Hace dos días el grupo de gobierno de Hermigua decidió, con buen criterio, usar unos maceteros de hierro fundido para delimitar la zona peatonal de la iglesia de La Encarnación y evitar así que los vehículos invadieran la zona destinada a los peatones y donde de forma frecuente juegan los niños.
Los citados maceteros, que son propiedad municipal, fueron colocados intentando salvaguardar la zona y mantener de esta forma el entorno embelleciendo para hacerlo más agradable a los vecinos y los visitantes, más allá que en el futuro se cambie su disposición o ubicación, si así se quiere o conviene.
Lo gracioso de todos esto es que los que critican la colocación de los maceteros, querian ponerlos en una zona cercana a la playa, donde el óxido se los comiera, y son los mismos que en su día, hace ya ocho meses, los compraron y ahora critican su colocación en un lugar donde beneficia a todos los vecinos.
No se puede hacer oposición criticando cuestiones como estas, es casi hacer el ridículo y dar mala fama a los vecinos de Hermigua, es casi como decir a la opinión pública que “esta gente se entretiene en tonterías.

