Lunes de resaca política en clave electoral para la izquierda española. Arranca un frente que no ha resultado ser tan común como se esperaba, dada finalmente la ausencia de Podemos, pero que no obstante empieza ya a determinar el escenario de pretensiones y su cuadro de mandos de cara a las elecciones que se avecinan (en mayo, municipales y autonómicas; en diciembre, generales). Este domingo, Sumar, plataforma de escucha activa nacida meses atrás, fue oficialmente bautizada como la nueva formación promesa, aquella que puede recuperar la ilusión y frenar un gobierno del PP con la extrema derecha.
Con Sumar, también fue bautizada Yolanda Díaz. La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo añade un nuevo rol a su ya extenso abanico de labores: el de candidata a liderar el próximo Ejecutivo progresista en España. Una tarea nada fácil, pero a la que parece haberse comprometido por completo. Prueba de ello fueron sus palabras, tajantes y decisivas ante el abarrotado polideportivo Magariños -«Quiero ser la primera presidenta de mi país»-, tanto como lo fue la expresión de los asistentes, que no tardaron en reivindicarla al grito continuado de «presidenta».
Pero de las palabras a los hechos hay un trecho. El primer gran reto de la nueva ilusión de la izquierda tiene a corto plazo una tarea ya de por sí mastodóntica: lograr ese frente común tan ansiado por su electorado. En otras palabras, acercarse y abrazarse con Podemos, un partido que, cabe recordar, no hace mucho tiempo arropaba a Díaz como nueva líder del espacio morado -bajo decisión exclusiva del núcleo duro de la formación, y no a través de primarias- y a la que ahora casi no puede ni ver. Basta con echar un ojo breve a las redes sociales para comprobar cómo están los ánimos.
Entre los simpatizantes y militantes de Podemos no deja de tacharse a la líder de Sumar de, como poco, «traidora» -como curiosidad, se están dando patrones casi idénticos entre este caso y el de Errejón cuando decidió marcharse de la formación, entonces liderada por Pablo Iglesias-. Consideran que Yolanda Díaz ha dado la espalda a una formación que le ha «dado todo» -la consigna más repetida en Internet- para llegar hasta donde se encuentra, y la acusan de acercarse cada vez más a las posiciones del PSOE con tal de continuar en la Moncloa por otros cuatro años más.
El trato entre los ‘sumers’ hacia la militancia y la dirección de Podemos no es mucho mejor. La formación morada ha sido constantemente señalada en las últimas semanas, siendo acusada de «boicotear» el frente común propuesto por Díaz o de «mantener el ego» en vez de incluirse sin condiciones en el espacio que ha generado Sumar. Por recibir, Podemos ha recibido hasta críticas por la supuesta mano dura que estaría aplicando el exlíder Iglesias a la hora de tratar la correlación de fuerzas -las mujeres que realmente lideran el proyecto, como Ione Belarra o Irene Montero, también han recibido, aunque parece que menos-.
Podemos-Sumar, ¿clave?
Precisamente, los silencios y dardos velados que se han dedicado entre los líderes de ambas plataformas tampoco han ayudado a encaminar un proyecto que debe priorizar sí o sí la unidad si quiere tener opciones reales de revolucionar el panorama electoral y político. Una vez puestas las cartas boca arriba, Díaz entiende importante esa unidad y quiere alcanzarla, pero ¿la ve clave? Así se ha expresado en las numerosas entrevistas que ha realizado horas después de la presentación de Sumar; entre ellas, la concedida a El País: un Sumar sin Podemos «en absoluto sería un fracaso».
En dicho encuentro, Díaz ha asegurado «desconocer» la discrepancia que mantiene separados a Podemos y Sumar, si bien no ha dudado en su posición: «Hay un actor político que declina sumar. El resto de las formaciones que se han acercado a Sumar saben que nos vamos a poner de acuerdo. No hay ningún partido en España que esté hablando hoy de las listas electorales a las generales. Porque no es sensato». En la línea, una de cal y otra de arena sobre Iglesias, a quien «solo» tiene «respeto y cariño» pero afea sus formas: «Es feo designar a alguien, ¿no? Yo nunca lo he hecho y no voy a hacerlo».
«No es verdad que esto sea un debate democrático sobre las primarias, porque Sumar quiere primarias y lo ha dicho desde el primer día. Eso sí, primarias con garantías democráticas», ha asegurado Díaz sobre el desencuentro con los morados. «¿Las que proponen ellos no las tienen?», le han preguntado las periodistas Mónica Ceberio y Paula Chouza, a lo que ella ha respondido: «Yo no digo eso. Digo que ese debate no es real. Sumar desde el principio quiere primarias con participación ciudadana, pero no bilaterales con Podemos. Tenemos que participar todos«.
La vicepresidenta ha cerrado esta cuestión tajante: «Si alguien no quiere estar, lo digo con absoluto respeto, no me compete a mí decir por qué». Aunque sí ha subrayado que «quien no estaba fue quien decidió no estar y tendrá que explicarlo». Un hilo de declaraciones que no ha gustado nada entre las filas de la formación morada. El portavoz de la Ejecutiva de Podemos Pablo Fernández no ha dudado en afirmar que en su partido están «preocupados» por la visión que tiene Díaz de su participación en el movimiento. «No ir juntos a las elecciones sí sería un fracaso y una mala noticia», ha indicado Fernández, asegurando que siguen «con la mano tendida» en busca de un «acuerdo necesario» entre «espacios políticos diferentes». ¿Cómo? Volviendo a apostar por «primarias abiertas para el conjunto de la ciudadanía» como requisito de cara a «sellar el acuerdo electoral».
Lo cierto es que Podemos se mantiene, de momento, como único actor esencial al margen del concepto ‘Sumar’, que ha ido ganando adeptos en masa en las últimas semanas, entre ellos figuras relevantes del espacio morado. Se les vio ayer en la concentración en Madrid: Ada Colau (Barcelona en Comú y alcaldesa de la Ciudad Condal), Alberto Garzón (coordinador de IU y ministro de Consumo), Iñigo Errejón, (líder de Más País), Mónica García (cabeza de Más Madrid), Joan Ribó (Compromís y alcalde de Valencia); también, los líderes autonómicos Borja San Ramón (Galicia) y Begoña Alfaro (Navarra), así como varios diputados nacionales y autonómicos como Antón Gómez-Reino, Txema Guijarro, Nacho Escartín y Daniel Ripa.
