Silvia Mendoza Piñero, del IES de La Gomera una de las notas más altas de la EBAU

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Por segundo año consecutivo, la pandemia de la Covid-19 condicionó parcialmente los estudios de Bachillerato y la celebración de los exámenes de la EBAU, celebrada este 2021 entre el 9 y el 12 de junio y que en la isla de Tenerife tuvo que desarrollarse en varios escenarios de La Laguna y Adeje para asegurar que los 4.277 inscritos pudieran acudir la prueba en aforos que respetaran la distancia de seguridad y el número de personas considerado seguro por las autoridades sanitarias. Además, se desarrolló durante un día más de lo habitual para poder separar en dos sesiones diferentes al alumnado en la primera jornada de exámenes que, al ser común para todas las opciones, es la que normalmente acumula más estudiantes.

En las islas no capitalinas, dada la menor afluencia de personas a las pruebas (402 en La Palma, 82 en La Gomera y 31 en El Hierro), fue posible seguir desarrollando los exámenes en una única ubicación. En todo caso, durante cuatro días 4.792 jóvenes de la provincia occidental tuvieron que poner a prueba sus habilidades intelectuales para superar un reto determinante para su futuro inmediato, pues de esa evaluación depende su posición en las listas de adjudicación de plazas de preinscripción y, en muchos casos, el poder entrar o no en los estudios que desean.

Como es habitual, la Universidad de La Laguna tenía pensado honrar a las treinta personas que habían obtenido mayor calificación en la EBAU con un acto en el que la rectora les entregaría un diploma acreditativo de su desempeño académico. Sin embargo, de nuevo el coronavirus y las restricciones al aforo impuestas en Tenerife durante julio obligaron a suspenderlo, con vistas a celebrarlo en meses venideros. Desde hace algunos años, la institución ha preferido basar este acto en la nota de la fase general, que puntúa sobre 10, frente a la nota final, que suma los puntos obtenidos en la fase específica y pude llegar hasta 14, porque es la única que han realizado todos los estudiantes por igual y, por tanto, supone un baremo más igualitario.

Pese a la cancelación de este acto, no hemos querido pasar la oportunidad de conversar con quienes han obtenido las notas más altas, que este año son tres mujeres de tres islas diferentes: Lía Castillo Kowarik, del IES Luis Cobiella Cuevas de La Palma, que obtuvo un 10 en la fase general y un 13,936 como nota final; María Hernández Hernández, del IES Viera y Clavijo de Tenerife, con un 9,95 en la fase general y un 11,91 como nota final; y Silvia Mendoza Piñero, del IES San Sebastián de La Gomera de la isla homónima, calificada con un 9,938 en la fase general y un 13,975 como guarismo final.

Lía Castillo Kowarik

Variedad de vocaciones

Si en años anteriores la primacía de las Ciencias de la Salud como área de conocimiento a la que se adscribían las titulaciones demandadas por este alumnado sobresaliente era rotunda, en 2021 hay más disparidad. Así, Lía Castillo se adentra en las Ciencias y ya se ha matriculado en un nuevo grado que comenzará a impartir este curso la Universidad de Alcalá de Henares, en Física e Instrumentación Espacial. Cuenta que estudiar Física en la Universidad de La Laguna, con vistas a especializarse en Astrofísica, fue una opción que barajó, pero le atrajo este nuevo grado porque ella viene de una familia de ingenieros y cree que esta titulación aúna la vertiente más teórica de la física con la más tecnológica, por la parte de instrumentación.

Aún así, admite que, aunque tiene mucha ilusión por irse a Madrid, ciudad que ya conoce porque parte de su familia reside allí y la conoce bastante bien, así como por iniciar una carrera completamente nueva, también tiene cierta incertidumbre, precisamente, por ese carácter novel de la titulación. Pero es pragmática y comenta que, si finalmente no le gustara, no le molestaría cambiar. Y en cuanto a su porvenir profesional, se muestra cauta: “No me he planteado el futuro. Yo soy más de pasitos cortos”.

María Hernández, en cambio, se ha decantado por las Ciencias Sociales y ya está prácticamente preparando las maletas para irse a la residencia en la que vivirá mientras curse en la Universidad de Sevilla el doble grado en Derecho y Economía. Comenta que desde niña sabía que las ciencias no le gustaban y descubrió la Economía en 4º de la ESO: “Es la única asignatura que siento que no tengo que estudiar, es algo que me fluye, que entiendo, que me gusta y disfruto de las clases”.

Sobre su futura carrera, tiene altas expectativas, al menos por lo que ha visto tras repasar las asignaturas que integran el plan de estudios, pero todavía no tiene del todo claro a qué le gustaría dedicarse cuando acabe, aunque sí cree que será algo de ese entorno: “No sé si jueza o abogada, ahora lo que quiero es disfrutar de carrera. También podría especializarme en algo relacionado con la economía, pero también me gusta mucho la política”.

Por su parte, Silvia Mendoza tenía claro desde pequeña que quería ser médica, y cuenta cómo ya desde los ocho años pedía a los Reyes Magos enciclopedias del cuerpo humano con las que disfrutaba tanto como otros niños lo hacían con sus cochecitos o muñecas. Finalmente, cursará esa titulación en la Universidad Complutense de Madrid, porque le apetecía cambiar de aires y salir de Canarias… y nada mejor que la capital.

Todavía no ha decidido por qué especialidad médica se decantará, algo que le gustaría descubrir a medida que avanza en las distintas asignaturas de la carrera. Aún así, tiene claro que no querría tener sensación de estar ocho horas sentada en un despacho y que prefiere algo “que tenga movimiento”, como la cirugía o las urgencias. ¿A pesar del estrés que supone? “Yo el estrés lo llevo muy bien, ¡me gusta vivir estresada!”

