
Ayer se cumplieron setenta y cinco años de la salida clandestina de El Telémaco, un motovelero con capacidad para treinta personas en el que se hacinaron 170 hombres y una mujer, en su mayoría gomeros.


Mi abuelo, Benjamín Ascanio, fue uno de esos emigrantes clandestinos. Fue uno de los de El Telémaco que se quiso jugar la vida por lograr una libertad que no tenía en su tierra. Cinco años antes había sido detenido por repartir panfletos que pedían libertad y democracia, su hermano mayor estaba en el exilio y había visto como a muchos de sus primos los habían matado o vivían en el exilio. En 1981 contó su experiencia personal de esos angustiosos 43 días de navegación en el Diario de Avisos, apenas sin agua y comida. Me gustaría destacar algunos extractos de sus recuerdos:
Al cabo de más o menos una semana se empezó a racionar el agua, tomando solo la cuarta parte de una leche condensada dos veces al día, montándose guardia junto al barril para que no se cometieran abusos: “Hubo momentos en los que la sed llegó a ser tremenda, concretamente yo llegué a perder 11 kilos”…”llegué a tomar gofio con agua salada porqué, equivocadamente, creía que era mejor que la deshidratación y no hacíamos sino bañarnos continuamente para apagar la sed”.
El 27 de agosto se encontraron con El Campante, un petrolero español capitaneado por José Muñoz de Bustillo, que había participado en la Guerra del bando franquista. Mi abuelo dice: “les pedimos una carta de navegación, libro de faro, agua, petróleo, etcétera. No nos dejaron atracar junto a su barco, no arriaron ni siquiera un bote para acercarnos lo que nos daban, lo echaron al mar. Un barril de petróleo, dos barriquitas de agua, una lata de aceite, arroz, fue lo que tuvimos que recoger, tirándonos en pleno Caribe al mar. Es decir, solo cumplieron con las normas estrictas de ayuda en navegación. Tenían la idea de que todos éramos comunistas, huidos”. Ese trato inhumano dejó una huella en la memoria de muchos de los participantes de esa expedición.Otro de los migrantes, José Chinea, recordó años después su experiencia en La Orchilla. Decía: “Allí había que comer en la costa: lapas, burgados, pescado… Así escapamos. No nos tenían encerrados. Es que no hacía falta que nos vigilaran; no había por donde escapar. Dormíamos donde ponían al ganado, en el suelo y sobre paja. A parte, una vez en semana venía un barco a traernos comida. No estábamos sólo los del Telémaco. Había canarios de otros barcos que habían llegado poco antes que nosotros. Seríamos más de trescientos o cuatrocientos de todas las Islas”.
En la memoria emborronada de la Canarias actual se alzan voces contra los migrantes, los pobres, que como nuestros padres y abuelos, trataron de jugarse la vida por un futuro de libertad y de mejora. La misma semana donde es noticia que trabajadores de vacaciones en la playa se lanzan a “capturar” jóvenes migrantes llegados de África, en un espectáculo de racismo vergonzoso, conviene recordar aun con más fuerza aniversarios como este.
Fuentes utilizadas
Martín Rodríguez, Nestor. La emigración clandestina de la provincia de Santa Cruz de Tenerife a Venezuela en los años 40 y 50. Aula de Cultura de Tenerife. 1988.
Marrero, José, García Luis, Ricardo y Croissier, Lorenzo. Así se hicieron a la mar. El Telémaco. Santa Cruz de Tenerife. 1989
Emigración gomera a Venezuela: https://gomeraverde.es/archive/64162/emigracion-gomera-a-venezuela-recuerdos-del-telemaco
Diario de Avisos 31 de marzo 1981 p42
Solidaridad Obrera. 26 de mayo de 1950. p2
Imperio. 16 de diciembre de 1949. p1
Pueblo. 15 de diciembre de 1949. p2
7 fechas : el periódico de toda la semana. 19 de abril de 1955. p5
Falange. 29 de junio de 1949. p2
Falange. 13 de noviembre de 1949. p2
Falange. 29 de marzo de 1950. p6
Solidaridad Obrera. 17 de diciembre de 1949. p1

