Poca gente sabe que, entre los trabajadores forzados que durante meses trabajaron para dar forma a una mejorada pista del futuro aeropuerto de Los Rodeos, estuvo uno de los pintores más valorados de Canarias, Felo Monzón.
En esa gran llanura, húmeda y fría, se colocaron diez tiendas militares rodeadas de palos y alambre de espino. Los rollos de ese material los regaló Mr Bellamy, jefe de la casa Elder, por uno de los potentados británicos responsables de la exportación platanera. Esta medida de seguridad, junto a los fusiles de los guardas, retuvieron a entre 150 y 230 hombres jóvenes, su “delito”, haber militado en organizaciones políticas, sindicales o simplemente simpatizar con ideas avanzadas.
Allí no hacía falta que a su entrada pusieran “el trabajo les hará libres”, era un campo de concentración vigilado por unos sesenta militares. Los Rodeos funcionó entre octubre de 1936 y enero de 1937.
Rafael Monzón Grau-Bassas, conocido como Felo Monzón, había nacido en 1910 en Las Palmas de Gran Canaria. Tenía 25 años en el momento de ser detenido. Con solo quince años había empezado a formarse como pintor en la Escuela Luján Pérez, aunque no fue admitido formalmente como alumno hasta 1928, según los datos recopilados por Mireya Jiménez Jaén del propio autor. Esta institución se había fundado en 1918, por iniciativa de Domingo Doreste Rodríguez. Se convirtió en espacio para promover el arte y en un semillero de artistas.
El joven pintor, igual que otros compañeros de su generación, tuvo una enorme sensibilidad social y un profundo deseo de lograr una justicia social, además de poner en valor la historia y la identidad del territorio en el que vivían. La grave crisis social y política de una monarquía aliada a los viejos valores y al caciquismo, sumada al descrédito generado por la dictadura de Primo de Rivera, animó a muchos jóvenes de su generación a tomar parte de los movimientos políticos que cuestionaban ese orden. Felo Monzón se afilió al PSOE en 1929, en un momento en el que ese espacio político ya marcaba distancias con la dictadura y pugnaba por alcanzar una nueva República.
Sus primeros pasos en la política activa coinciden con una etapa en la que su arte empezó a hacerse visible y en la que contacta con sectores avanzados de la intelectualidad, que en muchos casos comparten ideales con él. En febrero de 1931, poco antes de la proclamación republicana, formó parte de la delegación que asistió al Congreso de Estudiantes de Canarias celebrado en Las Palmas de Gran Canaria. Participó en representación de la Escuela Luján Pérez, junto a Francisco Guerra Navarro, Domingo Doreste y Florencio Bethencourt Guerra (Diario de Las Palmas. 10 de febrero de 1931 p1).
En abril de 1930 el periódico tinerfeño, La Prensa, abordaba el trabajo de la Escuela Luján Pérez, destacando que en breve llegaría una muestra de sus autores más destacados al Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz. Ya nombra a figuras como “Santiago Santana, Felo Monzón, Miguel Navarro, Ramón Conejo, Domingo Doreste, José Jaén, Florencio Bethencourt, Miguel Márquez…”.
En ese mismo año es uno de los colaboradores de la Revista Cartones, un medio que finalmente solo tuvo un único número, pero donde ya participaban figuras destacadas de la futura Gaceta de Arte, caso de Domingo López Torres, Pedro García Cabrera o impulsores del surrealismo insular, como Juan Ismael. El arte canario miraba al mundo y mezclaba su propia identidad y su mirada sobre el Archipiélago. La Canarias que representan, volcánica, campesina, con una flora de cardones, piteras y tuneras, será celebrada y destacada por autores de verso y prosa, como Pedro García Cabrera, Ernesto Pestana Nóbrega o Eduardo Westerdahl.
Entre diciembre de 1929 y enero de 1930 también formó parte de su primera exposición conjunta de la Escuela, aportando veinticuatro dibujos y veintinueve oleos.
Formó parte de proyectos como la zarzuela canaria con música de Victor Doreste y texto de su padre, Domingo Doreste, el impulsor de la Escuela Luján Pérez, que se acompaña de escenarios pintados por alumnos como Felo Monzón y García Ros, en una obra que llegó a recorrer varias islas.
