Los del norte (2): Hermigua, belleza con orgullo

Benjamin Trujillo Ascanio

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Tiempo de lectura:3 Minutos, 47 Segundos

Es un valle impresionante. Verde y hondo. Perfectamente definido por las montañas que lo limitan, es profundo. Luminoso en unos sitios y en otros sombrío, con rincones que te sorprenden por lo exótico, que no los esperas, que descubres cuando caminas y vagas por el barranco o alguna de las laderas en las zonas altas. No imaginas que un valle pueda tener tantas visiones distintas, tantas perspectivas. Parecen mil lugares en uno, abrigados por la misma bruma, casi siempre, o con un sol que saca los colores y los derrama desde los bordes de los caminos, desde cualquier charco, desde la sombra de una palmera o simplemente en una curva, en una esquina.

Hay carteles a lo largo de la carretera que lo atraviesa que hablan de que el valle tiene el mejor clima del mundo; no se si será verdad pero no hace nunca mucho calor, no hay viento y por las noches corre un fresquito o un frío que tienes que dormir abrigado hasta en agosto. No está tan mal lo del mejor clima del mundo.

Es un pueblo orgulloso, de sus encantos, de sus historias y de sus personajes, ligeramente presumido como comunidad. No quiero ahondar en las razones de esta actitud, ni sociológicas, ni políticas ni históricas. Qué más da, además. Se puede decir que son un poco así,  más expresivos que los de más allá, los de Vallehermoso por ejemplo.

Siempre fue un pueblo distinguido y fuerte, con mucho peso en todo. Las cosas han ido cambiado, los flujos económicos, la decadencia de la agricultura y lo rural. Pero su gente no se achicaba antes y ahora tampoco. Se atrevían y se atreven. Oías a alguno hablar de fútbol, de su fútbol y había muchos Maradonas, las carreras de un extremo eran de leopardo, los palos de las porterías sonaban como los del Bernabéu. Era y sigue siendo un placer oírlos contar las epopeyas en los terrenos de juego, épicas y barrocas.

Desde hace unos años el término gomero light se usa en cualquier pueblo de la isla y hace referencia a gomeros de fuera que vuelven, sobre todo en verano y que, en mayor manera, al principio de usarse la expresión, opinaban con cierto aire de superioridad. Creo que se ha corregido bastante esta situación aunque quedan algunos que todavía  ejercen como tales. Digo esto, hablo de los light, porque quería hablar del Peñón y de los años setenta y ochenta en los que lo visité bastantes veces. En ese tiempo conocí a algunos, que viniendo de fuera presumían de conocer la isla mejor que nadie, tener soluciones para casi todo y lucir allí, en El Peñón, toda su sabiduría. Un lugar maravilloso, entre tremendos e impresionantes prismas, con el mar bravo o en calma pero siempre espléndido, atractivo y salvaje; una excelencia de la naturaleza metida entre las ruinas de un pasado esplendoroso del transporte marítimo. Poesía brutal en el litoral.

Y los que estaban en esos años, que venían sobre todo de Tenerife eran lo más de lo más. Me refiero a chicos y chicas, vestidos a la última, con esas gafas de sol que eran lujo asiático para los demás mortales, se sabían las canciones en inglés, las de la tierra también, con movimientos de aristócratas en La Costa Azul, elegantes, displicentes con lo que les rodeaba, como si siempre vivieran así, en medio de la belleza y la distinción. Y los demás, asombrados por aquella exhibición de clase y poderío, intentábamos obtener alguna migaja de sus amoríos, alguna vez se lograba y cuando contemplabas un guiño cómplice entre alguna de las chicas y un amigo del país, girabas la cara, sonreías y corrías a tirarte de cabeza al agua, inflando el pecho, sacudiendo las manos antes como si fueras un nadador. Había muchos comportamientos light en esos años y se hablaba de los fachentos de Hermigua, sin connotaciones políticas, nos referíamos al carácter, a la disposición pública. Yo tuve y tengo muchos amigos que fueron así y esto que escribo lo hablo con ellos sin ningún reparo. En cualquier caso es un placer contemplar, visitar, vivir o dormir en ese valle.

Tengo muchos más recuerdos de Hermigua, enternecedores y familiares de los que algún día escribiré también. Hoy me quería quedar con la belleza, el frescor y con esa visita al fondo del valle, a la costa, al Peñón, frente al Teide, y volver a vivir esos años, bajar las escalinatas y como en el anuncio de Martini,  pasarme el pulgar por los labios.

Benjamín Trujillo

btrujilloascanio@gmail.com

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