Un hombre de La Gomera sufrió abusos del mismo sacerdote muchos años antes de los que sufrió la víctima anterior, lo que apunta a una dinámica de pederastia continuada desde 1975.
Esta noticia llega pocas horas después de que el presidente de la Conferencia Episcopal anunciase que van a aprobar un decreto para sancionar a los sacerdotes acusados de pederastia.
Daniel (nombre ficticio) se decidió a hablar de los abusos que sufrió de pequeño cuando escuchó en La Ser el testimonio de otro niño abusado por el mismo cura.
«Gracias al testimonio de Ciro Molina di un paso adelante. No hay que silenciarnos más a las víctimas»
Daniel (nombre ficticio) desvela cómo el sacerdote de Tenerife abusaba de él.
«Se sentaba enfrente de mí y según iba cogiendo confianza, me arrinconaba, me besaba y abusaba de mí; tenía esa obsesión»
¿Cómo interpreta un niño de 9-10 años que un cura abuse de él?
Daniel (nombre ficticio): «Me venía a la cabeza que no me gustaba y me preguntaba por qué me hacía eso; no sabía cómo salir de esa situación»
Daniel (nombre ficticio) cuenta su día a día con el cura que abusaba de él.
«Intentaba perseguirme y encontrarme a solas; iba detrás de mí para hacerme fotos y luego me las entregaba, que cuando llegaba a casa, las rompía con mucha rabia»
¿Cómo vivió y vive Daniel (nombre ficticio) que en su cabeza siga teniendo en mente los abusos del cura?
«Me he olvidado de un montón de situaciones, pero cuando hablo de ello, me vuelvo a acordar de cuando me llevaba a la sacristía a meterme mano»
Un niño arrinconado en la sacristía
Daniel tenía solo nueve años cuando Carmelo lo arrinconaba en la sacristía. «Te cogía sola en la sacristía, te arrinconaba, tú te sentabas en un banco y él al lado. No tenías escapatoria. Es que no tenías escapatoria. Es decir, te encerraba, tú te sentías muy agobiado. Empezaba a hablarte de cosas que tú decías… esto no es normal», explica Daniel. «Te empezaba a hablar de que si un animalito conoce a un animalita y se aparean, no sé qué, contando cosas sexuales. Te besaba, te metía la mano, te abría el pantalón y tú intentando escapar hasta que en algún momento, después de que él hiciera lo que quería hacer, que es besarte, meterte mano y toda la historia, al final estabas ya tan desesperado que salías corriendo», relata la víctima.
Besos en los labios, persecusión y obsesión por los niños
El relato de Daniel incluye cosas especialmente graves. «Yo veía a este señor y salía corriendo. No podía estar a solas con él para nada», explica. Aunque no era tan fácil: en las excursiones le perseguía y le hacía fotos de manera constante. «Él tenía obsesiones por alguno y conmigo tenía una obsesión. Cada vez que yo iba a las excursiones, cogía la cámara de fotografía y estaba continuamente detrás de mí sacándome fotos, una y otra vez. Intentaba irse a mi lado y yo me iba. Era un agobio», rememora. «Mi madre me decía: “¿Pero por qué no vas?”. Y yo le decía: “No, no, no”. Nunca le dije a mi madre cuál era el motivo», añade. Nunca lo contó porque corrían los años setenta y tenía nueve años: nadie iba a creerle.
«Cuando te ibas a confesar, aprovechaba lo más mínimo para meterme mano en los pantalones, meter la mano y lanzarte el tremendo beso que te daba en los labios», prosigue Daniel. Y tú dices: “¿Pero de qué viene esto? Con nueve años esto es surrealista y lo pasas muy mal. Era una persecución para meterte mano, hacerse sus cosas… Unas historias que, sinceramente, a veces recordarlo da muchísimo asco», añade. La parte más cruda del relato incluye cómo el sacerdote agarraba la mano del niño para acercarla a su miembro. «Se masturbaba, o no, porque yo bajaba la cabeza y quería salir de allí», llega a decir Daniel.
Daniel denunció en la oficia de atención a las víctimas de la Diócesis tinerfeña
Daniel acudió a la oficina de atención a las víctimas de la pederastia puesta en marcha en Tenerife tras la aprobación del plan PRIVA (Plan de Repatación Integral para las Víctimas de Abusos). Prestó su testimonio ante la Iglesia denunciando lo que sufrió junto a otra de las víctimas, testigo de lo que ocurrió. Aunque fue atendido por parte de la Iglesia, nunca recibió una respuesta por escrito. «Creo que lo mínimo era eso, una respuesta por escrito, pero nunca la recibí», cuenta.

