En parecida tesitura, aunque con efectos colaterales de mayor cuantía, se sitúa el actual presidente y líder insuperable en la isla de La Gomera, Casimiro Curbelo.
El expediente que el histórico socialista defendió en Ferraz sobre el caso que contra él se sigue en el juzgado único de la isla, convenció inicialmente a las autoridades federales del partido, que decretaron que no había motivos suficientes para que su imputación le impidiera presentarse a revalidar una vez más como presidente del Cabildo de la isla.
Curbelo se enfrenta a un largo y tortuoso proceso penal promovido por su enemigo público número uno, el médico Antonio Pérez, al que alienta desde la banda –y personado en las diligencias- el consejero del Cabildo gomero, Medina. Pérez y Medina han ido incorporando material incriminatorio contra el líder socialista hasta llegar a unas conversaciones telefónicas grabadas por Pérez que la juez ha admitido como pruebas de cargo.
Un alma caritativa ha hecho llegar esas conversaciones a la dirección federal del PSOE, donde han considerado que Curbelo les ha ocultado información relevante, por lo que es posible que en cuestión de días se dicte –sin volver a oírlo- una resolución contraria a su candidatura.
La hecatombe está servida porque Casimiro Curbelo no se va a quedar quieto. Como primera medida, convocará una rueda de prensa para anunciar al mundo que hará lo mismo que el defenestrado Tomás Gómez, reclamar ante la autoridad judicial lo que su partido le niega, “la presunción de inocencia”.
Acto seguido desempolvará su partido político, Agrupación Socialista de La Gomera, que registró en 2011 a raíz de los desagradables incidentes en los que se vio envuelto junto a su hijo en Madrid, y concurrirá con esas siglas al Cabildo y al Parlamento de Canarias.
Sus cálculos son, por supuesto, ganar el Cabildo, obtener dos diputados por La Gomera (los que ahora tiene el PSOE, que los perdería) y hacerse con el Ayuntamiento de la capital de la isla, San Sebastián. Curbelo está convencido de que demostrará su inocencia en el proceso judicial y, en su partido, las malas artes de algunos de sus compañeros, entre los que destaca al secretario de Organización regional, el también gomero Julio Cruz.

