Después de catorce PRISMAS, el lector sabe que no son reflexiones adaptativas que “mantengan lo que hay”, y que tampoco sostienen quimeras imposibles. Más bien, humildemente, aspiran a ser visiones retadoras, pero viables y comprobadas; capaces de desnudar y aislar todas las prácticas irreflexivas que, por comodidad, por costumbre o por desapego, los ciudadanos permitimos, sin preguntarnos cómo se podría mejorar cada aspecto tratado. Pues bien, este décimoquinto PRISMA no es una excepción.
Un ayuntamiento que decida implantar un Cuadro de Mando Municipal (CMM), está enviando un mensaje claro a la ciudadanía: apuesta por una gestión pública más transparente, eficiente y orientada a resultados, permitiendo a los vecinos fiscalizar esa gestión. Con esa transparencia y rendición periódica de cuentas, el ayuntamiento demuestra, públicamente, cómo se están gestionando los recursos, cuáles son las prioridades y qué resultados se están obteniendo.
Por eso, cuando un ayuntamiento quiere gestionar mejor y con más claridad, no lo hace con promesas o discursos vacíos, sino mostrado los datos, las metas y los avances, que permitirán a los vecinos verificar si se están cumpliendo los objetivos, al tiempo que se favorece la toma de decisiones basadas en datos reales y objetivos, en indicadores clave, y no sólo en percepciones.
Sin embargo, la implantación de un Cuadro de Mando de indicadores municipales, también puede suponer ciertos retos y “perjuicios” políticos para el grupo de gobierno, si no lo gestiona adecuadamente. No se trata de efectos negativos inevitables, sino de riesgos o costes políticos que pueden surgir por la mayor transparencia y exposición pública, siempre inócua, si no hay nada que ocultar.
Los datos e indicadores harán más visible la gestión del gobierno municipal; y, cualquier retraso, incumplimiento o error quedará registrado, pudiendo ser identificado fácilmente, tanto por la oposición, como por la ciudadanía. Con ello, se pierde el control del relato político, permitiendo que los datos hablen por sí solos, mientras los errores, retrasos o incumplimientos ya no se podrán maquillar. Sólo cabría motivarlos, de forma justificada y comprobable, anticipándose a los datos con una narrativa clara, intentando resolver ineficiencias antes de que sean visibles, y viendo el cuadro como una apuesta por la mejora, y no como una amenaza.
De esta forma, al estar mejor informados, los vecinos tendrán más argumentos para exigir resultados concretos, y podrán ejercer más presión sobre el grupo de gobierno, obligado a dedicar más tiempo a la escucha y a la gestión ciudadana.
El desarrollo y la implementación de un Plan Estratégico Municipal requiere de herramientas eficaces que permitan su seguimiento, evaluación y mejora continua. En este contexto, el uso de indicadores de gestión se presenta como un elemento clave para garantizar que las acciones planificadas se ejecuten de manera eficiente y alineada con los objetivos estratégicos del municipio. Estos indicadores deben diseñarse para permitir información desagregada, por BARRIOS, por PROYECTOS ESPECÍFICOS, o por los ámbitos de competencia de cada CONCEJALÍA, facilitando así una gestión pública y una gobernanza más transparente, participativa y orientada a resultados.
El seguimiento sistemático mediante indicadores, permite evaluar el grado de avance de los proyectos estratégicos del municipio, detectar desviaciones respecto a los objetivos planteados, favorecer la corrección temprana de problemas, rendir cuentas ante la ciudadanía y los órganos de gobierno, aportar datos verificables sobre el cumplimiento de los compromisos, fomentar una gestión basada en evidencias, hacer una planificación plurianual y una asignación eficiente de recursos, impulsar la colaboración interdepartamental, promover una visión integral de los objetivos del plan y su impacto en diferentes ámbitos de gestión, evaluar el desempeño de cada concejalía y su contribución al desarrollo del conjunto del municipio.
Al contar con métricas claras, los equipos de gobierno pueden tomar decisiones más acertadas y ágiles; mostrar a la ciudadanía los avances reales, fortaleciendo la confianza, medir el impacto de los proyectos a medio y largo plazo, ajustando políticas según los resultados obtenidos, priorizar acciones que tengan mayor impacto positivo en la comunidad, aprender de la experiencia, replicar buenas prácticas y corregir errores de manera sistemática, evaluar el trabajo de cada concejalía; corregir errores a tiempo, sin esperar al final del mandato; o informar, con datos reales, a la ciudadanía, para que sepa en qué se invierte cada euro y qué resultados se están logrando.
Para que se pueda implantar un Cuadro de Mando, es fundamental que las acciones sean concretas, prácticas y adaptadas a los recursos limitados del municipio.
