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Una protesta en contra de que el Gobierno conceda los indultos a los presos del procés, convocada por una plataforma encabezada por la exlíder de UPyD, Rosa Díez, volverá a reunir este domingo a las tres derechas en la Plaza de Colón de Madrid. PP, Vox y Ciudadanos regresan al que se ha convertido en un espacio emblemático para el conservadurismo español dos años y cuatro meses después de coincidir allí por primera vez en otra movilización contra el primer Ejecutivo de Pedro Sánchez –el surgido de la moción de censura contra Mariano Rajoy–, en la que se pudo ver la hasta entonces inédita imagen de los líderes de las tres formaciones juntas: la conocida como foto de Colón.

Esa concentración del 10 de febrero de 2019 supuso un punto de inflexión en la política española. Por primera vez, PP y Ciudadanos –que hasta entonces se disputaban el mismo electorado de derechas– normalizaron el entendimiento con la extrema derecha. Vox fue, de hecho, el único partido que a largo plazo salió beneficiado electoralmente de aquella foto de Colón. Por eso ahora la extrema derecha quiere volver a hegemonizar la protesta, en un contexto en el que el PP se encuentra dividido entre la dirección de Pablo Casado, que acudirá a la concentración junto a sus barones afines –Isabel Díaz Ayuso y Fernando López Miras–, y el sector más moderado que no quiere escenificar un nuevo entendimiento con Vox. Y en el que Ciudadanos, hundido en las encuestas, se tuvo que sumar a rebufo de las otras dos derechas pero con fuertes reticencias internas por el miedo a que esa imagen junto a la extrema derecha lastre su intención de presentarse como una fuerza moderada.

El PP, que ha tratado de calcar contra los indultos la estrategia que siguió en 2006 contra el Estatut catalán, por el momento está lejos de repetir el éxito de esa campaña. Entonces, en solo una semana, logró 800.000 firmas contra el texto estatutario, mientras ahora, en el mismo plazo, solo ha alcanzado las 100.000. La protesta de este domingo viene además precedida por la que tuvo lugar el viernes en Barcelona que, convocada por PP y Ciudadanos, solo logró la asistencia de 200 personas.

Dos meses después de la foto de Colón de 2019, en los comicios generales de abril de ese año, el partido de Santiago Abascal se estrenó entrando con fuerza en el Congreso de los Diputados –obtuvo 24 escaños– mientras el PP se hundió, con el peor resultado de su historia, pasando de 137 a 66 escaños. En esa cita con las urnas Ciudadanos creció y alcanzó su techo de 57 diputados, pero en las elecciones de siete meses después, en noviembre de 2019, cayó fuertemente y se quedó con solo 10, mientras el PP se recuperó levemente –logró 88 escaños– y Vox más que duplicó su representación, quedándose con los 52 diputados actuales.

La conocida como ‘foto de Colón’ de febrero de 2019.

Exceptuando las elecciones gallegas de 2020 y las madrileñas del pasado mayo –en ambas plazas el triunfo del PP se atribuye a los candidatos autonómicos, Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso, respectivamente, y no a la dirección estatal de Pablo Casado–, el PP encadenó desde la foto de Colón sucesivas derrotas electorales por la división en tres de las fuerzas conservadoras. Mientras tanto, Vox lograba entrar en la mayoría de parlamentos autonómicos, condicionando además los únicos gobiernos regionales a los que pudo acceder la derecha.

Además de lo ocurrido en las dos generales de 2019, tras las elecciones autonómicas y municipales de ese mismo año el PP tan solo logró mantener los gobiernos regionales de Madrid, Castilla y León y la Región de Murcia logrando una coalición con Ciudadanos y necesitando del apoyo externo de Vox. En las tres plazas la fuerza más votada fue entonces el PSOE. Y la formación de Casado quedó relegada como una fuerza prácticamente residual en Euskadi –en los comicios vascos de 2020 en los que concurrió en coalición con Ciudadanos y perdió tres de los nueve escaños que tenía cuando se presentó en solitario– y Catalunya, que celebró elecciones en febrero y que dejó al PP con solo tres diputados de los 135 que componen el Parlament.

La evolución de Ciudadanos también ha sido muy negativa desde la foto de Colón. Quien posó aquel día como líder del partido, Albert Rivera, tuvo que dimitir tras la debacle del 10 de noviembre de 2019. No logró representación en Galicia mientras en Catalunya, la que era su plaza fuerte y donde nació el partido hace tres lustros, pasó de primera fuerza a séptima, perdiendo 30 de los 36 escaños conseguidos en los comicios anteriores. En las elecciones madrileñas del 4 de mayo, Ciudadanos desapareció de la Asamblea autonómica.

