DIEZ SEMANAS. Hagamos un ejercicio de reflexión y pensemos lo que hemos hecho en las últimas diez semanas; quizás este mes de diciembre nos es más fácil de resumir porque nos vemos metidos en la vorágine de compras, comidas, celebraciones, reuniones familiares, etc., es un no parar de hacer cosas.
Pues en esas mismas diez semanas un gatito de unos seis meses de vida se ha debatido entre la vida y la muerte y a nadie le ha importado, por lo menos no a nadie que tiene la potestad de poder hacer algo y que en realidad no le supone ningún esfuerzo si existe voluntad real de ayudar.
Durante esas diez semanas, todos los viernes, a través del Registro de Entrada de la sede electrónica del Ayuntamiento de Hermigua y el Cabildo Insular de La Gomera, he informado de que había tres gatitos abandonados en las inmediaciones de mi domicilio y que uno de ellos necesitaba, desde el primer día atención veterinaria urgente, dado que con solo verlo ya se podía apreciar que este animal no se encontraba nada bien.
En el último escrito que presenté ya les informé de que la situación veterinaria de este animal había empeorado mucho y la atención era más urgente que nunca.
DIEZ SEMANAS de absoluto silencio, de nula implicación, de nula comunicación, más allá de un escrito del citado Ayuntamiento diciendo que en la protectora de perros de la isla no había sitio para gatos, sin mencionar la posible ayuda veterinaria a uno de ellos. Y el Cabildo otro tanto de lo mismo, una llamada telefónica en el mismo sentido e idéntico resultado.
DIEZ SEMANAS en las que la gatita se fue apagando progresivamente, mientras sus hermanos se desarrollan, al parecer, dentro de la normalidad (lo apunto sólo a modo de comparativa porque desconozco si esos otros dos gatos están o no enfermos). Siendo los vecinos los que con más corazón que otra cosa nos hemos desvivido por sacarla adelante.
DIEZ SEMANAS para irse muriendo, porque antes de ayer la gatita falleció. El día de Nochebuena la llevé al veterinario porque su estado de salud era lamentable pero apenas ya le quedaba un hilo de vida; en la calle, a donde la condenaron a estar el Ayuntamiento de Hermigua y el Cabildo de La Gomera, ingirió algo que la envenenó y su maltrecho cuerpo no aguantó, a pesar de la alta implicación del veterinario. La gatita falleció tres días después.
Yo puedo decir que el único consuelo que me queda es que murió atendida, medicada y calentita en mi domicilio, donde en sus últimas horas de vida estuvo acompañada y conoció el amor de una familia, ese que le negaron durante DIEZ SEMANAS el Ayuntamiento de Hermigua y el Cabildo Insular.
QUEDAN DOS GATOS MÁS, ¿tendrán que pasar otras diez semanas para que hagan algo?, ¿tendrá que morirse otro gato? Preguntas que sólo ellos pueden responder pero no tengo ninguna esperanza en que su falta de humanidad, de corazón y de sensibilidad hacia los animales vaya a cambiar, ni siquiera por el espíritu navideño.
Reflexionemos todos sobre qué trato le damos a los animales y qué queremos exigirles a las Administraciones Públicas con respecto a su atención y cuidados. ¿Cuántos animales más tendrán que morir?.
EDV

