El turismo, punta de lanza (V), Los Botánicos (Ii) Enrique Sventenius

Francisco Javier Gonzalez

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Ya decía en  la primera parte de este apartado dedicado a los botánicos, su trabajo en Canarias, y la evidente repercusión que para el conocimiento de las islas en el exterior tuvieron sus obras y publicaciones que, junto al prócer Viera y Clavijo no podía dejar de figurar el canario-sueco Eric Svensson –Eric Sventenius

Con Sventenius, hombre con un carácter duro pero extremadamente sensible, tenaz, visionario y luminoso en una época de negrura y miseria, Canarias sigue teniendo una deuda impagable. Uno de sus amigos que más lucharon porque se cumpliera en Tafira el sueño sventeniano del Jardín Canario y dos preclaros canarios, hombres de ciencias de los que puedo presumir haber sido alumno, han dejado por escrito su opinión personal sobre él.

Jaime O’Shanahan Bravo de Laguna, perito agrícola, nombrado Jefe de la Sección Forestal del Cabildo grancanario en 1950, colaborador desde 1952 con Sventenius y socio fundador de ASCAN en 1970 afirma sobre Sventenius, en el nº 3 de “Botánica Macaronésica” (1977), tras enumerar la larga lista de sus méritos que “con tan agotadora actividad, con sus salidas y quedadas al raso en el campo le han hecho sufrir ya varias pulmonías, está que mando los mejores años de su vida en nuestra tierra. Y a éste es el hombre que se critica por cosas fútiles y siempre con la razón de su parte, cuando no hay dinero con qué pagar su labor (cobraba 500 Pts. mensuales) ni labios con que agradecérsela. Aclaremos que Sventenius no es sueco, ni alemán, ni inglés, aunque haya nacido en alguno de esos países. Por creencia, por vecindad y por AMOR A LAS ISLAS CANARIAS, es un canario más, sobradamente merecedor del título de ciudadano predilecto de estas islas”

Wolfredo Wildpret de la Torre,  de quién en la Facultad de Farmacia lagunera aprendí lo poco que sé de Botánica, en  “Vieraea” (Vol. 3 Nr. 1-2) publica una nota dando cuenta de la muerte de Sventenius, atropellado por un coche frente a su Jardín de Plantas Canarias de Tafira, en la noche mágica del 23 de Junio de 1973. Allí expresó que “Era un hombre raro, poco común, extraordinario e insigne. Marcadamente misógino y gatófilo (su pasión animal). En el fondo profundamente religioso a su manera. Luchó a lo largo de su vida solo, siempre con la terrible verdad por delante que en ocasiones fue hiriente y poco oportuna. Su lucha abierta le trajo como consecuencia algunas situaciones muy desfavorables  e irreconciliables. Pocas veces he tropezado con una independencia tan absoluta y con una obstinación tan recalcítrate. Llegó a compenetrarse con las gentes sencillas del campo. Y allí en esos santuarios de las tradiciones vernáculas canarias recogió nuestro espíritu que tan bien conocía. Ahí está su obra. Es el mejor testimonio de su paso por la vida. Respetemos su recuerdo.”

Antonio González González, mi profesor de Química Orgánica -con el que tengo varias deudas de gratitud personales y familiares pendientes- una de las figuras científicas más prestigiosas y valiosas en la historia de nuestra tierra, buscó la colaboración del sueco para la clasificación de los ejemplares botánicos con los que trabajaba en el campo de los productos naturales orgánicos y la investigación fitoquímica. Encontró, no solo un colaborador, sino un amigo del que, en su obra “La Botánica, Sventenius y yo”, dejó escrito que “Amó a Canarias, se interesó por su historia, entendió sus tradiciones, defendió sus riquezas naturales y se integró completamente al modo de vida isleño” para especificar que Sventenius “me apasiona…por su clarividencia respecto a la fragilidad de nuestro ecosistema y su búsqueda afanosa de formulas que lo conservaran, o por lo menos lo sustentaran, en una época en la que nosotros los canarios no hacíamos nada en ese sentido…Sventenius luchó solo por algo que ahora constituye una preocupación puntera en todos los ambientes científicos mundiales: conservar la biodiversidad. Se enfrentó, discutió y, por fin, en los últimos años de su vida, convenció a las autoridades isleñas de la necesidad de crear un jardín botánico de plantas canarias. En Gran Canaria, en Tafira, podemos hoy disfrutarlo”. Como lo hizo y a lo que se enfrentó con su rebelde soledad, es otra historia, larga y dura, pero antes habrá que aclarar cómo llegó a Canarias y a que Canarias llegó lo que, obligatoriamente, me obliga a una nueva subdivisión en dos etapas de la vida de Svensson-Sventenius.

