25/01/2020

Hoy hace 51 años

Hace 51 años, un 25 de enero de 1969, la dictadura franquista por Decreto-ley 1/1969 establecía el Estado de Excepción en todo el territorio nacional. Hacía 5 días, un 20 de enero, que habían asesinado al estudiante Enrique Ruano. Manuel Fraga fundador de Alianza Popular y por ende del Partido Popular era por esas fechas Ministro de Información de Franco. La policía era de gatillo fácil, yo en persona lo he podido comprobar en más de una ocasión. Un disparo, quizá fortuito originó su muerte. Pero ahí estaba el señor Fraga Iribarne para cubrir con mentiras y amenazas lo que había ocurrido.

El Estado de excepción se decretaba por tres meses y la policía amenazaba a los detenidos que se podría prorrogar por otros tres meses más, cosa que nosotros no podíamos dudar, teniendo en cuenta la absoluta impunidad con la que actuaba la dictadura.

Yo tenía 17 años, los había cumplido dos meses antes. A los 5 días del Estado de Excepción, y en plena noche, me despierto porque han encendido la luz de mi habitación y a los pies de de la cama me encuentro a un individuo que me dice que me levante y me vista. Era de la policía. Me levanto y veo a mi padre que se está vistiendo con otro policía al lado. Le digo “padre que hace, vienen a por mí”. Con cajas destempladas el policía que está con él me dice “tú te callas, el se viene también con nosotros”. Coincidíamos en el nombre y en el primer apellido. En el mismo viaje nos llevaban a los dos. Mi madre se queda llorando, se llevaban a su marido y a su hijo y se quedaba ella sola en casa. Mi hermano, el mayor, no había dormido en casa. El policía al que había visto en la habitación me aclara que él es de la Brigada Criminal, que no tiene que  nada ver con esto, que les llevan de refuerzo. A veces hay una cara más amable que se hace cargo de esa dura realidad.

En coche nos trasladan a la Dirección General de Seguridad de la Puerta del Sol, hacen las diligencias de ingreso y nos bajan a los calabozos. Antes de entrar en la celda para registrarle el policía le dice a mi padre que se baje los calzoncillos. Mi padre se niega rotundamente, es una humillación que no está dispuesto a soportar delante de su hijo. Mi padre tenía 57 años pero aparentaba más. Tenía edad para ser el padre del policía. Me temo lo peor, pero el policía cede y nos meten en la celda.  Aquello es un hervidero de detenidos y nos meten en una celda del pasillo de la izquierda que tiene rejas. En el pasillo de la derecha las celdas tienen puertas con un ventanuco.

En la celda hay ya cuatro presos políticos. Dos son de la fábrica Construcciones Aeronáuticas donde trabajaba mi padre, Torres y Poveda y dos de la fábrica Barreiros, Matovella y un tal Ariza. Los dos primeros son del PCE y los de Barreiros yo creo que eran de la HOAC.

Mi padre saca el tabaco que no se lo había quitado, Celtas Cortos sin filtro, y ofrece a los compañeros. Cuando llega a mi me mira, jamás he fumado delante de él. Piensa que si tengo edad para estar allí tendré edad para fumar y me ofrece un cigarro que cojo.

Al día siguiente a mi padre le trasladan a la cárcel de Carabanchel, Yo me quedo en la Dirección General de Seguridad con el resto de los compañeros. Creo que a los de Barreiros los sacan también a los pocos días de la celda.

En la Dirección General de Seguridad nos suben todos los días por la mañana y por la tarde a los despachos para interrogarnos. Nos pegan bofetadas, patadas y puñetazos. A mí me tumban y me cuelgan de una mesa con el torso al aire boca abajo alguna vez pierdo el conocimiento y me caigo de la mesa. Otras veces me colocan una estufa en la cabeza y me ponen en posición de hacer flexiones. Un policía gracioso me dice que es para que no pase frío, Me ponen delante de un espejo, supongo que hay otras personas al otro lado, me tiene un rato y me dicen ya te puedes quitar estas muy guapo.

