- El Brexit, efectivo desde el 1 de febrero, no ha alterado el día a día en la frontera, pero muchos se preparan para el fin del periodo transitorio y acusan a los políticos de usar el tema como reclamo electoral
Gibraltar, jueves a las cuatro de la tarde. Un goteo constante de trabajadores de la construcción enfila la Avenida Winston Churchill de vuelta a España. En el estanco junto a la aduana, aún del lado británico, la estanquera despacha cartones de tabaco como quien reparte naipes. Del lado español, los bares se llenan y los parkings se vacían. Trabajo, tabaco, negocios. Nada que no pase aquí cada día. La consecuencia más visible del Brexit es que la bandera de la Commonwealth ondea en lugar de la europea.
Sin embargo, la salida del Reino Unido de la Unión Europea enturbia el ambiente: el 31 de diciembre está marcado en rojo. Entonces terminará (si no hay nuevas prórrogas) el periodo de transición. A esa fecha deberían estar resueltas un buen puñado de cuestiones clave para los trabajadores transfronterizos: las pensiones, la Seguridad Social, el paro, el paso de la frontera. Entre tanto, en La Línea y en Gibraltar se encogen de hombros. «Nadie sabe lo que va a pasar».

