En el verano de 1889, siendo martes y, como hace actualmente ese mismo día el gobierno de Pedro Sánchez, en el ayuntamiento de Hermigua se reunieron los gobernantes del pueblo.
A decir verdad, ese día no estaba el alcalde –ni he logrado averiguar a dónde se había ido–, pero lo sustituyó Vicente Pérez Sierra, de los Sierra de toda la vida, que ejercía de alcalde accidental.
El pleno municipal de ese día iba de cuentas, impuestos y sobreimpuestos para cubrir un déficit de 3.408 pesetillas que se habían extraviado no se sabe dónde. Pero pelillos a la mar, vamos a hablar de las cosas de comer, con esas que nunca se debe jugar.
¿Cuántos kilos de papas creen ustedes que se comían al año los vecinos de Hermigua?. Yo se lo diré: 1.100.000 Kg de papas, que los señores ediles tasaron a 6 céntimos por kilo. Y por cada kilo los hermigüenses tendrían que pagar 1,6 céntimos de impuestos al ayuntamiento. Algo así como un IGIC abusivo.
Ñames se comieron menos. Sólo 130.000 kilos. Y más baratos que las papas, por cierto a cinco céntimos el kilo y de impuestos solamente 1 céntimo.
Como las papas y los ñames no se guisan solos, en el Ayuntamiento calcularon que se gastarían 334.600 kilos de leña. Supongo que también le darían otros usos, pero a los concejales les daba igual lo que hicieran con ella, con tal de que pagaran 2 céntimos por cada 100 kilos.
Al finalizar el pleno, el secretario del Ayuntamiento, Domingo Méndez Mora, calculó que entrarían en las arcas municipales 1.976,92 pesetas que completarían las 19.280 pesetas de presupuesto para 1889, las cuales serían suficientes para cubrir los agujeros por donde se escaparon algunas pesetillas durante el pasado ejercicio.
De esta manera, todo quedó cuadrado y bien cuadrado en el acta que, una vez pasada a limpio, fue remitida al gobernador para que hiciera con ella lo que quisiera.
Una vez abandonaron el Ayuntamiento, Domingo Méndez y dos o tres concejales más se fueron a conversar con un señor austriaco que estaba haciendo fotos de La Gomera con una cámara de cajón que transportaba un ayudante. Pudieron ver una fotografía del Cabezo de Guerra y de la Punta de Alfonsillo. La conversación fue dificultosa, porque el austriaco hablaba poco español y los hermigüenses no conocían el alemán. Sin embargo, unos cuantos vasitos de mistela les fue soltando a todos la lengua y terminaron abrazados como si se conocieran de toda la vida.
P.S.
Quienes tengan dudas o deseen ampliar los datos sobre el pleno que he comentado pueden consultar los números del Boletín Oficial de la Provincia de Canarias perteneciente al año 1889. En ellos encontrarán los datos que se ofrecen en este post.

