¿A quiénes?
A todos los partidos políticos que no convoquen a la manifestación, la más pacífica y eficaz de todas, la de la voluntad popular en las urnas.
Ninguno hasta el momento. Pero a los demócratas les va en ello la vida.
Al ignorar de manera consciente que es posible convocarlo y que, aunque solo sea consultivo, hoy sería revolucionario, es muy difícil que la gente piense que también dispone de la fuerza de las urnas. Y no solo para elegir entre candidaturas de papel mojado cada cuatro años.
Sí algún partido político exigiera un referéndum “retrataría”, o “dejaría en evidencia”, o “pondría en su sitio” y derrotaría a cualquiera que no se sumara.
¿En qué sitio?
En el sitio cobarde de no pedir nunca a quienes les pagan el sueldo, es decir, al pueblo, una sola opinión sobre la decisión que hay que tomar ante un problema, por importante que sea y por mucho que parlamentos y gobiernos demuestren, una vez tras otra, que solo son capaces de poner malos parches.
Quizás porque los parches permiten colocar mejor esas trampas, solo a favor de unos pocos, que tantas leyes llevan puestas.
¿Hacen, quizás, muchas encuestas para no convocar referéndums?
Especule usted con la respuesta.
Es imprescindible un referéndum por muchas cosas, también el problema de la vivienda y los desahucios, ante el que me sumo a la propuesta que acaba de defender Matías Vallés hoy mismo, 30 de septiembre de 2026, en la Cadena SER de las islas mediterráneas que compartimos: Que de las viviendas para vivir personas físicas solo puedan ser propietarias personas físicas. Las personas jurídicas, también llamadas “fondos buitre” en algunos casos, ya tienen bastante con sus oficinas o sus “áticos trampa”, como ese del Madrid donde tanto abuso comete una tal Ayuso.
Un referéndum, y lo antes posible, para fortalecer la democracia con el protagonismo del pueblo en las urnas. Esa movilización social, la mayor de todas, que las peligrosas ultraderechas no pueden decir, aún, que les molesta.
Pero ignoran todos, cómplices en esto, la Constitución que tanto mencionan, porque les “saca los colores” con su artículo 92.
“1. Las decisiones políticas de especial transcendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos.
- El referéndum será convocado por el Rey, mediante propuesta del Presidente del Gobierno, previamente autorizada por el Congreso de los Diputados.
- Una ley orgánica regulará las condiciones y el procedimiento de las distintas modalidades de referéndum previstas en esta Constitución.”
Miro el calendario y compruebo que han pasado más de cuarenta y seis años desde que aquellos a quienes elegimos en 1979 fueron tan atrevidos que no dejaron pasar ni trece meses para aprobar la Ley Orgánica 2/1980 y cumplir así con el punto 3 del artículo 92.
No me haga usted pensar mal, pero con su permiso abriré un breve paréntesis para decir que empiezo a ver más razones por las cuales el MASUFA Juan Carlos I empezó a intrigar contra el mismo Adolfo Suárez a quien nombró en 1976 y que casi lo primero que hizo fue ordenar unas encuestas sobre la forma de Estado para saber cuál queríamos y de esa forma convertir el referéndum de 1976 en una trampa.
(La verdad es que si yo, Domingo Sanz, hubiera sido aquel Suarez que volvió a ganar en 1979, también habría comenzado a tratar de tú a tú a quien después disfrutaría de tantos lujos y excesos gracias a mí. A fin de cuentas, me había corrompido con lo de las encuestas secretas de 1976 hasta el punto de que 19 años después sentí la necesidad de confesarlo a la periodista Prego).
“¿Qué te parece, Alfonso”? (Armada, por ejemplo). ¡¡Que osadía la de este Adolfo en quien confié y puse de presidente!!”.
Eso, y cosas parecidas, seguro que les decía a sus inferiores, capitanes generales y similares, durante aquellos meses de 1980 con moción de censura de un tal Felipe González en mayo que, aunque fracasada a sabiendas, ayudó contra Suárez al de los 65 millones en un maletín para Corina, tantos años después, también por ejemplo. Y después la comedia del 23F, cuando ya se había conseguido la dimisión buscada.
Porque todo está relacionado y, sobre todo, el presente con el pasado, aunque todos calcularán sus movimientos para salvar a Leonor. ¡¡¡Todos!!! Qué alce la voz el primero que esté calculando sus decisiones políticas para lo contrario.
Es imprescindible un referéndum y, por los plazos establecidos en la Ley Orgánica 2/1980, el Gobierno debe anunciar, pero ya, que va a convocar.
Se trata de un referéndum ganador. Sí o sí, tanto si se celebra como si no.
Si sale adelante, para que los partidos que apoyan al Gobierno se comprometan ante la sociedad a abrir el melón de la reforma de la Constitución en la próxima legislatura, siempre que reciban el sí del censo electoral.
Y si no se puede convocar por falta de la mayoría absoluta (algo que no exige la Constitución, pero sí la Ley 2/1980 en lo que fue otro recorte cometido por los parlamentarios a lo aprobado por la voluntad popular en diciembre de 1978), quienes voten en contra quedarían “retratados”, pues las próximas elecciones distinguirán a las candidaturas que estuvieran dispuestas a liderar cambios importantes concediendo la palabra a la sociedad, de aquellas que se la niegan para todo y siempre se la negarán, salvo con urnas convocadas a punta de pistola.
Para finalizar, abriré de nuevo el paréntesis del pasado, pero en el presente más rabioso: El día 16 de este mismo mes de septiembre un teniente coronel retirado y admirador explícito del golpista y dictador Franco pronunció un discurso reclamando un golpe de Estado.
De momento, ningún partido de los formados por personas que nunca podrían hacer política si volviera una dictadura le ha exigido al Gobierno la convocatoria de un referéndum para derrotar a los peligrosos neo franquistas con la voluntad popular manifestada en las urnas.
Y Felipe VI, el MASUFA vigente, ¿no debería manifestarse en contra de tal propuesta?

