Vie. Ene 24th, 2020

Sánchez e Iglesias, una Coalición Progresista sin la llave maestra (que sepamos)

La llave no es la de la investidura pendiente porque ERC aún no haya decidido abstenerse. Eso será marginal en cuanto suceda, pero está condenado a suceder.

Por muchos documentos de 50 páginas titulados “Coalición Progresista…” que presenten a los medios, si sus autores quieren gobernar un país que es capaz de desnudarse hasta el punto de enseñar la vergüenza de que la investidura del presidente dependa de un informe de la Abogacía del Estado que es papel mojado, lo que necesitan de verdad es una “llave” que abra todas las puertas, incluida la del armario de la ropa interior para tirar la vieja y colocar una nueva.

Lo del papel mojado es evidente: ese informe jurídico solo será uno más de los que tendrá sobre su mesa alguien como Marchena, un juez que se ha permitido el abuso de mantener en prisión hasta hoy, 30 de diciembre, y sigue, a un europarlamentario al que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ordenó liberar el día 19, hoy hace once.

Quizás ocurre que es necesario que te den con la puerta en las narices los propietarios de su “llave” o, lo que es lo mismo, imponer que sea “reforma” en lugar de “ruptura”, por si no lo recuerda.

Por tanto, la juventud de ambos es lo único que podría explicar que ni Sánchez, que en 1976 tenía cuatro años, ni Iglesias, con menos dos, se hayan dado cuenta de que al documento que acaban de presentar en medio de “un montón de azúcar político”, según el locutor de La SER a las 20 horas de hoy, le falta lo principal.

(Salvo que la “llave” esté escrita en clave en “Coalición Progresista…”, o en otro papel, distinto y secreto, con lo que, siempre que les obligue sin excusas, me comprometo a retirar todo lo dicho hasta este momento).

También es probable que, de tanto oír hablar de la Constitución del 78, hayan terminado ambos pensando que Adan y Eva se comieron la manzana aquel mismo año. Pues no, fue dos años antes.

Resulta que el 5 de julio de 1976 el rey de entonces nombró a Adolfo Suárez presidente del gobierno y ese hombre, en menos de cinco meses, organizó y celebró un referéndum que sirvió para lo que pretendía, estrenar la obra titulada “de la ley a la ley”.

Le impulsaban dos fines, que consiguió:  por una parte, enseñar una puerta de salida bien blindada a los franquistas que no quisieran reciclarse para seguir “trabajando” en lo mismo, pero con más esfuerzo por lo de la competencia que antes no había, y, por otra, tomar él mismo la iniciativa ante las fuerzas políticas que, ajenas a la dictadura, querían libertad y democracia. A los líderes principales de estos partidos, y gracias a la información privilegiada que manejaba en tiempos inestables como los de ahora -salvando las distancias, pero todas- los engaño como a chinos. Está documentado.

(Si tú, que estás leyendo, has contratado y dirigido alguna vez a personas, sabes que eres quien más riesgo corre en el caso de que alguien que hayas elegido fracase desde el principio. Por eso, cuando Suárez disfrutó de mayor autonomía fue durante los primeros meses en el cargo: el rey no podía permitirse el fracaso de haber elegido mal y tenía que apoyarlo a muerte en todo lo que se le ocurriera).

Aquel “referéndum llave” se celebró en diciembre de 1976, lo bautizó como el de la Reforma Política y consiguió que participara el 77,8% del censo electoral, con un porcentaje de votos afirmativos que llegó al 94,7%.

Lo del párrafo anterior no lo recuerda nunca casi nadie, pero, en cambio, casi todos repiten cada día lo de que, en diciembre de 1978, es decir, solo dos años después, se celebró el referéndum de la Constitución.

Pero hay trampa, porque lo que tampoco recuerdan los constitucionalistas es que la participación fue solo del 67,11%, ¡¡casi once puntos menos!!

Y también el SI en las urnas fue casi 4 puntos inferior al de la Reforma Política.

¿Qué tal si “menos lobos” con tanta “Constitución” señores constitucionalistas? Los 40 años seguidos de “mayor prosperidad”, y corrupción, de nuestra historia no dan para tanta y tan amenazante chulería.

La llave que se necesita hoy, más de cuatro décadas después, para derrotar al peligro de siempre es también una fecha para celebrar un referéndum que abra la puerta a un futuro nuevo.

