Emergencia climática: moda, hipocresía o problema real

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Economista y sociólogo. Es miembro de Iratzar Fundazioa

  • Ha llegado el momento de cuestionarse el propio modelo de desarrollo de nuestras sociedades y de nuestra civilización.

La preocupación sobre el cambio climático va en aumento. No es de extrañar. Estamos asistiendo a los veranos más cálidos de los últimos años, tormentas impresionantes, grandes inundaciones e incendios sin precedentes… Todo ello pone en evidencia la gravedad de lo que está sucediendo.

Precisamente, y con el objetivo de subrayar dicha gravedad, los expertos en la materia han venido reclamando la superación del término “cambio climático” por los de “crisis climática” o “emergencia climática” y, obviamente, exigen la toma de medidas acorde con dicho posicionamiento.

Por su parte, diferentes iniciativas sociales a nivel mundial han elevado el tema a uno de los primeros puestos de la opinión pública internacional. Con todo ello, los medios están dando a conocer, como nunca, un buen numero de artículos y entrevistas sobre la crisis climática y los problemas ecológicos a los que nos enfrentamos. Las declaraciones e iniciativas políticas o institucionales se multiplican. Es cierto que hay mucha hipocresía en torno al tema y que hay quien, con declaraciones institucionales llenas de retórica medioambiental, pretende esconder todas las políticas antiecológicas que llevan a cabo en el día a día. Pero en todo caso, el debate se ha abierto con fuerza y no es poco. Las reflexiones y propuestas de agentes políticos, sociales y económicos se multiplican y todo indica que, afortunadamente, el tema de debate ha venido para quedarse.

Vivimos tiempos donde las distopías y un imaginado futuro catastrófico pretenden atrofiar nuestras mentes para imposibilitar una reflexión creativa y transformadora

El objetivo de este artículo no es entrar a valorar las diferentes propuestas que, para hacer frente a la emergencia climática, se están haciendo publicas. Nuestro propósito es mucho más modesto. Simplemente queremos reflexionar sobre la dirección de dichas propuestas y sobre la necesidad de una mirada crítica a la hora de abordar la crisis climática, tanto en sus orígenes como en sus consecuencias. Evidentemente, la mirada condiciona nuestro quehacer y, por supuesto, ese y no otro es nuestro último objetivo: ayudar a la tarea de la transformación económica, social y medioambiental de la sociedad actual.

En primer lugar, hay una idea que nos gustaría subrayar. Vivimos tiempos donde las distopías y un imaginado futuro catastrófico pretenden atrofiar nuestras mentes para imposibilitar una reflexión creativa y transformadora. Ante ello, queremos poner en valor la necesidad y la posibilidad de una auténtica transformación social y afirmamos que existen alternativas al actual estado de las cosas, en lo económico, en lo social y también en lo medioambiental. No somos ingenuos, nos consta la cantidad de intereses económicos existentes tras la crisis ecológica, pero hemos de afirmar que luchamos porque creemos que otro mundo mejor es posible. Repetimos, otro mundo es posible. Proyección optimista y compromiso social.

La razón de la crisis climática ha de ser comprendida como resultado de un sistema capitalista, colonial y patriarcal cuyo objetivo último es la acumulación permanente de capital

Uno de los retos más importantes que como civilización tenemos de cara a los próximos años es hacer hegemónico un marco perceptivo basado en un verdadero respeto por la naturaleza y por nuestra Amalurra (Pachamama). Lo que estamos viviendo no es el resultado de ningún ciclo natural. La crisis ecológica que padecemos es un fenómeno que responde claramente a los efectos de la actividad humana. Estamos poniendo en grave riesgo el futuro del planeta y de sus recursos naturales y con ello, la biodiversidad en general y el futuro de nuestra especie en particular. Y cuando hablamos de actividad humana queremos decir que, en la actualidad, ésta ha de ser analizada en el marco de un sistema capitalista y patriarcal devorador de recursos naturales y que arrasa el planeta en beneficio de unos pocos.