1ª Etapa. ERIK RAGNAR SVENSSON. Catalunya

Empecemos por ver quién era Sventenius y como llega a nuestras islas, integrándose en nuestra sociedad antes de pasar a la profunda huella que ha dejado. Nacido como Erik Ragnar Svensson en octubre de 1910 en un pequeño pueblo del sur de Suecia, cursa estudios en su país natal y adquiere formación botánica tanto en Suecia, con Robert Elias Fries director del “Jardín de Bergius” (Bergianska trädgården), como en diferentes países europeos, siendo alumno del botánico y etnólogo checo Alberto Vojtěch Frič, especialista en cactáceas.

La llegada de Svensson a Catalunya en la primavera de 1934 tiene que ver mucho con un personaje atípico de la burguesía catalana, Karl Faust, un joven de 23 años, de una familia de la pequeña burguesía germana denominada “bildungsbürgertum” o “burguesía educada”, nacida tras la fundación del Imperio Alemán -el 2º Reich- en el último trimestre del XIX. Sin orígenes nobles, aspiraba a entrar en el desarrollo y control del Estado a través de la ciencia, el arte y las humanidades.

Karl Faust, tras estudios mercantiles,  entró a trabajar de administrativo en la empresa Körting Gebrüder de sistemas de calefacción, ventilación y aparatos de medida de fluidos que instalaba una sucursal en Barcelona en 1897. En 1908 se independiza y monta, con un socio, su propio negocio, Faust & Kamman. Los negocios le fueron muy favorables y en 1924, con 50 años, se retira de la actividad empresarial con una fortuna más que regular. En los salones de su casa en la hoy C/ Gran de Gracia, reunía intelectuales y artistas en unas tertulias a las que acudía, entre otros, el grancanario Néstor Martín Fernández de la Torre, pero Faust centra sus esfuerzos  y sus dineros a crear en Blanes, Girona, un Jardín Botánico – que bautizó con el nombre de “Marimurtra” unión de Mar y Murtra, nombre del mirto en catalán- con un palacete para albergar una fundación dedicada al estudio de las ciencias naturales, especialmente de la Botánica. Como arquitecto para la obra civil contrató a Josep Goday y para el diseño del Botánico y sus jardines a dos arquitectos paisajistas, Wilhelm Narberhaus y Zenon Schreiber.

Montada toda la estructura, Faust, para garantizar su desarrollo científico, contó con el asesoramiento de botánicos amigos expertos en flora tropical, y los antiguos maestros de Erik Svensson, Vojtěch Frič y Fries, lo recomendaron para ocupar el puesto. Fue así como nuestro Sventenius –todavía Svensson-  a sus 23 años, en enero de 1935, entró como botánico bajo las órdenes del Maestro Jardinero, el suizo Zenon Schreiber, a prueba y con un sueldo de 346 pts, 30 pesetas menos que el maestro jardinero. Tras un viaje al Rif para estudiar la flora norteafricana y traer plantas y semillas para las rocallas, y al marchar Schreiber a USA a fines de 1935, Faust contrata a Svensson para el puesto de Jardinero Mayor y asesor técnico de Marimurtra. Pocos meses después estalla la sublevación fascista de julio del 36 que coge a Svensson en Blanes y a Faust de vacaciones en Alemania, vacaciones que, por la situación de guerra en España, se alargarían hasta el otoño de 1939. Wilhelm Narberhaus con su familia –como gran parte de la colonia alemana en Catalunya- abandonó el país en agosto en el buque “Monte Sarmiento” y Svensson se queda solo en la dirección y construcción de Marimurtra.  Hasta los trabajadores se le marchan, dos miembros de la CNT se alistan en las milicias antifascistas y otros dos, antiguos miembros de sindicato fascistoide montado por la patronal catalana “Foment del Treball Nacional” durante la dictadura primoriverista, el “Sindicat Lliure” de infausto recuerdo entre los trabajadores de Blanes, simplemente huyen del pueblo.