Tres derechas distintas

Con todo, las tres derechas que acuden este domingo a protestar a Colón contra los indultos son muy distintas a las que asistieron a la concentración de 2019. Entonces, los líderes de PP, Vox y Ciudadanos hicieron todo lo posible por salir en la foto conjunta. Dos años y cuatro meses después, esa imagen no le interesa a ninguno de ellos, aunque la concentración supondrá en la práctica una reedición, ya que volverán a juntarse los tres –Pablo Casado, Santiago Abascal y, en este caso, Inés Arrimadas, en sustitución de Albert Rivera– en la misma plaza y también en contra del Gobierno de Pedro Sánchez.

La extrema derecha trata de hegemonizar la concentración con el objetivo de repetir el efecto que tuvo la de 2019, que le aupó en las urnas, y en busca de un impulso en un contexto en el que las encuestas le auguran un estancamiento mientras crece el PP de Casado, que, según alguno de esos estudios, podría incluso desbancar al PSOE como primera fuerza del país. Ciudadanos mantiene su hundimiento.

El portavoz de Vox en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, señaló esta semana que prefiere no fotografiarse con quienes no piensan como él o son «más tibios» en sus planteamientos. Incluso ironizó sobre la presencia del PP y Ciudadanos. «¿Pero al final vienen? ¡Ah, qué bien!», respondió, fingiendo sorpresa. «Nos alegra que hayan cambiado de opinión y hayan tomado una decisión tan ágil y contundente, porque al principio dijeron que iban a tomar otro tipo de iniciativas y no iban a protestar en la calle», recordó. «La foto no es importante», esgrime la dirección del partido de extrema derecha, al considerar que los manifestantes que acudan a la manifestación «estarán más preocupados por otros asuntos», principalmente por unos indultos que «son intolerables».

En los últimos días Vox ha añadido otro motivo para acudir a Colón: la gestión del ‘procés’ por parte del PP de Mariano Rajoy, según señaló el portavoz nacional de Vox, Jorge Buxadé. Buscan, así, una emboscada contra los populares que se teme en Génova 13. «Va a ser un momento ideal para recordar que hubo un intento de golpe de Estado en noviembre de 2014 y que el Gobierno de Rajoy no tomó ni una sola decisión ni consecuencia». «Durante los años 2015, 2016 y 2017 se preparó la perpetración de un nuevo golpe de Estado y el Gobierno de Rajoy nunca hizo nada», lamentó el dirigente de la formación.

En realidad, Vox ha determinado el papel de las otras dos derechas en la protesta y ha conseguido sumar a los sectores más ultras de la derecha española –la Fundación Francisco Franco, por ejemplo, ha pedido oficialmente que se secunde–, que podrían poner en aprietos a PP y Ciudadanos. Solo después de que Santiago Abascal confirmara su asistencia lo hicieron también Pablo Casado e Inés Arrimadas, generando dentro de sus respectivas formaciones políticas discrepancias internas por el temor a que una nueva foto con la extrema derecha vuelva a lastrar sus opciones electorales en las próximas citas con las urnas.

Divisiones en PP y Ciudadanos

El PP está de hecho dividido ante la concentración del domingo, y tan solo han confirmado que acudirán a la misma los dos barones más afines a la dirección de Casado, que no han tenido problemas en lograr acuerdos con la extrema derecha: la madrileña Isabel Díaz Ayuso –que esta misma semana pactó con Vox la Mesa de la Asamblea y que necesita del acuerdo con el partido de Abascal para ser reelegida en la investidura– y el murciano Fernando López Miras.

Pero los sectores más moderados del partido no irán a Colón. Los barones considerados más centristas han asegurado públicamente apoyar la protesta, pero no asistirán tras plantear distintas excusas. «No iré a Colón porque tengo un viaje el mismo domingo», aseguró el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, el pasado día 2, en cuanto se conoció la convocatoria. El gallego, al que se suele definir como el contrapeso interno del líder de su propia formación política al atribuírsele un perfil más moderado, consideraba este lunes «perfecto, oportuno y adecuado» que el PP asista a la concentración contra los indultos a los presos del procés que se celebrará el próximo domingo en Madrid. Pero él no acudirá.

