El lunes 8 de julio de 1974, a las 11:00 de la mañana, el puerto de San Sebastián no era un muelle cualquiera; era el escenario de un cambio de era. Con el imponente rugido de sus motores diésel amarrando por primera vez en la capital, el ferry Benchijigua inauguraba la línea regular con Los Cristianos (Tenerife). Aquella travesía inicial, comandada por el capitán Miguel Ángel Sánchez Conejo, supuso mucho más que una nueva ruta comercial: fue el acta de nacimiento de la conectividad moderna en Canarias y el fin de un aislamiento histórico que había condenado a la isla a la emigración masiva.
Un cordón umbilical con el exterior
Hasta mediados de la década de los setenta, viajar a Tenerife o trasladar mercancías desde La Gomera era una odisea de barcos de cabotaje, incertidumbre horaria y transbordos lentos. La iniciativa impulsada por el armador noruego Fred. Olsen, bajo la marca Ferry Gomera, llegó gracias a las ventajas del Régimen Económico y Fiscal (REF) de 1972. Con una inversión histórica de 182 millones de pesetas, la naviera adquirió en los astilleros de Trondheim (Noruega) un buque moderno concebido específicamente para desafiar las complejas aguas del canal que separa ambas islas.
Hasta mediados de la década de los setenta, viajar a Tenerife o trasladar mercancías desde La Gomera era una odisea de barcos de cabotaje, incertidumbre horaria y transbordos lentos. La iniciativa impulsada por el armador noruego Fred. Olsen, bajo la marca Ferry Gomera, llegó gracias a las ventajas del Régimen Económico y Fiscal (REF) de 1972. Con una inversión histórica de 182 millones de pesetas, la naviera adquirió en los astilleros de Trondheim (Noruega) un buque moderno concebido específicamente para desafiar las complejas aguas del canal que separa ambas islas.
El éxito de la propuesta fue arrollador y desbordó cualquier previsión inicial. Con capacidad para 399 pasajeros y unos 60 vehículos, el Benchijigua redujo el tiempo de navegación a apenas 80 minutos por trayecto, operando tres viajes de ida y vuelta al día. El precio de salida fue de 280 pesetas por pasaje, y 500 pesetas por coche. En sus primeros seis meses de servicio, la autopista marítima ya había sido utilizada por más de 100.000 pasajeros, consolidando un trasiego diario insólito hasta la fecha.
Impacto social y económico
La llegada del transbordador supuso una sacudida estructural para la sociedad gomera. Los estudiantes pudieron conectar con la Universidad de La Laguna, el acceso a la sanidad especializada en Tenerife dejó de depender del estado del mar y los agricultores locales encontraron, por fin, una vía rápida y segura para dar salida a sus productos hacia los mercados regionales y exteriores. Asimismo, el turismo de excursiones de un día comenzó a florecer, transformando el paisaje urbano de San Sebastián y abriendo los ojos de la isla a la incipiente industria hotelera.
La llegada del transbordador supuso una sacudida estructural para la sociedad gomera. Los estudiantes pudieron conectar con la Universidad de La Laguna, el acceso a la sanidad especializada en Tenerife dejó de depender del estado del mar y los agricultores locales encontraron, por fin, una vía rápida y segura para dar salida a sus productos hacia los mercados regionales y exteriores. Asimismo, el turismo de excursiones de un día comenzó a florecer, transformando el paisaje urbano de San Sebastián y abriendo los ojos de la isla a la incipiente industria hotelera.
Aquel barco original de líneas robustas se quedó pequeño tan rápido que, para 1980, fue rebautizado como Betancuria para ceder su legendario nombre a un segundo ferry de mayor envergadura. Aunque el buque noruego terminó sus días navegando en los gélidos mares de Islandia a partir de 1982, su silueta sigue grabada a fuego en la memoria colectiva gomera. Medio siglo después, el testigo lo ostenta un imponente trimarán de alta velocidad que mantiene con orgullo el mismo nombre, pero el camino real lo abrió aquel primer héroe de acero de 1974.