Svensson en diciembre de 1936 viaja a Suecia a visitar a su madre enferma, parando en Montpellier para entrevistarse con Faust y ponerle al corriente del estado de Marimurtra para que los botánicos Piu Font i Quer – autor de “Plantas Medicinales. El Dioscórides renovado” que, a pesar de su estilo anticuado y su falta de fotografías, sigue siendo la mejor guía de plantas medicinales en español- y Josep Cuatrecasas, intervinieran ante la Consejería de Cultura de la Generalitat para proteger Marimurtra frente a la desidia y objeciones de Joan Llatas, contable de Faust & Kammann – empresa que había sido colectivizada- y administrador de los bienes catalanes de Faust, que, incluso trataba de eludir los pagos de los salarios de Svensson con disculpas y que, sin motivo alguno más que algún desconocido rencor, trataba permanentemente de desprestigiarlo frente a Faust. Esto va a ser una constante en la vida de Svensson-Sventenius, tanto en España como luego en Canarias: la incomprensión, las envidias y las maquinaciones para obstruir su trabajo que chocaban de frente con su carácter duro y voluntarioso.

En 1936, tras los continuos bombardeos fascistas sobre Madrid el gobierno republicano de Largo Caballero se traslada a Valencia. La mayoría de los embajadores acreditados ante el gobierno español se asentaron en el país vasco francés –Hendaya y San Juan de Luz- y las sedes diplomáticas cambiaron de lugar un montón de veces. La que se llevó el premio a las mudanzas fue, precisamente, la sueca que desde agosto del 36 al final de la contienda había cambiado 14 veces su sede. En 1938, muchas de las embajadas se habían trasladado de Valencia a Barcelona. Después de los bombardeos que sufre la Ciudad Condal en los días 17,18 y 19 de marzo, se instalan en pueblos cercanos del Maresme, sobre todo en Caldete y Llavaneres. La de Suecia, a finales de marzo, se instala en el Baix Maresme, en la mansión Can Verboom de Premià de Dalt. El Comité Local (Ayuntamiento) de Teià, un pequeño pueblo cercano a Premià, se había incautado de dos palacetes que cedió, para su uso humanitario, a la Embajada de Suecia. Uno propiedad del Conde de Godó –la “Torre d’en Bonet” o Can Godó- para instalar allí la Colonia Sueco Catalana, oficialmente “Hogar Jorge Brantin”, como guardería infantil. En el otro, propiedad de los judíos alemanes dueños de la fábrica Wertheim de máquinas de coser, la familia Wallin –Can Wallin-  se instaló un comedor popular –el “Menjador Suec”-  para acoger a niños, no solo catalanes, sino de todo el estado español desplazados por la guerra.

El embajador sueco solicitó a Karl Svensson que se hiciera cargo de la administración de esas instituciones humanitarias. Svensson se lo comunicó a Faust y así, durante casi un año, desde abril de 1938 a marzo de 1939 -al par de meses de la ocupación de Catalunya por  las tropas franquistas- contando  con la aprobación de Faust, compatibilizó su actuación en Teià con el trabajo, un día a la semana, en la dirección científica de Marimurtra a lo que le ayudaba su amigo Miquel Aldrufeu, director de los Jardines de Montjuïc. Cuando los franquistas, el último día de enero de 1939, ocupan Blanes, rompen las puertas de Marimurtra y, tras pasar en la villa unos cuantos días la abandonan, saqueándola, salvo la biblioteca que no se molestaron en tocarla. Svensson no sabía quiénes eran los saqueadores, si republicanos en retirada o fascistas ocupantes, hasta que el maestro de obras, Josep Burcet, le aclaró que eran las tropas franquistas. Al ver como quedó la villa, Svensson se ocupó, a su vez, de tranquilizar a Faust que temía por la biblioteca científica muy importante que guardaba.

