hora, la del peso del mediodía, con un sol cuajado, bobito como un beletén, en todo lo alto.”
En fin, que ejemplos sobre esta palabra no faltan en nuestra literatura. Incluso el gran novelista Benito Pérez Galdós habló del beletén en una de sus obras, publicada hacia 1860, cuando todavía sus incontables amantes le dejaban tiempo par recordar algo de sus islas patrias.
El belete en la antigüedad clásica
Vaya por delante que varios pueblos de la Antigüedad consideraban el belete como un tratamiento divino contra varias enfermedades. Acertaron de lleno, como se está demostrando de forma científica en la actualidad.
La práctica de utilizar belete de la mujer como medicina tiene raíces muy tempranas en los textos médicos egipcios. Existen bastantes referencias sobre el uso de la leche de las mujeres que han parido un niño varón.
Los textos egipcios y los griegos establecen que el belete utilizado con fines medicinales debe ser estrictamente de una mujer que ha dado a luz un chiquillo. ¡Vaya usted a saber por qué regla machista si nace niña el belete no sirve!
Dos curiosidades
Belete es también un apellido habitual en Etiopía, como pudimos comprobar durante los Juegos Olímpicos de Londres en el año 2012. Una de las participantes en la carrera de cinco mil metros femeninos fue una joven llamada Almensh Belete, corredora de larga distancia nacida en Adis Abeba y nacionalizada en Bélgica.
Por otra parte, como ya hemos visto, el belete tiene unas propiedades extraordinarias que han propiciado en los últimos tiempos su envasado en botitos de cristal, como si fuera el famoso crecepelo que vendían los charlatanes en el Oeste Americano. Pero, poca broma, un solo bote para cuidar el cabello puede sobrepasar el precio de 50 €.

