09/08/2020

Hola Europa, tenemos un problema…

Domingo Sanz: Nacido 1951, Madrid, Ciencias Políticas. Cárcel y todo eso, 1970-71. Licenciado en 1973. Director comercial empresa privada industrial hasta de 1975 a 1979. Traslado a Mallorca. de 1980 a 1996 gerente y finanzas en CC.OO. de Baleares. Actualmente jubilado pero implicado, escribiendo desde verano de 2015. _____________________________

…y tú tienes la solución, pero antes tengo que poder explicarme.

El problema lo seguimos teniendo, no solo “lo teníamos”, tal como en realidad les dijo a los de Houston aquel astronauta que daba vueltas por el espacio mientras arreglaba las averías del Apolo XIII en abril de 1970.

Y no tenemos un problema, Europa, sino varios, que han aflorado con todo su peligro a partir de una avería tan probable como que millones de catalanes replantearan un día su integración en el Estado español.

Hasta tal punto son graves los problemas que tenemos, que incluso están afectando a los consensos sobre el significado de las palabras: por ejemplo, para los 153 diputados del Congreso pertenecientes al PP, Vox o Ciudadanos, que representan el no despreciable 43,7% del poder parlamentario, llamar “conflicto político” al conflicto político planteado por el independentismo catalán es algo inadmisible.

Europa, los hay en España, y no son pocos ni pequeños, que cada día que pasa se parecen más a aquel aliado de Hitler, el único que no perdió la guerra, llamado Franco, que prohibió meterse en política a todo el mundo.

Y, a todo esto, la Real Academia Española sin atreverse a cumplir con su obligación en el principal asunto de su competencia, el idioma, para evitar que millones discutan confundidas en las cenas navideñas. Cuando decir “blanco” a lo que es “blanco” irrita a los que amenazan, se tornan cobardes quienes callan si están obligados a poner los nombres de los colores a las cosas de colores.

Ahora, Europa, intentaré resumir, como quien exprime un limón agrio e inmenso, para contarte como hemos llegado desde la quiebra de aquel bipartidismo corrupto hasta el presente, donde estamos al borde de un abismo en cuyo fondo viven las peores tentaciones antidemocráticas, por el solo hecho de que, de las sucesivas urnas a las que nos han convocado, hayan ido saliendo un número mayor de candidaturas diferentes desde el 20/12/2015.

Tras aquellas elecciones Rajoy, con 123 escaños, se negó a negociar la investidura con otros partidos, cosa que ocurrió por primera vez durante esta monarquía y a pesar de que tenía 40 escaños de Rivera que le habrían apoyado. Mientras, la mayoría de los del PSOE, que eran 90, le habían prohibido a Sánchez que buscara los apoyos de los 71 de Iglesias más otros que le podrían haber dado la mayoría. La misma que dos años después, incluso con menos escaños, le dieron gratis para la moción de censura.

Por tanto, Pedro decidió firmar algo con Rivera, que con los mismos 40 que hubieran apoyado a Rajoy le colocaban a 46 de La Moncloa, pero entonces ocurrió que el único que podía decidir, Iglesias con 71, decidió que era el momento de que el PSOE pagara por lo de la “cal viva” y, por tanto, nuevas elecciones tras las que Rajoy, ahora con 137 sí se atrevió, y los del PSOE, con 85, decidieron romperse por dentro para descabalgar al Sánchez del “no es no” porque intuyeron que, de lo contrario, la mitad se le irán a Podemos, que consiguió repetir sus 71 pero con un millón menos de votos, mientras los de Rivera descendieron hasta 32 y, en consecuencia, pactaron esta vez con Rajoy quien, no obstante, necesitaba la abstención de los socialistas dirigidos ahora por los interinos a las órdenes de los andaluces Felipe y Susana porque, en cualquier caso, ningún nacionalista estaba dispuesto, tras su gestión en La Moncloa durante la mayoría absoluta conseguida en 2011, a prestar ni un solo escaño al PP para que consiguiera gobernar.

Todo esto, no hay que olvidarlo nunca, antes de que los independentistas catalanes, hartos de que nadie en Madrid se sentara con ellos a hablar sin excluir ningún asunto, hubieran ni siquiera convocado el referéndum del 1 de octubre de 2017 en el que España regaló al mundo las democráticas imágenes de policías golpeando a votantes de todas las edades solo porque, rabiosas las fuerzas represivas, habían sido incapaces de encontrar miles de urnas que permitieron a dos millones de personas hacer colas para votar resistiendo la violencia que resbalaba en las trampas de “fairy”, en feliz descripción objetiva de los hechos acuñada para siempre, y durante el juicio del Proces, por el entonces delegado del gobierno de Rajoy en Barcelona, señor Millo.

