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El rey ha pronunciado este jueves su sexto discurso de Navidad, el más difícil de todos, y lo ha hecho sin aludir a su padre en ningún momento. El año en que Juan Carlos I de Borbón se ha quedado sin la asignación constitucional, cuando tiene a las fiscalías española y suiza indagando en el origen de su fortuna, cuando se ha visto obligado a presentar una regularización fiscal de su dinero en B y ha tenido que huir del país para rebajar la presión sobre la monarquía, el discurso de Felipe VI no ha incluido mención alguna al rey emérito.

«Estamos viviendo unas circunstancias verdaderamente excepcionales debido a la pandemia», ha dicho al comienzo de una intervención dominada por la lucha contra el coronavirus, para la que ha pedido «un gran esfuerzo colectivo, en el que cada uno siga dando lo mejor de sí mismo» y alcanzar lo que ha denominado el «gran objetivo nacional». Así, ha considerado que los retos que están por venir son «enormes, pero no insalvables».

Felipe VI solo ha dejado un mínimo espacio para una defensa en abstracto «de los principios morales y éticos que obligan a todos y están por encima de cualquier consideración, de la naturaleza que sea, personal o familiar». «Así lo he entendido siempre, en coherencia con mis convicciones, con la forma de entender mis responsabilidades como jefe del Estado», ha añadido.

Ahí ha quedado contenido cualquier atisbo de alusión a los escándalos que rodean a la Corona, arrastrados durante años y que han cristalizado en 2020 con la decisión de Felipe VI de renunciar a su herencia y quitarle a su padre el dinero que percibía del Estado, con las pesquisas judiciales pero, sobre todo, con la opaca huida de Juan Carlos a los Emiratos Árabes, de los que ha dicho que no piensa regresar por el momento.

Desde allí, y a través de su abogado, realizó hace un par de semanas una regularización de casi 700.000 euros para impedir la investigación sobre el uso de las tarjetas opacas. Nada de eso ha tenido hueco en el discurso de Felipe VI.

El rey ha comenzado su intervención con un recuerdo a los fallecidos por la COVID, que en estas fiestas «dejan un vacío imposible de llenar». Y también ha dedicado unas palabras a quienes se encuentran el plena lucha contra la enfermedad o sus secuelas: «A todos os envío hoy mi mayor ánimo y afecto».

Ha incidido en que 2020 ha sido un año «muy duro y difícil» por la pandemia y por sus consecuencias económicas, y ha hecho referencia a la «angustia de apenas llegar a cubrir las necesidades básicas» o a la «tristeza de tener que abandonar un negocio». Ante el desánimo que pueda provocar esa situación, el rey ha pedido «determinación y seguridad» como respuesta a «una crisis tan seria».

Así, ha pedido a lo españoles «ánimo y esperanza». «A lo largo de las últimas décadas, ante dificultades también graves, siempre hemos sido capaces de superarlas», ha dicho Felipe VI, que ha elogiado el trabajo de los sanitarios «por su enorme esfuerzo, su extraordinaria profesionalidad y su gran humanidad con los enfermos».

En su discurso ha dicho que la salida a la crisis sanitaria llegará gracias a «la ciencia y a la investigación». Para la lucha contra la crisis económica ha pedido «fortalecer el tejido empresarial y productivo, industrial y de servicios», y ha incluido un reconocimiento a «los autónomos y comerciantes, tan golpeados estos meses». En esa batalla por la recuperación económica ha mostrado especial preocupación por los jóvenes –»España no puede permitirse una generación perdida»– y por los más vulnerables –»Es una cuestión de dignidad entre quienes formamos una misma comunidad política»–.

En la lucha por superar esta situación, Felipe VI ha afirmado que contamos «con lo más importante, las personas», entre los que ha destacado a quienes «han puesto su trabajo al servicio de los demás»; con un «estado sólido» del que ha destacado sus servicios públicos, aunque la pandemia «ha revelado aspectos que necesitan ser mejorados y reforzados»; con la Unión Europea, que «ofrece una oportunidad histórica para avanzar y progresar»; y con «el sistema de convivencia democrática».

Es ahí cuando el rey, al que algunos de los sectores más radicales del Ejército se han dirigido este año para ponerse a su servicio frente al Gobierno «socialcomunista y filoetarra«, se ha detenido y ha ahondado en «los avances y progresos conseguidos en democracia». Son el resultado, ha dicho, del «reencuentro y el pacto entre los españoles después de un largo periodo de enfrentamientos y divisiones». Se ha referido también al necesario «respecto a la pluralidad y las diferencias» y a la «capacidad de dialogar y llegar a acuerdos».

En ese punto ha ligado los principios democráticos y «el cumplimiento de las leyes» con la necesidad de «preservar los valores éticos». Ha rememorado entonces su discurso de 2014, cuando fue proclamado rey: «Me referí a los principios morales y éticos que los ciudadanos reclaman de nuestras conductas. Unos principios que nos obligan a todos sin excepciones; y que están por encima de cualquier consideración, de la naturaleza que sea, incluso de las personales y familiares».

Esa mención abstracta ha llegado casi al final, antes de proclamar que «no somos un pueblo que se rinda o que se resigne en los malos tiempos» y resaltar que «vamos a salir a adelante». Y así, en el año del coronavirus y en el que Juan Carlos de Borbón ha huido del país cercado por los escándalos, Felipe VI, su sucesor en el trono, se ha despedido confiando en que 2021 mejorará a 2020: «No será difícil».

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