
Un amigo me comentó ayer que en nuestra isla existe una bodega, al menos, que se dedica a comercializar en pequeña escala un tipo de vino que probé hace nueve años en una población portuguesa llamada Boticas, cercana a la ciudad de Chaves y no muy lejos de Braga, en la región de Trás-os-Montes, al norte de Portugal. Ese vino se conoce como «Vinho dos Mortos», es decir, Vino de los Muertos, y tiene una historia curiosa.
Cuando las tropas de Napoleón Bonaparte invadieron Portugal, a principios de siglo XIX, los vecinos de Boticas hicieron agujeros en la tierra y enterraron las botellas de vino para que los franceses no las robaran. Fue una medida desesperada y no sabían si se convertiría en vinagre.
Sin embargo, cuando los galos fueron expulsados del territorio lusitano, los vecinos desenterraron las botellas y se encontraron con que el vino había mejorado. La temperatura y la humedad constantes habían resultado beneficiosas.
A partir de entonces, comenzaron a enterrar las cosechas. Sus caldos adquirieron fama e, incluso, esa costumbre llegó a Brasil de la mano de los emigrantes. Actualmente, cerca de São Paulo se continúa practicando el enterramiento de botellas de vino con el mismo nombre de “Vinho dos Mortos”. Algunas bodegas de la Rioja alavesa también lo elaboran y venden a precios altos, pues una botella alcanza precios hasta de 70 euros.
En cuanto a La Gomera, todavía no he probado ese vino y, únicamente, sé de su existencia por boca de este amigo. Por ese motivo no me atrevo a dar el nombre de la bodega. Tampoco a decir su precio ni a comentar si se nota alguna diferencia con otros vinos gomeros. Al parecer, lo llaman “vino enterrado”, pero no tengo plena seguridad de que así sea.
A mí me gusta el vino tradicional gomero y, bastante menos, ese vino que ahora los bodegueros tratan de igualar y que no tiene ninguna personalidad. Sin embargo, no estoy en contra de innovar, pero con cabeza y siempre que sea para bien. Tal vez, en este caso el bodeguero haya acertado. Ya veremos.