Entre otras, se deberían definir los Objetivos Estratégicos Locales, convocando reuniones con expertos externos y con los principales actores locales (alcaldía, concejales, departamentos clave, representantes de la sociedad civil), en las que se puedan identificar y analizar los principales desafíos y prioridades del municipio; desarrollar los Indicadores de desempeño, claros y medibles, que estén alineados con los objetivos municipales, y cuya actualización periódica sea sencilla, y no requiera tener que invertir grandes recursos; crear un quipo responsable de la implantación, utilizando herramientas simples, accesibles y de bajo coste (hojas de cálculo compartidas), que puedan ayudar en la recolección y análisis de los datos o medidas, utilizados en la formulación de los indicadores; implementar un sistema de seguimiento continuo, que permita la revisión periódica (mensual o trimestral) de los indicadores, y su progreso hacia los objetivos. Esto incluye las reuniones de seguimiento donde se presenten los avances, o se tomen decisiones de ajuste, si fuesen necesarias; involucrar a la Comunidad en el proceso, favoreciendo que los ciudadanos puedan conocer el estado de los indicadores y expresar su opinión sobre el progreso de los proyectos, haciendo preguntas o sugiriendo mejoras; comunicar los Resultados a la Ciudadanía, mediante la publicación de informes periódicos, claros y accesibles, sobre los avances producidos, o la justificación motivada de cualquier imprevisto; evaluar y ajustar la estrategia, haciendo ajustes donde sea necesario; establecer un Sistema de Retroalimentación y Mejora Continua, creando un sistema donde los datos obtenidos de los indicadores sean analizados y retroalimentados al proceso de toma de decisiones para la mejora continua de las políticas públicas; garantizar la Sostenibilidad del CMM, asegurando que el CMM sea una herramienta sostenible en el tiempo, que esté integrada en los procesos de gestión del municipio y que los recursos necesarios para su actualización no sean una carga; fomentar la Transparencia y la Confianza, asegurando a los ciudadanos un acceso fácil a la información periódica sobre el cumplimiento de los objetivos municipales.
Para alinear y verificar el cumplimiento de las promesas electorales, preferiblemente subordinadas a lo previsto por las grandes líneas de la visión compartida, para el medio-largo plazo, en el Plan Estratégico Municipal vigente, se debe contar con una planificación adecuada, el establecimiento de mecanismos de seguimiento y la implementación de un sistema de rendición de cuentas.
Finalizadas las elecciones, el primer paso es hacer un registro claro de todas las promesas electorales y compromisos adquiridos por el equipo de gobierno, y transformarlos en objetivos específicos, medibles, alcanzables, relevantes y con un plazo determinado. Esto permite que cada promesa o compromiso se pueda seguir, evaluar y verificar fácilmente. Luego, se establecerá un Plan de Acción Detallado que traduzca las promesas electorales en proyectos y acciones concretas, con plazos de ejecución, presupuesto y responsables; creando, además, un cronograma con hitos clave: dividiendo el tiempo disponible hasta las siguientes elecciones en trimestres o años y estableciendo metas de progreso cada cierto tiempo. También se requerirá implementar un Sistema de Seguimiento periódico, con un conjunto de indicadores que permitirá hacer un seguimiento de la ejecución de las promesas, verificando el progreso en la ejecución de proyectos, el cumplimiento de plazos y presupuesto, o la satisfacción ciudadana respecto a los proyectos realizados.
Cuando surjan imprevistos, el seguimiento debería permitir la actualización de los objetivos, previa comunicación, clara y justificada, a la ciudadanía. Así, hasta que se rindan cuentas al final de cada mandato. Entonces, el ayuntamiento deberá elaborar un informe final, detallado y público, que muestre todas las promesas cumplidas y aquellas que no se pudieron cumplir, explicando, justificada y razonadamente, los motivos. Con su ayuda, el gobierno municipal entrante, podrá continuar la gestión de los asuntos.
Para concluir, cabe señalar que los indicadores que se adopten deberían ser debatidos, validados y aprobados en Comisión Informativa, garantizando su veracidad y exactitud, con las opiniones que merezcan y, en su caso, las medidas correctoras que se propongan. Esta comisión debería estar integrada por representantes del gobierno local, técnicos municipales y, si fuera posible, por expertos independientes, asegurando que los indicadores elegidos sean realistas, medibles y alineados con los objetivos estratégicos del municipio.
Antes de su aprobación definitiva, los indicadores podrían ser revisados públicamente a través de consultas ciudadanas o presentaciones en reuniones abiertas, permitiendo que los ciudadanos expresen sus opiniones y sugerencias para que, una vez validados y ajustados, según las opiniones recibidas, terminen siendo aprobados formalmente en la comisión informativa y, posteriormente, en el pleno municipal, para su posterior difusión entre el conjunto de los ciudadanos, que deberán entender su alcance e interpretarlos correctamente.
A qué ciudadano no le gustaría saber, por ejemplo, el tiempo medio que transcurre entre una solicitud de información y su respuesta; entre la solicitud de una licencia de obra y su expedición; cuál es el número de parcelas y la superficie del suelo rústico de protección agraria, que está abandonado en el municipio; cuál es la frecuencia del servicio de recogida de basura y su coste; cuál es el plazo de tiempo que transcurre desde que se licita cada obra municipal, hasta que ésta se recibe; cuántos expedientes acumulados tramita anualmente cada concejalía; cuántas quejas se reciben y cuánto tiempo se requiere para ser atendidas; cuál es la renta per cápita municipal; cómo está la pirámide de población municipal, por sexo y franja de edad; cuánto cuesta el mantenimiento y cuidado de los jardines o parques; cuánto se invierte en apoyo al deporte y a cuántos niños, niñas o jóvenes moviliza; cuánto se invierte en atención domiciliaria y a cuántas personas dependientes se auxilia; o cuántos y qué “elefantes blancos” (*) hay en el municipio.
Recuerda: ¡ SI SE PUEDE MEDIR, SE PUEDE MEJORAR !
@JulioMora60
#PRISMAS
(*) Definición de ELEFANTE BLANCO (infraestructura pública):
Proyecto de infraestructura pública que representa una gran inversión de recursos, pero que resulta improductivo, inviable, mal planificado o innecesario, y que no cumple con los objetivos para los que fue construido, ni justifica su elevado coste.

