La visita de Pedro Sánchez a La Revuelta de David Broncano en La 1 de RTVE se convirtió en un episodio televisivo de alto voltaje, con más de noventa minutos de emisión en plena precampaña para las elecciones del 29 de noviembre. El presidente del Gobierno acudió por primera vez al formato del humorista jienense, que había abierto su plató a los principales candidatos, y la conversación mezcló el tono habitual del programa con asuntos de legislatura que van desde la corrupción en el PSOE hasta la crisis migratoria en Ceuta o la situación de la vivienda.
Nada más sentarse, Sánchez formuló una queja formal porque Broncano insiste en que esta es la última temporada del espacio. El socialista respondió que aspira a renovar el programa otros cuatro años si gana las urnas, y más adelante utilizó esa misma promesa para arremeter contra el PP y Vox. Recordó la suspensión de obras de Federico García Lorca y los recortes a películas consideradas ideologizadas en Castilla y León, y sentenció que ese tipo de medidas no corresponden a la España del siglo XXI ni deben permitir el avance del pasado. También abordó los casos que afectan a su partido, como el de José Luis Ábalos, los procedimientos judiciales de su hermano y de Begoña Gómez, los insultos de Javier Milei y otros temas que marcarán la campaña del 29-N.
En redes sociales el veredicto general fue positivo hacia la labor del presentador. Muchos espectadores destacaron que Broncano mantuvo su estilo entre broma y broma, pero formuló preguntas pertinentes sobre corrupción, Ceuta, la vivienda o la figura de José Luis Rodríguez Zapatero, y evitó el clásico masaje político que algunos temían. Comentarios de usuarios como Álvaro López o Merce Moreno coincidían en que el humorista había sido más incisivo que buena parte de los periodistas convencionales y había dado voz a inquietudes reales sin perder el ritmo del programa.
Sin embargo, una crítica se repitió de forma masiva y eclipsó parte de los elogios. Un sector amplio de la audiencia reprochó las constantes interrupciones de Broncano, que según ellos impedían a Sánchez desarrollar respuestas completas en asuntos clave como la vivienda o las medidas adoptadas en Ceuta. Frases como “no deja terminar”, “interrumpe demasiado” o “se nota que no es periodista” circularon con insistencia, y varios espectadores señalaron que el presentador cortaba el flujo de la conversación y carecía de estructura lógica en sus preguntas. Algunos incluso admitieron que solo veían el programa por el invitado, aludiendo a un estilo que ya les resultaba insufrible en emisiones anteriores.
El contraste refleja el difícil equilibrio que afronta un formato de entretenimiento cuando se adentra en la política de alta intensidad. Mientras figuras como Jesús Cintora aprovechan el momento para cuestionar el cordón sanitario del PP hacia los platós de RTVE, y Alberto Núñez Feijóo sigue sin confirmar su presencia, la entrevista deja claro que el humor de Broncano genera tanto reconocimiento por su falta de complacencia como reproches por su impulsividad. En un panorama mediático polarizado, donde programas como El Hormiguero de Pablo Motos también compiten por atraer a líderes, la sentencia de la audiencia parece dividida entre quienes valoran la caña y quienes piden más espacio para que el invitado termine de explicar.