Sería casualidad o no, pero tampoco está de más reparar en que los catalanes habían elegido a su gobierno de la Generalitat en septiembre de 2015, pero decidieron esperar hasta que España tuviera un gobierno con plenos poderes para organizar su momento más emocionante y colectivo de la historia reciente. Bueno, esto quizás fue una coincidencia.

Sigo, Europa, para llegar hasta hoy. La corrupción bipartidista, esta vez la practicada masivamente por el PP durante décadas, había conseguido, a duras penas, aterrizar en los tribunales y la imagen de Rajoy declarando, aunque fuera como testigo, más la sentencia, sí que sirvieron para que Rajoy saltara de La Moncloa y “regresara” a Santa Pola, gracias a un arranque de oportuna lucidez alumbrada por el Sánchez triunfador contra tantos que, como Susana, quizás hoy se van desdibujando lentamente, y seguido por los escaños de todos los demás salvo los de Rivera que, a fin de cuentas, tampoco había conseguido nada sustancioso para los suyos con su apoyo al PP.

Pero lo siento por ti, Europa, porque podía ocurrir que volviéramos a las andadas de los errores, y volvimos, aunque nunca se sabrá si hubiera sido aún peor, pues el pasado es un rompecabezas terminado al que no le puedes quitar ni una pieza.

Aunque, justo es reconocerlo, en esta ocasión la cosa tuvo cierta lógica porque no era posible pedir decisiones calculadas a unos diputados en el Congreso que, por una parte, habían regalado sus votos a Sánchez para que ocupara La Moncloa pero no recibieron a cambio ni un solo gesto y, por otra, tenían a sus líderes independentistas siendo juzgados en el Tribunal Supremo por haber humillado al Estado con el éxito de las urnas heroicas del 1 de octubre, un evento ante el que, de haber tomado decisiones calculadas, que sí se le podían exigir, la parte contraria, hubiera tenido unas consecuencias similares a las de cartón que colocó Artur Más el 9 de noviembre de 2014, y sin que por en medio hubiera golpes ni tuertos que, con toda seguridad, España aún está muy lejos de haber comenzado a pagar.

Sospecho que el cambio de comportamiento de normal a violento aplicado por Rajoy a hechos políticos molestos, para él, pero similares, tuvo mucho que ver con la seguridad en sí mismo que le proporcionó aquella mayoría absoluta que le regaló la crisis económica mundial en 2011 y que perdió en 2016.

El caso es que, a principios de este mismo año que ahora termina, los de ERC ni dejaron que el Congreso se entretuviera hablando de los Presupuestos, aunque solo fuera para dividir al adversario, y a Sánchez la ocasión le vino de perlas para reconquistar su acta de diputado y, además, apartar de los escaños a los que ayudaron a sacarlo de Ferraz en aquel difícil octubre de 2016.

Pero toda moneda tiene cara y cruz y, si los de Junqueras hubieran calculado hoy todo sería distinto. Tan distinto como que sin elecciones generales el 28 de abril, que tampoco nos habrían llevado a las del 10 de noviembre, no habría hoy en el Congreso 52 escaños ocupados por los peligrosos franquistas de Vox, que tendrían que conformarse con hacer la política que las urnas del 26 de mayo les hubieran concedido en ayuntamientos, autonomías y Europa, un buen rodaje para domesticar a los salvajes desde la infancia política.

Aunque, también hay que reconocerlo, la derecha españolista en su conjunto tendría 15 diputados más, pero los más violentos se estarían mordiendo las uñas en lugar de afilarlas cada día en portadas y pantallas.

Tras el 28 de abril ayudaron a recorrer los penúltimos metros hasta el borde del abismo los de Iglesias que, aunque con sus 71 escaños habían sido decisivos para la censura que elevó a Sánchez a la Moncloa, cuando llegó la hora de pensar, en lugar de aprovechar la suma de 166 diputados seguros que juntaron en las urnas de primavera prefirieron, como en 2016, arriesgarse a otra ronda.

Con lo que consiguieron un peor reparto de escaños, como entonces.

