Una vez enunciadas, en el PRISMA 8, las dificultades que atraviesa la agricultura en Hermigua, abordamos uno de los temas sobre los que ésta se apoya: la gestión del agua. ¡Toca mojarse!.
La tozuda realidad nos traslada, como hace al menos 35 años, a los mismos problemas y a una similar forma de abordarlos, a pesar de que el mundo ha transitado desde lo analógico a lo digital, con unas comunicaciones cada vez más fiables y veloces. Ahora bien, hay que admitir que algunas cosas han cambiado en la Comunidad de Regantes de Hermigua: las personas al frente de la organización, ya no son las mismas; hemos pasado del canal a la tubería; de los motores diésel, a los eléctricos; y, además, ahora también contamos con una exposición, una página web y nueva oficina.
Aún así, seguimos planteando las siguientes preguntas, mientras “perseguimos” el agua: “¿Sabes por dónde anda el turno?”; “¿De cuántos días está el riego?”. Tras ambas cuestiones, se esconde una justificada desconfianza entre los usuarios, y la sospecha del posible favoritismo o arbitrariedad en la distribución del agua. Es evidente que aún carecemos de un SISTEMA que evite las dudas, más allá de la reconocida honorabilidad de las personas.
Nuestros actos de fe son varios, y se repiten. Principalmente, aceptamos que todos los comuneros usuarios de un canal, riegan con la misma frecuencia, durante el mismo tiempo por fanega, y con el mismo caudal, aunque desconozcamos los criterios utilizados para decidir, y los procedimientos seguidos que garanticen la justa equidad.
Ahora, imaginemos otra Comunidad de Regantes más transparente, que sitúe al comunero en el centro de sus decisiones, y que tenga como objetivo contribuir a una gestión justa y técnicamente solvente, que garantice la seguridad en el suministro del agua de riego, su uso eficiente, la reducción de conflictos y sospechas, así como la recuperación de la confianza entre los usuarios y la Junta de Gobierno que la administra.
Para poder concretar otra forma posible de gestión, basada en la implantación de SISTEMAS, TRAZABILIDAD, TRANSPARENCIA y COMUNICACIÓN, proponemos dos fases, que permitirían, sucesivamente, Medir, para Entender; Entender, para Controlar; y Controlar, para Mejorar.
FASE 1: DIAGNÓSTICO DE LA SITUACIÓN ACTUAL
El objetivo de esta FASE sería identificar los procesos seguidos por la Comunidad, que permitan detectar los puntos críticos y crear una base de información fiable. Algo clave, para saber, con certeza, qué recursos tiene la Comunidad, dónde están, en qué estado se encuentran y cómo se están usando; también, qué derechos tienen los comuneros usuarios, o qué mecanismos legales existen, para exigir rendición de cuentas.
Con el objeto de permitir la realización de una elemental auditoría documental, se solicitaría el acceso a los balances económicos, con su máximo desarrollo; a la evolución justificada de los precios y derramas establecidas; a los contratos con los diferentes proveedores; a los registros de consumo, por comunero y/o parcelas; a las actas de las reuniones de la Junta General, de la Junta de Gobierno y del Jurado de Riego.
Paralelamente, se propondría mantener entrevistas con diferentes comuneros usuarios y con los trabajadores de la Comunidad, para conocer sus percepciones sobre la calidad del servicio; la equidad en el reparto del agua; los precios y los criterios de cobro; la comprensión de la trazabilidad justificada que sigue el agua; o el nivel de transparencia en la comunicación y el trato recibido. Documentar las quejas y recopilar los diferentes testimonios, permitirá construir una narrativa clara y colectiva que dé respuesta a cualquier problema o dificultad, nueva o repetida.
También sería conveniente contar con un mapa de los diferentes procesos y un cuadro de reparto de responsabilidades, que permitan conocer cómo se toma cada decisión; cómo se gestionan el suministro del agua y las incidencias; o qué protocolos existen, si es que los hay. Esta información se podría obtener, a partir de conversaciones con los diferentes comuneros usuarios, y/o con los trabajadores; además de observando y registrando los diferentes pasos seguidos por la Comunidad.
Por último, debemos generar evidencias que nos permitan exigir la rendición de cuentas y proponer nuevas normas que faciliten la identificación de cualquier foco de arbitrariedad, valorando las comunicaciones o denuncias recibidas por la Junta de Gobierno o por el Jurado de Riego, en las que se analicen las situaciones que han favorecido y/o perjudicado a los usuarios afectados; así como cualquier variación injustificada sobre las tarifas, o los gastos desproporcionados que la Comunidad haya soportado.