Tampoco lo harán los otros dos barones del considerado sector más centrista del partido, el andaluz Juan Manuel Moreno Bonilla y el castellano leonés, Alfonso Fernández Mañueco, aunque también han apoyado la convocatoria. El primero arguyó «motivos personales» para justificar su ausencia sin dar más explicaciones. Y el segundo dio un argumento más llamativo. «Son las fiestas de Salamanca [la ciudad de la que fue alcalde]», argumentó el lunes, alegando, por ello, «cuestiones personales».

Otros cargos del PP más centrado, el que perdió las primarias frente a Casado en 2018 –y que apoyaron a su rival interna, Soraya Sáenz de Santamaría–, también evitarán participar en la que se ha considerado como la nueva foto de Colón, por la asistencia confirmada de PP, Vox y Ciudadanos. Estas personalidades populares que se ausentarán de la concentración evitarán así que se les pueda vincular con la extrema derecha, que acudirá a la concentración con el fin de seguir disputando a los populares la hegemonía dentro del electorado más conservador, como lleva realizando desde hace tres años. Estos sectores no entienden el giro de Casado, que rompió simbólicamente con Vox durante la moción de censura presentada por Abascal contra Sánchez, en octubre, pero que desde entonces ha ido suavizando su discurso contra la extrema derecha a la que sigue necesitando para gobernar en Andalucía o Madrid.

Las dudas de Inés Arrimadas

La protesta también se ha convertido en un arma de doble filo para Ciudadanos. El temor a que etiqueten de nuevo a la formación que se autodenomina «liberal» junto a Vox y el PP en una segunda versión de la foto de Colón, y el coste que puede suponer para Arrimadas, han sido objeto de debate entre la líder del partido y un reducido grupo de dirigentes de su confianza. Aquella foto hizo mucho daño a la imagen del partido, según reconocieron después algunos dirigentes de Ciudadanos. Entre ellos Luis Garicano, que aunque acudió en aquella ocasión a la manifestación, evitó subir al escenario. El jefe de la delegación de Ciudadanos en el Parlamento Europeo desveló en el programa Salvados al periodista Gonzo que ese día, al acabar el acto, envió un mensaje a Rivera diciéndole que le habían «regalado el centro al PSOE».

En Ciudadanos han estado dudando hasta el último momento sobre la conveniencia o no de que su líder acudiera a la protesta. Arrimadas, de hecho, tardó varios días en confirmar su presencia. En un principio se limitó a animar a la ciudadanía a acudir «masivamente» al acto, sin desvelar si ella acudiría, afirmando que el «retrato» que se va a ver allí será «el de Sánchez con Junqueras, Bildu y Otegi». El partido dijo entonces que la delegación de Ciudadanos estaría encabezada por la vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís. Poco después, el pasado 31 de mayo, durante su vista al Parlamento de Andalucía, al ser preguntada por un periodista, Arrimadas tampoco quiso desvelar cuál iba a ser su decisión y replicó: «No le voy a dar el titular de qué líder político va a ir o no va a ir, eso es lo que quiere Sánchez». Pero esa misma tarde, antes de acudir a un acto con militantes, matizó y aclaró: «Todo el mundo sabe lo que voy a hacer el día 13 y dónde voy a estar», dando ya por hecho que estaría en Colón, tras la confirmación de que también iba a estar Pablo Casado.

Según ha desvelado ahora la Cadena Ser, un sector del partido ha continuado recomendando a la líder que no acuda a ese acto y envíe a una representación de menor perfil. Estos dirigentes creen que su presencia allí va a suponer para Arrimadas un mayor coste político que beneficio, justo cuando el mensaje que quiere remarcar el partido en la convención que ha programado para mediados de julio es que es una formación «liberal y de centro». A ese cónclave precisamente acudirán, según han adelantado desde la dirección del partido a esta redacción, «importantes líderes de ALDE», el grupo al que pertenece Ciudadanos en el Parlamento Europeo, que huyen y reniegan de la compañía de la extrema derecha.

Pero la propia Arrimadas, después de varios titubeos, ha decidido acudir a la protesta y así lo ha remachado estos días en todas sus apariciones públicas. Según insiste, irá como «una ciudadana más» y no habrá una nueva foto de Colón 2.0. Uno de los argumentos que esgrimen en la dirección para no rehuir esa presencia es que hay encuestas que aseguran que cerca del 80% de su electorado «apoya que vayamos», en referencia a la del Panel Sigma Dos que publicó esta semana el diario El Mundo.

 

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