Ya en 1933 la prensa destacará de él que “constituye un ejemplo singular. Un conjunto de elementos extraños confluyen vigorosamente para nutrir cualquiera de sus dibujos, de una riqueza vital que impresiona; por momentos”, asegurando que “su visión de un arte canario, seco y jugoso a un tiempo, tiene acierto interpretativo” (Hoy. 20 de mayo de 1933 p16).
El pintor ya era un activo miembro de las Juventudes Socialistas, de la que llegó a ser secretario general. Las fuerzas conservadoras, desatadas con especial violencia a partir del 18 de julio de 1936, informaron en el expediente abierto ante el Tribunal de Responsabilidades Políticas, que era de “ideas profundamente izquierdistas hasta el punto que militaba en el partido comunista donde debió ejercer cargos directivos. Propagandista de acción interviniendo en frecuentes mitines en todos los cuales hacia patentes sus exaltados y ateos sentimientos. Fue administrador y divulgados del socorro rojo. Escribió artículos periodísticos de carácter altamente sectario y hacia dibujos de propaganda mural. En las elecciones de febrero del treinta y seis fue candidato por el partido comunista”. La mezcla de acusaciones y militancia no era extraña en estos expedientes, donde en numerosas ocasiones confundían militancias.

Un episodio destacado de esa faceta política de la II República, se vivió en noviembre de 1935. En el campo de la Unión Deportiva Las Palmas participaron figuras de la talla de Eduardo Suárez Morales y Fernando Álvarez Astorga por la Federación Provincial de Sindicatos; Miguel Barrera Alonso y Rafael Monzón Grau-Bassas por el Partido Socialista; Juan Medina de Aragón por el Partido Comunista; Luis Fajardo Ferrer por Izquierda Federal; y Manuel Monasterio Mendoza por Izquierda Republicana. Se rendía homenaje a los obreros asesinados en los Sucesos del 15 de noviembre de 1911. Felo Monzón tenía esperanzas en la unidad en la que se estaba trabajando para las elecciones de febrero de 1936. El Frente Popular tomaba forma y recordaba ante los miles de asistentes que “Hoy nuestra tarea es de acción contra el fascismo, con alianzas en puntos concretos. Así dialogaremos· con los republicanos sinceros (…) Sea esta fecha la que rectifique nuestra táctica en la lucha; pacto que sellaremos sobre la memoria de nuestros muertos”, siendo apoyado por una gran ovación.
El triunfo de la candidatura de izquierdas trajo esperanzas para decenas de miles, pero también reforzó la decisión de los sectores más conservadores de recuperar el poder a cualquier coste. El mayor peligro que se veía venir es el auge de sectores como el de Falange, imitando en métodos y formas a los que se habían visto en Alemania. En marzo de 1936 participó de un nuevo mitin, esta vez en el Teatro Circo del Puerto de la Luz, en el que, según los informes franquistas, “se atacó duramente a Falange y se amenazó con tomar medidas de violencia contra la misma, si el Gobierno no actuaba en el mismo sentido”. Sus avisos cayeron en saco roto y la confianza en el respeto del ejército a la legalidad se demostró poco realista.
En la gran manifestación del primero de mayo de 1936 unas trece mil personas recorrieron las principales calles y plazas de Las Palmas de Gran Canaria. Rafael Monzón volvió a ocupar el espacio en el mitin celebrado. Ese día defendió «la unificación de todos los partidos de lucha para combatir al régimen imperialista», recibiendo grandes aplausos (La Provincia. 2 de mayo de 1936).
Con el golpe militar hubo intentos de resistencia, aunque débiles. Felo Monzó se encontraba entre los que trataron de resistir en avance de los militares en el Gobierno Civil de Las Palmas, aunque sin éxito. La Guardia Civil de la capital inicialmente se había mostrado leal a la República, aunque la llegada de tropas armadas, escoltadas por voluntarios de Falange, hizo que la resistencia fuera inviable. El joven socialista fue detenido en el barrio de San José apenas unos días después, siendo llevado primero al Castillo Militar y después a varios campos de concentración y prisiones. Pasó por el Campo de la Isleta, mientras que el 23 de septiembre de 1936 fue llevado a Tenerife, a la prisión de Fyffes. En este lugar permaneció varios meses, participando junto al dibujante de origen Cordobés y residente en Tenerife, Luis Ortiz. Con él formó un equipo dedicado a la creación de regalos navideños para los hijos de los presos y del auspicio. El grancanario Junto Toral lo recordó en sus memorias “Felo y Ortiz y algunos auxiliares proyectaban juguetes para los hijos de los presos”, que consistían en “barquitos con velas como banderas de paz». Aviones como gaviotas para elevar el cuerpo al tiempo del espíritu, sin trofeos guerreros. Muñecos sin ceño, con gesto optimista”.