FASE 2: PROPUESTA DE MEJORA Y SISTEMAS DE TRABAJO
Una vez documentado, en la FASE 1, el sistema actual, deberá sustituirse cualquier posible arbitrariedad aleatoria, con la ayuda de protocolos claros que todos, trabajadores y comuneros, puedan consultar en cualquier momento.
Aquí el objetivo sería establecer un sistema justo, predecible y eficiente, donde todos sepan qué esperar y cómo actuar. Para ello, proponemos crear un modelo de gestión participativa y transparente, que cuente con el apoyo de una comisión de comuneros usuarios, con acceso a la información clave. Con ello, se favorecería el equilibrio entre la eficiencia operativa y la legitimidad social del sistema.
Las reglas deberán ser accesibles, aprobadas por la mayoría y comunicadas a todos. Así, para la implantación de un sistema de trabajo, basado en normas claras, sería fundamental contar con reglamentos, técnicos y participativos, escritos sobre los criterios de distribución del agua; la aceptación del compromiso de transparencia y control sobre los recursos, por parte de todos los comuneros usuarios; la aplicación de precios, a partir de la justificación de los costes; los derechos y deberes de los comuneros usuarios; o los procedimientos que deberían seguirse, para resolver conflictos.
Para favorecer un sistema de control y rendición de cuentas, propondremos, al menos, una auditoría externa, antes de la elección de la siguiente Junta de Gobierno; la publicación de las actas de las reuniones; la implantación de un sistema que permita el registro y el seguimiento de cualquier queja, duda o sugerencia que se plantee. También, la celebración de reuniones trimestrales informativas y abiertas, para que los comuneros usuarios que lo deseen, puedan hacer un seguimiento de la gestión y expresar sus inquietudes, de forma pública.
La mejora técnica del sistema de riego, se realizará a partir de la instalación de caudalímetros o sensores para la medición precisa del consumo de cada comunero usuario; de la digitalización de datos, a partir de un sistema de monitoreo, en tiempo real, de toda la red; y de un sistema de avisos y reportes, por canal web o app móvil, que favorezca la coordinación de los riegos, y la comunicación de cualquier incidencia o imprevisto, no protocolizada.
Mediante las dos FASES descritas, se conseguiría un doble propósito: de una parte, romper la opacidad, gracias a un diagnóstico riguroso y la movilización de los comuneros usuarios; y de otra, proponer un modelo de gestión, más normalizado y transparente, que garantice una mayor confianza en el acceso equitativo al agua.
Si las reglas y los procesos no están claros, es difícil proponer cambios que los optimicen.
Lamento que el presente artículo no permita o favorezca la captación de más agua para regar, pero sostengo que la aplicación de su contenido favorecerá una mejor administración de la que tenemos disponible.
La urgencia para resolver los problemas, en casi todas las ocasiones, aplaza la reflexión sosegada y la decisión sobre aspectos importantes de la gestión, necesarios para evitar esos problemas, o limitarlos en el futuro.
Antes de proponer mejoras o el uso de tecnologías avanzadas que automaticen cualquier instalación, creo que deberíamos reflexionar “en analógico”, es decir, íntimamente, sobre cómo creemos que debería ser nuestra Comunidad de Regantes del futuro. Definir su MISIÓN, su VISIÓN y sus VALORES, sería de gran ayuda, permitiendo orientar la gestión, con independencia de la tecnología que utilicemos, para gestionar nuestra red de riego, ya sea en modo manual o en automático.
Si no hay transparencia, honestidad, o no impulsamos la trazabilidad del agua, los procedimientos, sean analógicos o digitales, serán incapaces de evitar la desconfianza o disipar las dudas que existan sobre el sistema, fruto de su opacidad.
Con el agricultor en el centro, el sector agrícola y la comunidad de regantes de la que forma parte, deberían ser lo mismo, porque, sin agricultura, ¿qué sentido tendría la comunidad de regantes?; y, sin agua, ya sabemos que la agricultura sería imposible.
No olvidemos que estamos de paso y obligados a optimizar lo recibido, para legar unas mejores instituciones a quienes nos sucedan.
Se requiere altura de miras !!
@JulioMora60 #PRISMAS

