Hoy nos hemos reunido aquí para sumarnos a las protestas que en este momento se están desarrollando en todas las islas con el lema “Canarias tiene un límite”. Nos unimos a nuestros hermanos y hermanas de todas las islas con el objetivo de detener un modelo de desarrollo que está dañando nuestro territorio, nuestra economía, nuestra sociedad y nuestra cultura. Compartimos las razones y reivindicaciones comunes para todo el archipiélago, pero también debemos decir alto y claro que la Gomera tiene exigencias propias que manifestar.
El desarrollo diferente y sostenible que nos quieren vender para la Gomera no es más que una variante del modelo destructivo e insostenible que se ha aplicado en el resto de las islas.
La imagen tan vendida de la Gomera como reserva de la biosfera y paraíso natural es sólo un escaparate, una mera promoción turística, un lavado de cara ambiental; y no una herramienta para un auténtico desarrollo sostenible.
El Plan Insular de Ordenación planea un desarrollo turístico basado en grandes resorts costeros, con campos de golf incluidos. Toda una aberración, teniendo en cuenta el enorme consumo de suelo y agua que conllevan, en una isla en la que este recurso vital es cada vez más escaso, debido a la mala gestión y al durísimo cambio climático que nos afecta.
Son muchas las obras públicas sobredimensionadas y destructivas, en las que con el dinero de todas, se contribuye al deterioro del paisaje. Con estos proyectos en curso es inevitable temer las consecuencias de las nuevas obras recién anunciadas, como el innecesario ensanchamiento previsto de la avenida de Fred Olsen, o la carretera de las Rosas hacia La Laguna Grande. Incluso, se quiere exportar esta obsesión por obras monumentales a la isla de Tenerife, insistiendo en la construcción del puerto de Fonsalía.
Tampoco podemos olvidar las numerosas infraestructuras turísticas esparcidas por la geografía gomera que permanecen cerradas, carísimas en su construcción, y que continúan chupando presupuesto para que no se caigan. Estas obras solo responden a una mentalidad derrochadora y clientelar, que alimenta un gran negocio, el de la construcción, con inconfesables intereses que controlan en buena medida nuestra sociedad.
Frente a este derroche de inutilidades, es muy notorio el escasísimo esfuerzo dedicado a resolver los problemas reales, como las dificultades para el acceso a la vivienda, el hundimiento del sector primario, la pérdida de suelo agrario, la degradación de nuestros paisajes, el consumo abusivo, la mala gestión del agua, y las amenazas contra nuestra naturaleza, como la mala o nula gestión de las áreas protegidas, la proliferación de animales asilvestrados y plantas invasoras que diezman los endemismos en peligro de extinción, y la contaminación de los barrancos y playas por los vertidos de aguas residuales.
Y todo esto seguirá ocurriendo a menos que un gran número de ciudadanos y ciudadanas muestren un vigoroso rechazo y exijan un cambio de rumbo. Necesitamos resolver los problemas reales de nuestra isla hoy, sin hipotecar nuestro futuro, dejando atrás el vergonzoso uso clientelar de la inversión y contratación pública.
Es por todo ello que hoy, desde la Gomera, lanzamos nuestras demandas:
Y exigimos:
1) Un cambio rotundo del plan insular de ordenación, que reduzca el número de plazas turísticas previstas y prohíba la construcción de nuevos campos de golf y grandes complejos.
2) La derogación de ley de islas verdes, que abre las puertas a la degradación del suelo rústico con fines turísticos. Las tierras rústicas para el sector primario!!.
3) Regular y limitar profundamente el turismo de un día, a fin de evitar la masificación e impedir el maltrato y desconsideración a la isla, reducida a un parque de atracciones La Gomera no es un parque temático!!
4) Soberanía alimentaria, apoyando la agricultura local, sostenible y de pequeña escala, frente a la dependencia de productos importados. No se trata solo de producir más cerca, sino de hacerlo con justicia social, laboral y ambiental, recuperando saberes tradicionales, fortaleciendo la economía local y reduciendo nuestra vulnerabilidad ante crisis externas.
5) Acceso de los residentes a una vivienda digna, promoviendo la construcción de viviendas sociales, limitando el alquiler vacacional, y regulando la compra para los no residentes, lo cual genera un encarecimiento de los precios y deja a tantos a trabajadoras/es (sobre todo jóvenes) sin opciones de acceder a una vivienda.
6) Conservación decidida y efectiva de nuestra naturaleza, afrontando con medios adecuados el gran reto de la recuperación de la enorme diversidad amenazada, la restauración de hábitats degradados y la gestión de espacios protegidos.
7) Una mejor gestión de las aguas residuales, poniendo fin a los vertidos al mar que contaminan nuestras costas, y desarrollando proyectos de depuración, que permitan su reutilización en las zonas verdes ¡tan escasas en nuestros pueblos! y su utilización en la agricultura.
8) La revisión de los proyectos de carreteras previstos, de modo que se adecúen a las necesidades reales y reduzcan al máximo los impactos ambientales.
9) STOP a los «mamotretos»: los equipamientos públicos (sobre todo los turísticos) deben ser viables y atender a necesidades reales, no como se ha hecho hasta ahora, que contamos con un enorme número de mamotretos abandonados y chupando presupuesto.
A diferencia de otras islas, en la que los daños al territorio son muy profundos, en La Gomera todavía estamos a tiempo de conseguir un desarrollo respetuoso. Por eso necesitamos urgentemente poner freno al desenfreno, necesitamos políticas amables con nuestra isla y con nosotros mismos; una economía innovadora y respetuosa con nuestra naturaleza, que permita mejorar la formación y recuperar la autonomía de nuestra gente, sin perder nuestra identidad. Por eso reclamamos que LA GOMERA TIENE UN LÍMITE.