Hay un compañero en la celda muy nervioso, Poveda de Construcciones Aeronáuticas, le están torturando con mucha saña. A todos nos dicen a la hora que nos suben por la mañana y por la tarde. Por la mañana a las diez y por la tarde a las cuatro después de comer. Hace poco leí en la Doctrina del Shock de Naomi Klein que una de las torturas más duras es amenazarte con lo que te van a hacer. Allí lo hacían todos los días. Lo más duro es que luego lo hagan.

Victoriano Andrés Poveda decide que esos cabrones no van a seguir torturándole para que declare contra sus compañeros. Un día cuando lo van a subir a interrogarlo decide que ya no más, coge carrerilla y se estrella con la cabeza contra el pico de un radiador de hierro fundido. Lo hace por tres veces ante la sorpresa del policía que no sabe cómo reaccionar. Sangra abundantemente, no saben lo que hacer con él. Después de muchas dudas y de mal curarle le tienen que dar numerosos puntos de sutura.

Después de diez días en la Dirección General de Seguridad me toman declaración y una noche del 10 del febrero me llevan a la cárcel de Carabanchel. Es una noche fría estaba helando. Cuando llego a la cárcel me fichan, me dan un colchón, una manta, una escudilla y una cuchara. Veo una gran cúpula redonda y enorme, muy iluminada. Se oyen algunas voces pero ya han chapado a los presos y por lo tanto no hay mucho jaleo. Entro en una celda a oscuras, no se ve nada. Dejo el colchón en el suelo. El cristal de la ventana está roto y el suelo está empapado de agua, como puedo me envuelvo en la manta, tengo mucho frío pero estoy contento, por ahora no me van a torturar más.

Al día siguiente salgo a la Galería, es la Tercera, hablo con otros presos y me entero de que mi padre está aislado en una celda. Ese día se había producido un motín en la Tercera Galería, querían excarcelar a un camarada, Edmundo Nieto de Getafe, para llevarle a la Dirección General de Seguridad y torturarle. Los presos se amotinan, golpean las puertas de las celdas y tiran algunas cosas al patio de la galería. A los presos políticos amotinados los llevan a la Séptima galería de presos comunes y a otros los llevan a celdas de castigo. Hace diez días que no veo a mi padre y mando una instancia al Director para que me deje verle. Lo permite y le paso a escondidas una cajetilla de tabaco, dentro no les dejaban fumar. El funcionario de prisiones hace la vista gorda e incluso le da cerrillas para que encienda los cigarros.

A los pocos días me llevan a unas oficinas de la prisión. Hay un Oficial del Ejercido y otros militares, me toman declaración, y me inician un procedimiento militar por pertenecer a las Comisiones Obreras Juveniles, yo tenía 17 años de edad. La jurisdicción militar se inhibiría posteriormente en el Tribunal de Orden Público. En sentencia de 5 de mayo de 1970 sería absuelto por el Tribunal de Orden Público.

Después de un mes mi padre sale de la celda de castigo y nos ponen en la misma celda. Los presos hacemos asambleas. Conozco a muchos compañeros de los que están presos de las Comisiones Obreras Juveniles y de la UJCE. Hay más libertad en la cárcel que en la calle, ya no nos pueden encarcelar.

El 29 de marzo de 1969 se celebra el festival de Eurovisión en el Teatro Real de Madrid, el año anterior había ganado Massiel y este año se celebraba en España. La dictadura tenía un problema, celebrar Eurovisión con un Estado de Excepción y las cárceles llenas de presos políticos no parecía la mejor opción. El sábado día 22 de marzo, sobre las 14 horas, tres días antes de que se levante el Estado de Excepción ambos salimos de la cárcel de Carabanchel Cinco días después volvería a ser detenido en mi casa ante las acciones convocadas en ocasión del festival de Eurovisión. Ni siquiera me interrogaron y estando allí vi a compañeras de las Comisiones Obreras Juveniles de Villaverde que llegaban detenidas, como las hermanas Estefanía y Patricia Sánchez por participaron en las acciones que ese día se habían convocado. Yo salí una vez celebrado el festival y ellas junto con otros detenidos, una vez procesados, fueron trasladadas a la cárcel de Ventas y a la de Carabanchel.

José Benito Batres

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