Al mismo tiempo que en Blanes las tropas de Franco entran en Teià. El alcalde republicano parte al exilio francés y el nuevo, nombrado por los ocupantes, recibe y apoya las quejas de Carlos Vallín que traslada hasta el consulado sueco para que se le devuelva Can Vallín. Antes de la previsible destitución, Svensson presenta la renuncia como Superintendente de la Colonia Sueco-Catalana y regresa a Blanes para dedicarse íntegramente al proyecto Marimurtra. Faust vuelve a Catalunya en septiembre pero los desencuentros entre ambos personajes, de duro carácter uno y otro, entre los que se contaban desde temas económicos -de sueldos debidos desde 1938- a no ejecutar Svensson el mandato de liquidar la relación laboral con los dos jardineros enfermos y mantenerlos en su puesto, hace que, como relata Josep M. Camarasa en “Botánica Macaronésica 28”, Svensson, a través del cónsul sueco, dirija una carta a Faust manifestándole “su decisión de donar la suma, no importa cuál, que le debe Vd., al Jardín Marimurtra en Blanes, quedando así zanjada la cuestión”. Rota la relación –de la que, a la larga, Canarias sería la beneficiada- Svensson halla refugio y comprensión en el matrimonio de Antoni Nuñez y Mª Teresa Bedòs, reconocida artista, que, con sus amigos comunes, el matrimonio Nubiola, ponen en contacto a Svensson con Adeodat Marcet i Poal, botánico, miembro de la Secció de Ciències de l’Institut de Estudis Catalans  y monje benedictino, hermano del célebre abat Antoni María Marcet i Poal, reconstructor de la abadía benedictina de Montserrat y, prácticamente, el creador de su biblioteca, impulsor del uso del catalán en la abadía y en muy buenas relaciones con la Generalitat durante la República. Con la guerra 1936-39  la comunidad benedictina sufre una severa dispersión y la pérdida de 25 de sus monjes. Algunos, como Aureli M. Escarré, protegido por la Generalitat, sale hacia Italia de donde en 1938 regresa a Zaragoza ya en manos franquistas, mientras que el Abat Marcet reúne a los monjes restantes  en Belascoaín (Navarra).Unos días antes de la entrada en Catalunya de las tropas de Franco regresa Escarré que, sabiendo que desde Salamanca quieren nombrar un comisario eclesiástico para Montserrat, con el permiso del Abat Marcet, se nombra como prior, evitando el comisariado, hasta que Marcet lo nombra en 1941 como Abat Coadjutor. 

Con la abadía ya recuperada y en plena expansión, Nubiola le propone a Adeodat la ayuda de Svensson en su trabajo botánico de estudio de la flora montserratina a cambio de hospedaje y comida. A pesar de la gran diferencia de edad –Adeodat 64 años frente a los 27 de Svensson- eran espíritus bastante afines y con comunes aficiones e ilusiones. Entre los dos personajes, bastante austeros y con tendencias místicas, se desarrolló una amistad profunda que se acrecentaría en las largas caminatas herborizando juntos por Montserrat y los montes cercanos. Svensson quedó fascinado por la vida monástica que llevaba en Montserrat, hasta tal punto que se convirtió al catolicismo. Con el abat oficiando y con Mª Teresa Bedòs como  madrina de bautismo, latinizó su apellido y comenzó a llamarse Eric Sventenius. A tal punto llegó su compenetración con la vida monástica que pensó en ingresar como monje, aunque su amigo Adeodat lo disuadió y terminó ingresando como oblato de la regla de San Benito del monasterio montserratino. Las relaciones de ambos hermanos Marcet i Poal y del abat coadjutor Aureli María Escarré i Jané  con los círculos del nuevo poder franquista en Catalunya y, de nuevo, el consejo de su amigo Adeodat, facilitaron que Sventenius entrara a prestar servicio en el Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas y que en 1943 llegara Tenerife para incorporarse al Jardín de Aclimatación de la Orotava, aunque aún hoy en día se le recuerda en Teià (el Ajuntament de Teià, en la Diada de 2014, rindió homenaje a Svensson y a la labor de la Colonia Sueco-Catalana). Marimurtra, convertida por su creador en la Fundación Carl Faust para su preservación, dio el nombre de Svensson al paseo desde el que se inicia el recorrido del Jardín, junto a la sección de Flora Canaria.

Sventenius llegó a Santa Cruz de Tenerife a inicios de agosto de 1943. Su primer acto tras el desembarco, como escribió a su amigo Adeodat,  fue, dirigirse a la iglesia más cercana que encontró a rezar por haber llegado a Canarias, uno de sus antiguos sueños botánicos. Ya en el Puerto de la Cruz, su lugar de destino y residiendo provisionalmente en el Hotel Marquesa, se hizo cargo de su nuevo puesto de trabajo en el Jardín de Aclimatación, dirigido en esa época por Jorge  Menéndez Rodríguez, ingeniero jefe de la Sección Agronómica y responsable del Jardín, que ya había recibido la recomendación de Font i Quer acerca del buen hacer botánico del sueco.

