Dios actuó, pero la irrenunciable belleza de Hermigua nunca se ha debido a los hombres, a los últimos hombres y mujeres que han gobernado desde lo público, con acción o con omisión, las diferentes instituciones.
Hermigua es bonito, desde luego. Entre otros motivos, por su orografía, por su frondosidad potencial, porque cuenta con el monte y con el mar; y debe su clima, amable y benigno, a su privilegiada localización y orientación.
Ese es el magnífico bastidor del cuadro.
Pero, siempre hay un pero, nuestros gobernantes han conjugado varias palabras que han arruinado el entramado del cuadro que estaban llamados a pintar, para dar forma a una obra de arte singular: Abandono, suciedad, resignación, roturas, polarización histórica y rencor, acritud, linchamiento, egoísmo, miopía, ausencia de visión, contaminación, y más.
El problema nunca fue el lienzo, El problema han sido, desde hace mucho, los pintores.
JM

