La tumba oceánica del gomero y natural de Hermigua, Pablo Ascanio

El cuerpo de Pablo Ascanio Armas acabó en el fondo del océano, igual que su hermano Fernando. El mar fue una de las grandes fosas de la represión franquista en Canarias, sin duda la mayor.

Ambos hermanos nacieron en Hermigua y fueron activistas vinculados al socialismo, en un lugar donde las grandes movilizaciones por los derechos laborales de los jornaleros de la platanera acabaron con un episodio de violencia que provocó una intensa represión en 1933.

Pablo estudió en el antiguo Instituto de Canarias, su familia hizo el esfuerzo de apoyar sus estudios. Su nombre aparece entre los que aportan dinero al homenaje al profesor y director de ese centro de estudios, Cabrera Pinto, que posteriormente le dio el nombre al instituto lagunero (1).

La prensa del momento y los testimonios del momento no recogen un papel especialmente activo de Pablo en la agitada vida política de la República. Su hermano Fernando sí. Es uno de los acusados por los llamados Sucesos de Hermigua, siendo especialmente señalado en el juicio.

Pablo aparece en 1935 en una importante Asamblea de Agricultores plataneros, del Sindicato Agrícola del Norte de La Gomera, donde propusieron unir sus intereses al Sindicato Norte de Tenerife. Pablo Ascanio y Ramón Negrín, fueron dos de los productores que apoyaron la propuesta de la presidencia para «unidos todos defender nuestra riqueza agrícola» (2).

Tras el golpe de Estado de julio de 1936 Pablo es detenido, igual que su hermano y varios de sus primos originarios de la vecina Vallehermoso, como Blanca Ascanio o Juan Pedro Ascanio. José Antonio Rial, en su novela autobiográfica «La Prisión de Fyffes» habla de los dos hermanos de Hermigua, trasladados como tantos miles de republicanos a los barracones de la empresa platanera en Santa Cruz de Tenerife. Los presenta de esta manera, diciendo en palabras de Fernando: «estábamos sentenciados por los caciques de la Isla desde la muerte de los guardias civiles, y ahora nos tienen en sus manos. Son odios de pueblos y de familia. A mi padre también lo mataron» (3).

El libro asegura que Pablo estaba en esos días casi inmovilizado debido a una enfermedad reumática, que le generaba grandes dolores que apenas le permitían levantarse del camastro donde se encontraba postrado. Rial relata como llegó finalmente la ronda de la muerte a llevarse a Pablo. Narra como los hermanos se abrazaron y a nuestro protagonista, junto con otros ocho compañeros de pena, «despeinados, macilentos, casi cadáveres…» y es cargado en un jergón «al alzarlo, el enfermo de dolores reumáticos dio un pequeño grito» (4).

Después de ese momento es difícil saber lo ocurrido. Según la mayoría de las fuentes fue lanzado al mar, junto con los otros ocho hombres. Su hermano le acompañaría pocas semanas después (5). Diversos testigos dieron posibles fechas de esta muerte, indicando que los hermanos Ascanio “fueron botados al mar en enero de 1937” (6). Poco después llegarían más asesinatos aprovechando la misma fosa marina, como el del también socialista, poeta y exconcejal. Domingo López Torres (7).

El océano, fosa de tantos hombres dignos en esos años oscuros, esconderá posiblemente para siempre a los hermanos Ascanio, pero no borrará su memoria.

 
Fuentes consultadas:
1. El Progreso. 18 de junio de 1925. P.1
2. Gaceta de Tenerife. 17 de marzo 1935. P.3.
3. Rial, José Antonio. La prisión de Fyffes». Tenerife. 2003. P.42
4. Ídem. P. 55-56
5. https://fpabloiglesias.es/entrada-db/1952_ascanio-armas-fernando/
6. Cabrera Acosta, M. Á. (Ed.). (2000). La Guerra Civil en Canarias. San Cristóbal de La Laguna: Francisco Lemus Editor. Pp 123-124
7. Al mar dentro de un saco. https://www.eldia.es/dominical/2020/09/20/mar-saco-22339353.html

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