El ambiente que se encuentra Sventenius en la Canarias de esos años de la postguerra española estaba impregnado de una atmósfera mezcla de miedo y tristeza, de hambres y penurias, de silencios  y recelos, en que cualquiera de los vecinos podía ser el delator que sirviera el dato para terminar en los Salones de Fyffes, en el Campo de Gando, en los barracones de Tefía o en la larga lista de desaparecidos que sumar al casi centenar y medio de fusilados “oficialmente” hasta el año 1942. Para entender la sociedad que encontraba nuestro botánico podemos relatar el último fusilamiento “manu militari” en Tenerife. Los reos fueron los laguneros Manuel Febles Plasencia y Emilio Gutiérrez García “El Manco”, que habían intentado atracar, sin éxito, armados de un martillo a Ernesto Massieu, gerente del “Parque Victoria” lagunero al que, según el parte del practicante Victoriano Ríos “causaron heridas leves que tardaron 12 días en curar”. La burguesía isleña trataba así de inculcar el miedo total en la sociedad que controlaba y expoliaba. El fiscal fue Miguel Zerolo Fuentes y entre los vocales del Consejo de Guerra encontramos conocidos nombres como Carlos Hardisson Pizarroso, Isidro Jiménez Gutiérrez y Ramón Monteverde Ascanio. El fusilamiento, ratificado por el Capitán General Ricardo Serrador Sentís- que nos dejó en Santa Cruz, además de ejecuciones y desapariciones, un puente con su nombre- fue realizado a las 7,30  del jueves 13 de agosto de 1942, en la tristemente célebre Batería del Barranco de El Hierro. Curiosamente, el Consejo de Guerra estaba presidido por el Coronel Francisco de Sales Galtier Pley. Este caballero, entonces solo teniente coronel, en los momentos de julio de 1936 en que el supuesto “accidente” del General Balmes en Las Palmas propició, con su entierro, la salida de Franco a Marruecos en el Dragon Rapide, firmó el 16 de julio el oficio al General Comandante Militar de Canarias comunicando el “accidente”: “En la mañana de hoy y con ocasión de hallarse probando unas pistolas en la Isleta, el Excmo. Sr. General Comandante Militar, D. AMADO BALMES ALONSO, tuvo la desgracia de que se le disparase una, hiriéndole en el vientre, a consecuencia de lo cual falleció a las 12′ 30, por cuyo motivo me he hecho cargo del mando de esta Comandancia Militar. Para la instrucción de las diligencias previas en averiguación de los hechos origen de tal desgracia, he designado Juez al Comandante Jefe del Grupo Mixto de Zapadores y Telegrafos nº 4, D. José Pinto de la Rosa, auxiliado por el Capitan de Infanteria D. Cristobal Garcia Uzuriaga, como Secretario. Lo que tengo el sentimiento de participar a V.E. para su debido conocimiento y efectos de Justicia. Las Palmas 16 de Julio de 1.936. El Tente.Corol, Comdte.Mar.intº Francisco de Sales Galtier Pley”. En premio a su probado valor en este caso obtuvo el ascenso a coronel.

La juventud canaria y muchos no tan jóvenes, con escasas esperanzas, se lanzaban a la mar en veleros fantasmas huyendo de estas peñas. El Puerto de la Cruz, antaño una localidad alegre, culta y tolerante, no era, en ese aspecto, ninguna excepción. Aún se lloraba por el asesinato insultante de uno de sus hijos ilustres, el abogado, político e intelectual Luis Rodríguez de la Sierra Figueroa, diputado electo a las Cortes de España por Izquierda Republicana. Rodríguez Figueroa embarcó en Santa Cruz a bordo del “Isla de Tenerife” el 14 de julio de 1936 y nunca más se supo de él. Asesinado, no se sabe donde ni cuando, desaparecido hasta su cadáver, asesinado su hijo Guetón e incautados todos sus bienes incluida su casa lagunera, había ya sufrido su familia la trágica burla de ser sancionado a pagar 500.000 pesetas y el 18 de junio de 1938, dos años después de asesinarlo, la justicia española (Juzgado nº3 de Tfe.) ordena al Gobierno Civil la “conducción del recluso” a una prisión de Madrid. Por los mismos días de llegada de Sventenius a la isla se le acababa de incoar al desaparecido Rodríguez Figueroa otro nuevo proceso (sumario 206/1943) y sentenciado el 21 de enero de 1944 a una pena de doce años y un día como “procesado rebelde” por un “delito consumado de masonería” con todas las inhabilitaciones posibles.

 

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