Si Sánchez e Iglesias se lo proponen, en seis meses pueden convocar un referéndum por el que se solicite a todo el electorado si deben iniciarse las tareas parlamentarias orientadas a la reforma constitucional. Una vez en el gobierno, nada les podrá impedir crear la norma legal necesaria para ello y de tal forma que no pueda ser impugnada.

Además, la papeleta de votación debe ser valiente y creativa. Yo propondría la siguiente:

Marque con una cruz si está usted de acuerdo.

Debería actualizarse el texto de la Constitución española

Si ha marcado la respuesta anterior, de las siguientes frases marque aquellas con las que usted esté de acuerdo.

Debería plantearse el asunto de la forma de Estado
Debería plantearse el asunto de la estructura territorial del Estado
Debería incluirse la vinculación de España a la Unión Europea
Deberían reformarse los artículos que afectan a la ley electoral
Deberían vincularse las pensiones al coste de la vida
Deberían establecerse compromisos sobre el cambio climático

Es conclusión, no se está proponiendo aquí un referéndum para aprobar un texto que aún no se habría modificado, sino una convocatoria que dé la palabra al electorado sobre si debe abordarse un cambio que permita abrir un periodo de mayor estabilidad. Y así callar muchas bocas embusteras.

Importantes factores de oportunidad hacen necesario convocar este referéndum.

Lo más importante de todo es que permitiría a La Moncloa tomar la iniciativa (tal como hizo Suárez en 1976) para poder manejar una situación política mucho más compleja que la que tuvo que manejar Suárez. Y me refiero especialmente a lo previsto en el punto 9 de “Coalición Progresista. Un nuevo acuerdo para España”.

Desde el primer momento obligaría a la derecha españolista a definirse claramente sobre la integración de España en Europa, lo que llevaría a algunos a renegar con cara de fracaso de su anti europeísmo creciente. La dividirá en dos bloques, el de los que quieren Europa con todas sus consecuencias, aunque sea a regañadientes, y el de los que están por abandonarla. Porque nadie duda que tanto la izquierda como los nacionalistas varios que coexisten en este Estado son mucho más europeístas que cualquier españolista de derechas. Y, además, se trata de una reforma constitucional que deberíamos haber planteado en 1986, tal como hicieron otros países cuando se vincularon a la UE.

Pillaría especialmente a contrapié a Pablo Casado, quien no deja de repetir que bloqueará cualquier reforma de la Constitución y, aunque todos sepamos que eso lo dice porque no es el quien podrá liderarla, lo cierto es que se verá obligado a modificar su mensaje si no quiere ver a millones de votantes del PP participando en un referéndum “unilateral”, pero plenamente legal, de la izquierda gobernante. Salvo que la Coalición Progresista quiera salvar al PP de la crisis en la que está sumido, mucho más de lo que parece: Ciudadanos aún no ha “muerto” y Vox solo está a 37 escaños.

En resumen, haría cambiar el chip a todos los partidos políticos, porque comprenderán que se trata de la llave que sí o sí abrirá un tiempo nuevo, pero que esta vez todos los que están hoy en activo querrán protagonizarlo.

No creo que sean necesarios más argumentos para justificar la idoneidad de esta iniciativa: una Constitución de un país que ha sido incapaz de actualizarla por su propia iniciativa durante los 40 años más veloces en cambios de la historia de la humanidad es suficiente para justificar la urgencia, y más si tuvo que nacer deprisa en medio de presiones, mentiras y trampas utilizadas por los herederos de la peor dictadura, jamás derrotada, de nuestra historia.

Pero seamos sinceros con nosotros mismos: lo más probable es que sigamos sin atrevernos a tocar un coma a ese texto durante cuatro siglos más.

Salvo que a los dos valientes que les está esperando La Moncloa les convenza el argumento, que también figura en los libros de historia, de que nadie sería capaz de separar el “referéndum llave” para la Reforma Política del primer éxito electoral de la UCD de Suarez en las elecciones que se celebraron solo seis meses más tarde, el 15 de junio de 1977.

Si usted, que ha leído esto, tiene buenos contactos y quiere hacerle regalar esta idea a esos dos jóvenes coaligados y progresistas, nada les cobraré, pues se trata de una copia. Y el heredero del autor tampoco reclamará derechos, pues milita en el bando de los que no quieren ningún cambio. Todo es estupendo delante de un año nuevo.

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