Hay días tristes, mañanas o tardes o noches o amaneceres o crepúsculos tristes, que te miras, te viene de lo fondo, sin quererlo, una grave pregunta y experiencia, para qué haberse dedicado toda tu pequeña vida y existencia, a la búsqueda y creación cultural. Si no tenías talento, no tenías mentores, si no tenías circunstancias, si has dejado tantas cosas, para esa búsqueda, que al final, nada o casi nada has recibido. Incluso admitiendo que no tengas capacidades. Te preguntas es mejor haberse dedicado a esto, que no haber perdido la existencia en tantos hedonismos sin límite que existen. Pero también, uno se pregunta, para qué estas frases o miles de ellas que has ido congelando, o miles de formas-figuras-manchas de color, que has ido enviando como cartas al mundo, y siempre, siempre sin recibir contestación.
– Al final, tu producto cultural, no te engañes, tiene que competir con las grandes obras maestras que la humanidad ha considerado que son maestras, y es evidente, que posibleente, la tuya o la mía no soportará esa competitividad, mejor es dedicarse a otros oficios, que solo tienes que compararte con el vecino, que es tan grande o tan mediocre o tan pequeño como tú. Sea el oficio o profesión que tenga.
– ¿Cómo hacer que tal libro o tal discurso no tenga presencia en el mundo? Una, muy burda, es crear la censura ideológica, otra muy sutil, es no crear censura, sino que exista total libertad de creación y producción. Así, se llevarán al ágora pública un millón de nuevas producciones cada año, un millón de nuevos libros, un millón de nuevas obras de arte, un millón de cada producto cultural, o algo similar. Así, de tanta existencia, después se selecciona quién quiera, quién interese, quién convenga a tal poder o a tal otro, quién desayune con unos o con otros, o quién su sombra la proyecte en tal ciudad o en otra, o en tal Estado o en otro…
– Creí, que ofrecía verdad y bondad y belleza, no totalidad de verdad y bondad y belleza, pero si creía que nuevos aspectos de ella, si no en toda la producción cultural, si en mucha, pero han pasado las décadas, y ya no sé, si es que el vino que ofrezco ni vinagre es, o el manjar que presento es demasiado salado. No sé, si tiene algún valor, o acaso, tiene demasiado. Pero aquí perdido en mi rincón-sillón-ventana, por muchas cartas que he enviado al mundo, docenas de miles, mostrando algo de los colores realizados, algo del conjunto de frases-palabras-ideas-preguntas-argumentos… Debe ser, que no es suficiente…
– Pensar y escribir y pintar ha sido, me pregunto, si no ha sido en mi caso, y en otros, una pequeña patología o una enfermedad o algún síndrome de algo. Que todavía psicólogos y biólogos no han tipificado, pero que lo es. Nos guste o disguste.
– Toda persona quiere vivir y existir, pero toda persona, o casi toda, pasa por etapas o épocas o tiempos o días que quisiera desaparecer de este mundo. Cuándo tengas esa tentación o ese deseo o ese pensamiento intenta pensar en todo lo bueno y bello que has realizado durante años, piensa que todavía puedes hacer cosas buenas y bondadosas, incluso aunque estés enfermo en una silla de ruedas o en una cama. Porque eres un ser humano y tu presencia, aunque no puedas moverte, no puedas hablar, no puedas comer, tu presencia es importante para el mundo…
– La última enfermedad que lleva a la muerte de un ser humano, es dura y dolorosa, casi siempre para la persona que lo sufre, pero también para los familiares. Pero la última enfermedad de un ser humano puede enseñarnos mucho, puede al que la sufre aprender mucho de ella, puede la sociedad y la humanidad aprender mucho de ellas. Aunque es obvio que hay que utilizar todos los recursos médicos legales y morales para que el sufrimiento sea el menor posible. Puede mientras tanto aprovecharse para prepararse para la eternidad, o al menos, para darse cuenta de los aciertos y errores que haya tenido en la vida.
– Cuánto nos gustaría que tantas personas, que tienen buenas palabras, tuviesen también buenos hechos y actos, cuántos nos gustarías que tantas personas que tienen regulares y no buenas palabras, tuviesen buenas palabras…
– No quiero que nadie ponga en oro, ninguna de mis palabras, sin que estas le sirvan para perfeccionarlas y encontrar nuevos matices más verdaderos y más bondadosos y más útiles y más racionales y más bellos.
– ¿Es cierto que Marx enviaba a su hijo a pedir, a que le fiasen la tienda de la esquina, en vez de trabajar en una academia que estaba al lado de su casa? ¿Es cierto que no le dieron un puesto de trabajo en los ferrocarriles ingleses, pero es cierto que no quiso trabajar en esa academia particular regentada por su amigo, y según dicen, eso supuso que muriesen tres hijos de necesidad y de inanición? ¿Si esto fuese cierto habría que plantearse la moralidad de Marx, en sentido profundo, y desde luego la correcta personalidad psicológica de Marx? ¿Qué de estos supuestos conceptos o datos son verdaderos, y en qué sentido y cuánto…?
– ¿Quizás igual que no hemos sido capaces de encontrar solución a multitud de enfermedades biológicas, a otras sí, no hemos sido capaces de encontrar una concepción y teoría correcta para solucionar los problemas sociales, o que todos los seres humanos tengan sus necesidades básicas satisfechas de forma correcta? ¿No es solo que tengamos buena o mala voluntad, sino que no somos capaces, de encontrar una solución teórica, el saber humano, no ha sido capaz de encontrar una solución científica y filosófica correcta a este problema, o a este conjunto de problemas…?
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