El presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, ha abogado este martes en su discurso durante el Debate sobre el Estado de la Nacionalidad de Canarias en no invisibilizar la pobreza que afecta a la comunidad autónoma. “Somos conscientes de que tenemos un problema cronificado”, ha señalado durante el balance de sus objetivos, donde ha apelado también al crecimiento en materia de empleo que ha experimentado el Archipiélago en un contexto de incertidumbre internacional. Un contexto en el que no ha obviado mencionar la situación de Ucrania, pero tampoco el conflicto enquistado durante hace casi 50 años en el Sáhara Occidental.
El debate ha comenzado con un minuto de silencio por la invasión de Rusia en Ucrania, pero ha proseguido con una petición por la paz, en la que ha incluido la situación del Sáhara Occidental. “ Son cerca de cincuenta años de un conflicto iniciado con la salida de España del Sáhara Occidental. Desde entonces: conflicto armado, campamentos de refugiados, resoluciones de la ONU…” ha recordado. Este territorio ha sido noticia estos días desde que el pasado viernes se conociera el cambio de postura al respecto del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Para Torres, la situación para el Sáhara debe ser “justa, duradera y aceptada por las partes” y bajo el paraguas de la ONU. En este sentido también se pronunció durante el fin de semana.
Este lunes ha vuelto a insistir en que ya el Parlamento de Canarias se pronunció al respecto y “cualquier propuesta que se ponga sobre la mesa, debe ser aceptada tanto por el Frente Polisario, legítimo representante del pueblo saharaui, como por Marruecos. Tiene que ser así”, ha insistido, a la vez que ha añadido que “ojalá una propuesta sea aceptada por ambas partes y que esto se pueda dar pronto para acabar con un conflicto que dura demasiado tiempo”.
A juicio de Torres, esta situación no es óbice para que “las relaciones de países fronterizos sea la mejor posible». Y remarca que ”es bueno para Canarias que se restablezcan las relaciones diplomáticas entre Marruecos y España. Para acabar, por ejemplo, con decisiones unilaterales del Gobierno marroquí respecto a la integridad y la soberanía territorial, por supuesto rechazadas, de forma tajante, por los gobiernos canario y central; para implementar las relaciones comerciales; para reforzar el control de los flujos migratorios, que indudablemente se pueden agravar ante la desertización, el encarecimiento de las materias primas o las consecuencias de la guerra de Ucrania, entre otros factores, y evitar la pérdida de vidas humanas en el mar“.