Para ello, la crisis climática ha de ser caracterizada como un problema social y global. No es un problema sectorial. La crisis ecológica no es fenómeno que afecta a un determinado aspecto de nuestras vidas. La emergencia ecológica no es una moda identitaria a la que podemos mirar de forma recelosa. La crisis ecológica es un problema social y global de primer grado, que afecta directamente a nuestra vidas y nuestros cuerpos. Es uno de los problemas sociales más importantes de los que padecemos en la actualidad y que se puede y debe comprender en el marco del resto de crisis provocadas por el sistema capitalista y patriarcal (la crisis alimentaria, de los cuidados, energética, migraciones y, cómo no, las crisis económicas que multiplican la pobreza, el paro y la precariedad).

Resulta imposible basar un crecimiento infinito en unos recursos finitos. Es incompatible. No hace falta ser economista para darse cuenta de que no dan las cuentas

La primera premisa del pensamiento crítico es acudir a la raíz de los problemas. En el caso de la crisis climática la razón de la misma ha de ser comprendida como resultado de un sistema capitalista, colonial y patriarcal cuyo objetivo último es la acumulación permanente de capital. Para ello, somos empujados a un consumo salvaje e infinito. La homogeneización económica, social y cultural a la somos sometidos tiene un único objetivo: acabar con culturas, costumbres, lenguas y características locales para convertir el planeta en un gran y único mercado. El “desarrollo” infinito del capitalismo global del siglo XXI necesita de la explotación y esquilme permanente y sine die de Amalurra y de todos sus recursos naturales. Obviamente, resulta imposible basar un crecimiento infinito en unos recursos finitos. Es incompatible. No hace falta ser economista para darse cuenta de que no dan las cuentas.

Ha llegado el momento de empezar a tejer un nuevo modelo económico, social y medioambiental. Y habiendo mencionado ya a los economistas, en primer lugar, hemos de reivindicar la necesidad de una nueva y más amplia mirada económica. El paradigma principal de la economía en la que son adoctrinados en las universidades miles y miles de jóvenes ofrece una mirada miope (incapaz de ver más allá) e hipermétrope (incapaz de enfocar lo cercano y lo real).

No se trata de crecer más o menos, se trata de empezar a repensar en qué debemos crecer y en qué decrecer

Es necesario entrelazar una nueva mirada basada en las economías críticas que posibilite la comprensión, por ejemplo, del papel que tienen los cuidados en la reproductividad de nuestras vidas. Es necesaria una mirada que integre la importancia vital de los recursos naturales en la sostenibilidad del sistema y, por ende, del planeta. Es necesaria una mirada que visibilice las dramáticas consecuencias sociales de la famosa mano invisible. Es necesaria, por tanto, una mirada económica que de forma crítica visualice todas las explotaciones y que con ello colabore en la superación de las mismas y en la (re)creación de un nuevo modelo económico y social que garantice, también, las sostenibilidad y la reproductividad de los recursos naturales.

Más allá, incluso, del propio sistema capitalista, ha llegado el momento de cuestionarse el propio modelo de desarrollo de nuestras sociedades y de nuestra civilización. No se trata de crecer más o menos, se trata de empezar a repensar en qué debemos crecer y en qué decrecer. Necesitamos nuevos imaginarios sociales. Uno de los mayores logros del sistema capitalista y su versión neoliberal actual ha sido hacernos tragar hasta las entrañas el imaginario consumista.

Ese nuevo modelo no va a emerger de la nada, ni se va a poner en marcha de forma automática a partir de un día “D”. La transición ecológica es urgente y necesaria y va a tener que partir, irremediablemente, desde la realidad actual

Por ello, hemos de luchar para hacer hegemónica la idea del buen (con)vivir o de vida buena para todas y, claro está, ello nos lleva a replantearnos y reinventar la idea de lo que es una vida buena o el buen vivir. En definitiva, necesitamos de una nueva mirada crítica con la que observar la realidad y plantearnos su transformación. No se trata de maquillar la realidad actual, se trata de dibujar enteramente una nueva sociedad, en lo económico, en los social y en lo medioambiental.

En todo caso, ese nuevo modelo no va a emerger de la nada, ni se va a poner en marcha de forma automática a partir de un día “D”. La transición ecológica es urgente y necesaria y va a tener que partir, irremediablemente, desde la realidad actual. La brújula hacia un nuevo modelo nos marca el rumbo, pero nuestras coordenadas actuales nos obligan a empezar a dar pasos, aquí y ahora, en esa nueva dirección.