  • El PSOE más UP y aliados seguros descendieron de 166 a 158.
  • Los de Iglesias en particular, 7 escaños menos.
  • La derecha españolista ascendió de 149 a 153.
  • Los franquistas de Vox se han convertido en la tercera fuerza política.
  • Perdón, una satisfacción impagable para Iglesias desde aquel café en Nou Barris de 2015: la debacle de Rivera.

Europa, voy terminando, pero antes, por favor, escucha esto.

El ex presidente Rodríguez Zapatero, a quien bien conoces, acaba de declarar, textualmente, lo siguiente: “Nunca oí hablar de alguien llamado Villarejo. Me quedé en ‘shock’ al enterarme”. Yo le creo.

En ocasiones me pregunto que interés pueden tener los poderes ocultos en enviar a quienes sabemos que los defienden a competir en las urnas. Con seguir manejando los hilos desde las tramoyas y dosificando la información a los figurantes deberían de tener bastante. Si entre Sánchez e Iglesias no han pactado esta vez, desde luego entre bambalinas, envenenar hasta la muerte ese cáncer del “Deep State”, con una oferta suficiente a ERC y demás nacionalistas, jamás saldremos de ese círculo vicioso que cada vez nos devuelve al principio.

No te creas, Europa, que esta carta abierta ha sido fácil. Al igual que ha ocurrido con tantos y en tantas ocasiones desde siempre, en España te llaman traidor, o como mínimo chivato, por mucho menos de lo que acabas de leer y que, a fin de cuentas, no incluye nada que no sepas.

Por último, disculpa, Europa, si hasta el final de esta carta habré repetido un montón de veces palabras con el “euro” dentro. Lo he hecho a conciencia, para compensar que nuestra Constitución solo la cite en 2 ocasiones, y por obligación desde la crisis, mientras, por ejemplo, la de la República Francesa lo hace en 51 y la Ley Fundamental de Alemania 42 veces, según me ha informado un tal “geógrafo reactivo”, también lector de estos rollos.

O que el rey que tenemos solo haya incluido 12 palabras “euro”, en medio de las 9.830 palabras que ha empleado durante sus 7 discursos más escuchados, los de Navidad más aquel en el que vertió más amenazas contra los catalanes que no quieran seguir en España, tareas a la que tanto se han volcado desde entonces los poderes del Estado.

Y, además, nunca es tarde para dorarle la píldora a quien se le va a pedir un favor que puede ser la solución.

Ese pequeño favor que puede ser la solución que te pedía al principio.

Europa, ahora que tu Tribunal de Justicia ha sentenciado que más Europa y menos trámites inútiles en los estados para ser parlamentario europeo…

Ahora que tu Parlamento ha aplicado en dos días los efectos favorables de esa misma sentencia a los perseguidos que, en cambio y en España, el juez Marchena ha decidido tomarse con la prepotente parsimonia de ni se sabe cuánto es lo que va a tardar en sacar al eurodiputado Junqueras, el preso que habéis inmunizado, de la cárcel, si es que finalmente lo hace, y por aquí no hay nadie capaz de meter en la vereda europea a ese presidente de Sala de lo Penal de nuestro Tribunal Supremo…

Y ahora que incluso tu Banco Central se ha dirigido a nuestra Audiencia Nacional juntando en la misma frase las palabras “BBVA” y “Villarejo” para proteger los intereses de los inversores que son inocentes de los delitos que se están investigando, es el momento, Europa, de seguir cabalgando a lomos de esta racha de viento democrático, nacida, quizás, como reacción al peligro autoritario que progresa en España…

… ahora es el momento en el que tú, Europa, decidas y proclames que ya no hay ningún problema de corrupción ni de fronteras en cualquier país europeo que se pueda considerar un problema interno de ese mismo país europeo.

Tienes que decidir, de manera solemne pero inmediata, que quieres mediar en el conflicto, perdón, simplemente “problema”, que hay entre la Generalitat de Catalunya con su Parlement, ambos a una, y La Moncloa de España con su Congreso, con una mayoría que, como se sabe incapaz, te podría estar esperando.

Pero no digas que vas a enviar un “relator” ni con un certificado de inocencia en la boca emitido por la Real Academia Española, porque hasta Franco sería capaz de abandonar el nuevo destino desde el que nos sigue vigilando y volver a encender la lucecita del Pardo.

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