También fue, junto al pintor Policarpo Niebla y Tomás González González, padre del que años después fue rector de la Universidad de La Laguna, uno de los promotores del periódico clandestino Fyffes, que trataba de dar ánimo e información a los prisioneros. Posiblemente no fue hasta finales de año que no se le trasladó al campo de Los Rodeos. Allí, además del duro trabajo, tuvieron que afrontar dos intentos de ataque de falangistas y miembros de Acción Ciudadana en enero de 1937, que trataron de exterminar a los habitantes del campamento. La intentona acabó a disparos entre los guardias y los asaltantes. Es posible que coincidiera en el tiempo con el ataque de un importante contingente de tropas republicanas, con apoyo de tanques, a la zona de Las Rozas, que logró detener la ofensiva franquista contra Madrid.
La inseguridad del campo de concentración provocó su cierre. Muchos volvieron a Fyffes, otros, como Felo Monzón, fueron llevados a la prisión de Gando, el gran penal de Gran Canaria.
En su nueva etapa compartió horas de reflexión y de trabajo con figuras del socialismo, como Juan Rodríguez Doreste, Arístides Ferrer, Cristóbal González Cabrera, Nicolás Navarro, Segundo García, Pepe Rodríguez Barreto, Luis Catañeda, etc. En ese lugar seguirá creando nuevas obras de arte, a pesar de las difíciles condiciones de vida. En 1938 fue sometido, junto a más de treinta vecinos más, a un proceso judicial por lo sucedido en el Gobierno Civil en julio de 1936. En ese mismo año fue uno de los canarios que se proponen para un canje de prisioneros con el bando republicano, aunque no fue seleccionado. A mediados de 1939, a propuesta de Juan Rodríguez Doreste, se crea en Cuarto de la Pintura, donde se organiza un taller para esta actividad y la enseñanza, del que Felo fue parte importante.
Su tránsito por las cárceles franquistas acabará en 1940. Tardó unos años en retomar la normalidad de las exposiciones. Ni siquiera la dictadura pudo limitar esta actividad a pesar de las desconfianzas y de verlo como “peligroso para el orden social”.
Tardó cuarenta años en volver a desarrollar su faceta política. Tenía ya 66 años cuando murió el dictador, poco después pudo retomar las labores políticas con más normalidad, aunque él y su hijo formaban parte de proyectos socialistas en la clandestinidad. En marzo de 1977 llegó el primer mitin del PSOE, tras una larga pausa. Unas 1400 personas llenaban el cine Victoria de Las Palmas.
A pesar del tímido avance hacia la democracia, no dudó en dar testimonio público de lo que se había vivido. Recordó en Interviú que “para atemorizar y mantener el terror se inventaron más tarde (…) el asalto de las izquierdas al hospital militar, un acto canallesco, ¡coño!, a mí se me pone los pelos de punta nada más recordarlo. Pero hay que sacar a relucir todo eso, y todo lo que pasó en la sima, porque no estamos seguros de que eso no se vuelva a repetir”.
El veterano pintor seguía en activo. Fue parte de la comisión de la Coordinadora de Fuerzas Democráticas de Canarias que viajó a Argel para contactar con el Frente Polisario. Además, fue nombrado presidente de la Comisión Ejecutiva del PSOE en Gran Canaria. Su actividad artística, social y solidaria se mantuvo, colaborando con la Asociación Canaria de Amistad con el Pueblo Saharaui.
Su vida se apagó el 10 de febrero de 1989, ya había recibido reconocimientos como el Premio Canarias. Su huella humana y artística ofrece un símbolo imborrable de la memoria colectiva del Archipiélago. Ojalá, más pronto que tarde, el reconocimiento a su labor en el campo de concentración de Los Rodeos, se pueda hacer visible en el actual aeropuerto.
Fuentes utilizadas
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