(Maldita.es – Verifica en WhatsApp +34 644229319).- Franco con gafas rosas, Mussolini bailando o Hitler jugando al fútbol son imágenes que acumulan millones de visualizaciones en redes sociales. En TikTok, vídeos con marchas militares del Tercer Reich o audios del Cara al Sol se viralizan junto a memes. Esta mezcla de cultura digital y discurso extremista es el pop fascismo: la normalización del fascismo a través de elementos de la cultura contemporánea. El fenómeno se apoya en desinformaciones, teorías conspirativas y la manipulación de símbolos históricos.
Este artículo es el primero de una investigación internacional de Maldita.es y Facta (Italia), desarrollada con el apoyo de Journalismfund Europe, que analiza cómo el discurso fascista se infiltra en la vida cotidiana mediante tres fases: normalización, aceptación e idolatrización.
En plataformas como TikTok se han detectado vídeos donde aparecen Franco o Mussolini con canciones de artistas como Adele. Según los investigadores, esta estrategia transforma figuras autoritarias en personajes “inofensivos o deseables”. En Telegram, además, abundan los canales donde se niega el Holocausto o se manipula el número de víctimas de los campos de concentración.
La música es uno de los pilares de esta tendencia. Los vídeos con el Cara al Sol o canciones de grupos vinculados al movimiento neonazi RAC se difunden ampliamente. Según la académica Matilde Eiroa, de la Universidad Carlos III de Madrid, el uso de artistas actuales como Aitana, Quevedo o David Guetta en vídeos manipulados busca “introducir el himno en los círculos juveniles y normalizarlo como una canción más de su repertorio”. En Spotify, grupos como Toletum, vinculados a la corriente RAC, superan los 27.000 oyentes mensuales, y en TikTok se han contabilizado más de 1.700 vídeos con su canción División Azul.
La idolatrización de dictadores se ha extendido también mediante campañas como los Franco Fridays o los Führer Fridays, que se popularizan en X (antes Twitter). Según la académica, los jóvenes perciben a estos personajes como “ídolos que simbolizan rebeldía ante la sociedad”. El historiador Key Allen, de la Universidad de Oxford, añade que existe incluso una “santificación” de figuras como Mussolini o Primo de Rivera, presentados como mártires del neofascismo.
Los memes, según un estudio de la National Defense University Press, son una herramienta clave para viralizar propaganda extremista. Allen explica que pueden “convencer a los jóvenes de una narrativa revisionista”. El fútbol y los dibujos animados también sirven como vehículo de esta normalización. En 2025, el fichaje del futbolista argentino Franco Mastantuono por el Real Madrid desató en redes comentarios que jugaban con su nombre y el del dictador español. Otros ejemplos incluyen a Romano Benito Floriani Mussolini, bisnieto del dictador italiano, o memes sobre jugadores como Angelo Stiller por su supuesto parecido con Hitler. En todos los casos, el humor y la estética digital se usan para banalizar o exaltar ideologías extremas.
Incluso personajes animados como el Pato Donald o los protagonistas de The Ducktators (1942), creados originalmente para ridiculizar el nazismo, son ahora reinterpretados en redes como apoyo a esas corrientes. Vídeos con fragmentos de esas películas han llegado a acumular millones de visualizaciones antes de ser eliminados.
Las redes donde circulan estos contenidos operan con distintos grados de coordinación y comportamiento. En TikTok predominan los vídeos musicales; en X, los memes y consignas; y en Telegram, los canales donde se comparten materiales negacionistas del Holocausto o ensalzando la figura de Hitler. Maldita.es ha identificado más de 70 grupos en español que difunden este tipo de contenidos.
El investigador Key Allen destaca que, aunque no siempre exista una estructura formal, hay “redes informales donde diferentes cuentas se siguen y amplifican entre sí”.
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