
Junto a su paisano y amigo Antonio Ruiz de Padrón, Bernabé García Castilla fue un político de ideales democráticos y uno de esos grandes personajes olvidados por los gomeros. Con toda seguridad, de haber nacido en otro lugar habría sido homenajeado y recordado en su tierra.
Nació Bernabé en el Vallehermoso del año 1781. Era hijo de Domingo García de Medina Salazar y Ana María de Castilla Coello. Cursó estudios en La Orotava, donde aprendió francés, inglés e italiano. Estudió Teología y Filosofía en el Seminario Conciliar de Las Palmas de Gran Canaria, pero no quiso ser sacerdote.
Por esta razón, se desplazó a Madrid para aprender Matemáticas y Física en los Estudios Reales San Isidro. Luego, se desempeñó como profesor en el Seminario de Nobles de la misma ciudad y otros cargos como el de Oficial sexto de la Secretaría de Estado y del Despacho de Hacienda. También en Madrid se casó con Benita Piles Rubín de Celis.
Su carrera no iba mal encaminada, pero veremos cómo su honradez y buen corazón no le ayudarán a afianzar su posición.
El ilustre pantanero participó con entusiasmo en el periódico liberal “El Redactor General”, expresando sus ideas democráticas. En mala hora porque, tras el regreso desde el exilio francés del rey Fernando VII, se le condenó a diez años de prisión en Melilla.
Aprovechó su destierro en la ciudad colonial norteafricana para impartir clases de Ciencias Naturales así como para crear la Academia de Ciencias en aquella población.
Cumplió alrededor de un lustro de condena, porque en 1820 fue nombrado diputado a Cortes por Canarias; sin embargo, las calamidades sufridas ya le habían producido una grave enfermedad que, día a día, reducía sus fuerzas.
Su elección a diputado para las Cortes Constitucionales de Madrid la ganó con 7 votos de los 13 electores. Juró su cargo el día 2 de agosto de 1820 y permaneció cinco meses en las bancadas del Congreso, donde también se encontraban otros dos gomeros: Antonio José Ruiz de Padrón y Manuel Echevarría Domenech.
Con motivo de su nombramiento, se recibió en Canarias la siguiente carta, procedente de Melilla y fechada el 1 de noviembre del mismo año:
“Academia de Ciencias. Esta corporación, testigo fiel de las virtudes religiosas y cívicas de su protector el oficial de la secretaría de Hacienda don Bernabé García, se congratula en eminente grado y felicita á esa provincia por haber dado a la Patria un padre justo, sabio y constitucional, y a las demás provincias notable ejemplo de elegir diputados marcados con indelebles señales de probidad, ciencia y patriotismo.
La Academia admiradora de la resignación, con que el señor diputado sufrió los efectos de una suerte ingrata por su adhesión a la sagrada Constitución, pudiera presentarle a esta provincia como un verdadero héroe de su Patria.
Empero ¿qué mayor elogio que haber sacado a la juventud de la ignorancia, ocio y vicios, en que por espacio de muchos años estaba sumida? Bajo su auspicio se instaló esta Academia, sostenida por el espíritu y amor que su señoría profesa á las ciencias y virtudes; y si tan alto beneficio dispensó á esta plaza gratuitamente, y en medio de su opresión, ¿qué no debe esperar de él esa provincia hallándose constituido á fraguar su felicidad? ¿Y que confianza no inspirará á todos sus individuos de tener electo á un sujeto de tan apreciables circunstancias?
Esta Academia no duda presagiar a esa provincia por el conducto de V.S. que si el señor diputado don Bernabé García se restablece de los males que le agobian en el día, le elevará al más alto grado de esplendor.»
Sin embargo, no se restableció. La causa de su baja como diputado fue su fallecimiento en Madrid, el 8 de enero de 1821, a la edad de 40 años.
En la sección de necrología del diario “El Universal” de Madrid apareció una sentida nota, enviada desde Canarias, que lamentaba la temprana muerte de Bernabé, el diputado de Vallehermoso.
Su desaparición causó honda impresión en Melilla, donde se celebraron funerales en su honor el día 26 de marzo, en los que se le calificó como “víctima de la arbitrariedad”.
Su viuda, Benita Piles Rubín de Celis, aparece en el Diario de las Cortes, en 1821 y en 1822, reclamando una pensión de viudedad, en razón de la persecución y muerte de su marido. No he logrado hallar otro rastro suyo, aunque el posterior cierre de las Cortes por parte de la monarquía española haya impedido que la viuda recibiera cualquier tipo de ayuda.

