No es de recibo que un paciente de la Gomera será derivado, por ejemplo, al traumatólogo para clasificar una dolencia determinada y la consulta más temprana tenga fecha para dentro de cuatro meses.
No es de recibo que determinados profesionales que realizan estas consultas y que proviene de otros hospitales más grandes, caso de la residencia La Candelaria, ahora no quieran venir a pesar de abonársele a ellos los gastos de desplazamientos, estancia así como dietas.
Sería menos de recibo que tras una larga espera de cuatro meses vaya Vd. a la citada consulta esperando la ansiada respuesta del especialista y este le indique que “debe hacerse una prueba para obtener un buen diagnóstico” le “doy el papelito para que le den cita” y acto seguido le indique que una vez realizada la prueba “vuelva a coger número y me vuelve a ver a esta consulta”, y tu sales pensando que “si ha tardado cuatro meses en atenderme por primera vez, ahora debo hacerme una prueba y después pedir otra vez cita” ¿para qué año ve va a atender a mi este señor?.
Esta es una situación que ocurre a menudo y no se ve una respuesta clara por los responsables del centro y tampoco se ve una respuesta por los responsables políticos.
Esto nos recuerda un relato de Mariano José de Larra:
…../…. Amaneció el día siguiente, y salimos entrambos a buscar un genealogista, lo cual sólo se pudo hacer preguntando de amigo en amigo y de conocido en conocido: encontrámosle por fin, y el buen señor, aturdido de ver nuestra precipitación, declaró francamente que necesitaba tomarse algún tiempo; instósele, y por mucho favor nos dijo definitivamente que nos diéramos una vuelta por allí dentro de unos días. Sonreíme y marchámonos.
Pasaron tres días; fuimos.
-Vuelva usted mañana -nos respondió la criada-, porque el señor no se ha levantado todavía.
-Vuelva usted mañana -nos dijo al siguiente día-, porque el amo acaba de salir.
-Vuelva usted mañana -nos respondió al otro-, porque el amo está durmiendo la siesta.
-Vuelva usted mañana -nos respondió el lunes siguiente-, porque hoy ha ido a los toros.
-¿Qué día, a qué hora se ve a un español? Vímosle por fin, y «Vuelva usted mañana -nos dijo-, porque se me ha olvidado. Vuelva usted mañana, porque no está en limpio».
A los quince días ya estuvo; pero mi amigo le había pedido una noticia del apellido Díez, y él había entendido Díaz, y la noticia no servía. Esperando nuevas pruebas, nada dije a mi amigo, desesperado ya de dar jamás con sus abuelos.