Ha llegado el momento de pensar, debatir, acordar y, sobre todo, poner en marcha la mencionada transición socioecológica. En materia energética, de transportes, de alimentación, cuidados, tecnología, en los sectores denominados productivos, en la educación, políticas de residuos, urbanismo o políticas públicas en general o en materia de relaciones comerciales.. .en todas ellas y en otros campos que seguro se nos escapan, se pueden tomar (se están tomando ya en alguno casos) medidas concretas, reales y muy prácticas para avanzar mediante una transición socioecológica real hacia un nuevo modelo socioeconómico, respetuoso y garante de la sostenibilidad de la vida y de los recursos naturales. La clave está en la necesidad de relacionar y tejer todas esas propuestas e iniciativas en una nueva dirección que empiece a dar cuerpo y lógica a la construcción de dicho modelo.

Hemos de reivindicar y las posibilidades del modelo de desarrollo local para levantar un nuevo modelo, precisamente, de abajo a arriba que garantice la participación popular y de los agentes implicados

Tres son en nuestra opinión las referencias sobre las que podemos orientar la necesaria transición ecológica. En primer lugar, y cuando en nombre de la globalización se nos impone un modelo de arriba a abajo que nos dicta qué y cómo producir y consumir, nosotros hemos de reivindicar y las posibilidades del modelo de desarrollo local para levantar un nuevo modelo, precisamente, de abajo a arriba que garantice la participación popular y de los agentes implicados.

Desde los pueblos, hacia las comarcas y desde éstas hacia Euskal Herria, para aportar desde nuestro pueblo lo que esté en nuestra manos a la necesaria transición ecológica mundial. Las dinámicas de soberanía alimentaria, de soberanía energética, de cero residuos, de gestión de los comunes o de nuevos modelos industriales pueden ser una referencia para potenciar y diversificar los mencionados procesos de desarrollo local.

Garantizar y luchar por la titularidad pública de los recursos naturales y exigir la necesaria intervención pública en dicha transición ecológica se convierte en una necesidad imperiosa

En segundo lugar, y en el marco de un mundo donde cada vez más gobiernan las transnacionales, hemos de subrayar y luchar por la defensa de los comunes y de los bienes, servicios y políticas públicas. Garantizar y luchar por la titularidad pública de los recursos naturales y exigir la necesaria intervención pública en dicha transición ecológica se convierte en una necesidad imperiosa para frenar las ansias devoradoras de recursos naturales que tienen las grandes transnacionales y tomar las medidas necesarias para una transición ecológica, real y efectiva.

Y finalmente, para frenar el actual proceso de destrucción masiva de nuestra Amalurra y tomar las medidas y políticas necesarias para la implementación de dicha transición ecológica necesitamos, irremediablemente, soberanía política. La necesidad de soberanía no es solo una reivindicación que hacemos desde un punto de vista identitario, cultural o lingüístico, es un elemento imprescindible para garantizar la toma de decisiones en materia social, económica y, también, en materia medioambiental. Solo el respeto a la soberanía de los pueblos puede garantizar la consecución de una ciudadanía soberana, empoderada y comprometida con un planeta y un mundo mejor.

Una brújula y un mapa, es lo único que tenemos para superar una crisis climática que amenaza nuestro futuro

El movimiento y la lucha ecologista tiene afortunadamente una larga historia en nuestro pueblo: Lemoiz, Las Bardenas, la autovía, el TAV, las dinámicas contra el fracking o la incineradora, el movimiento Bizi… Además de todas esas dinámicas y luchas de respuestas, afortunadamente se están multiplicando y consolidando dinámicas y alternativas reales en muchos de los campos que ya hemos mencionado. La tradición de auzolan —trabajo comunitario— y cooperativa de nuestro pueblo también tiene mucho que ofrecer y aportar ante este nuevo reto.

Reflexionar sobre un nuevo modelo que haga de brújula permanente, mientras damos pasos, aquí y ahora, en el marco de una transición social y ecológica que se presenta urgente e irremediablemente necesaria. Pensar y actuar, y saber que los propios pasos nos darán más pistas para repensar y reactuar. Una brújula y un mapa, es lo único que tenemos para superar una crisis climática que amenaza nuestro futuro. No es mucho, pero si sumamos voluntades en la consecución de un nuevo sentido común en favor de los bienes comunes y una vida buena en común, quizás sea suficiente.

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