Preparadas para los exámenes

Conseguir resultados académicos como los de estas tres jóvenes supone tener un alto rendimiento en todas las asignaturas durante el Bachillerato, además de los días de la EBAU. En el caso de las tres entrevistadas, cada una ha tenido sus propias estrategias para prepararse, y reconocen que pese a los esfuerzos que supone, estudiar a ese nivel no les ha impedido compaginar lo académico con lo personal y lo familiar.

Quizá la más anárquica sea Lía Castillo: “Yo creo que lo de dedicar un número de horas de estudio al día conmigo no funcionaría, porque hay días que me encuentro con ganas para estar en casa

Silvia Mendoza Piñero

estudiando y otros en los que los ánimos no están y no voy a estar toda la tarde haciendo cosas que no me apetecen”. Para ella, la clave no está tanto en el trabajo autónomo que desarrolle en casa, sino en la atención en el aula: “A mí me ha ayudado mucho atender en clase. No puedes no atender y luego pretender entenderlo todo”.

María Hernández señala que hacia el final de segundo de Bachillerato sí estudiaba todas las tardes por la cercanía la EBAU, pero durante primero no lo consideró necesario y le bastaba con hacerlo tres o cuatro días antes del examen. Además, durante todos esos años ha podido seguir practicando atletismo, actividad en la que estuvo federada hasta el segundo curso del Bachillerato y que espera poder retomar en algún equipo que encuentre en su nuevo destino sevillano. “El deporte me ha sido beneficioso: durante los días antes a la EBAU, que estaba solo estudiando, por las tardes salía a correr porque necesitaba liberar todo el estrés y la tensión que tenía”.

El deporte también tiene importancia para Silvia Mendoza, en su caso atletismo, gimnasio casi todos los días y caminatas con sus amigos, y también considera que ha sido beneficioso para liberar tensión. En cuanto a su pauta de estudio, se define muy organizada y “cuadriculada”, y considera que organizarse para gestionar las prioridades es esencial. En su caso, estudiaba por las mañanas, antes de ir a clase, y también una hora por la noche, antes de acostarse. Dedica mucho tiempo a hacer los apuntes y prefiere dedicar las jornadas intensas de estudio los fines de semana para así no tener que repasar el día antes del examen.

Las tres destacan el apoyo familiar recibido y explican que supieron sobrellevar de manera relativamente airosa los meses de pandemia, si bien es cierto que la situación no ha sido la misma para todas: a Lía, al estar en La Palma, solo le afectó el confinamiento general de marzo de 2020 pero luego pudo acudir a clase normalmente porque en su isla la incidencia del virus fue escasa y se mantuvo la actividad. María, en cambio, al estar en Tenerife, sí tuvo que recibir las clases online, pero agradece el compromiso del profesorado para impartirlas en esas condiciones, aunque añoró poder pasar tiempo con sus amistades del instituto. Y Silvia, en La Gomera, tampoco perdió clases presenciales, pero para asegurar el aforo limitado, su centro dividió el curso en dos turnos y a ella le tocó ir por primera vez en su vida de tarde. “¡Y las mañanas se pasan volando, no sé qué ocurre!”

María Hernández Hernández

El día del examen

Aunque en la nota final de acceso el 60% corresponde a la media del Bachillerato, muchos estudiantes viven las jornadas de la EBAU como si se jugaran su futuro en un solo examen, por lo que los nervios aparecen de manera inevitable: no es casual que los días de la prueba siempre haya una ambulancia de Cruz Roja que no pocas veces atiende ataques de ansiedad.

Lía Castillo se preparó concienzudamente los días previos haciendo exámenes de anteriores convocatorias de la EBAU, cronometrándose para asegurarse de que le daba tiempo a hacerlo completamente. “Como llevamos todo el curso dando lo que nos va a entrar, todos esos conocimientos ya los sabemos, sólo necesitamos repasarlo. Si durante todo el curso lo has llevado bien, con unos días antes es suficiente”, afirma. Eso explica que, si bien ella creía que iba a estar muy nerviosa durante los exámenes y en algunas pruebas en concreto (como las de Matemáticas e Historia), una vez sentada en el pupitre todo fue muy relajado. “Como estás concentrada en lo que haces, los nervios se te olvidan”.

Todo lo contrario le ocurrió a María Hernández: “La EBAU la llevé fatal, lo pasé súper mal, estaba súper nerviosa, nunca había estado así y, de hecho, salí de los exámenes pensado que me había salido mal, tenía sensación de que todo lo que había estudiado no lo había demostrado”. Para ella, la prueba reina también fue la de Matemáticas, ya que era una de sus materias específicas y se jugaba muchos puntos en ella, pues sabía que los estudios a los que quería acceder tenían una nota de corte muy alta. Huelga decir que, finalmente, todo salió bien.

El tercer caso es el de Silvia Mendoza, quien afirma que no solo no estuvo nerviosa durante la EBAU, sino que trató de disfrutarla. “Me encantó la experiencia, la disfruté tanto en el estudio como en los exámenes. Quizá el primer día fue el de más nervios porque no sabía cómo iba a ser y, además, era cuando tenía más exámenes y no eran de mi rama. Pero al final, es un examen más, te han preparado a lo largo del curso para eso”.

En septiembre, estas tres jóvenes iniciarán lejos de sus islas natales una nueva vida en la universidad. Seguramente los desafíos y las tensiones propias de la educación superior les harán volver la vista atrás y recordar con más cariño sus años de Bachillerato. En todo caso, tras su brillante trayectoria el instituto y por la EBAU, no es aventurado pensar que su paso por la universidad será una experiencia formativa y vital igualmente satisfactoria.

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