Casimiro Curbelo
Hay una parte esencial de la historia de La Gomera que no está escrita en los libros, pero permanece en cada bancal, en cada camino y en cada uno de nuestros pueblos. Es la historia de miles de mujeres que, con su esfuerzo y sacrificio, contribuyeron a levantar nuestra isla, a sostener a sus familias y a mantener vivas nuestras tradiciones, incluso en los momentos de mayor dificultad.
El Día Internacional de las Mujeres Rurales nos brinda la oportunidad de reconocer esa contribución, demasiadas veces silenciosa e insuficientemente valorada. Pero también debe servirnos para reflexionar sobre el presente y, especialmente, sobre el futuro que queremos construir.
Porque hablar de la mujer rural es entrar en nuestra propia identidad. De aquellas generaciones que trabajaron la tierra, cuidaron el ganado, afrontaron la emigración y sacaron adelante sus hogares en condiciones extraordinariamente difíciles. Mujeres que fueron agricultoras, ganaderas, emprendedoras y cuidadoras, aunque muchas veces su trabajo no se tradujera en derechos laborales, independencia económica o una protección social adecuada.
En La Gomera conocemos bien esa realidad. Nuestra geografía, marcada por la dureza del territorio y las dificultades de comunicación, exigió siempre un esfuerzo adicional. Y ahí estuvieron las mujeres, desempeñando un papel fundamental en la conservación de nuestro paisaje, nuestras costumbres y nuestra forma de entender la vida.
Sin embargo, no podemos conformarnos con admirar su capacidad de sacrificio. Tenemos la obligación de evitar que las nuevas generaciones deban afrontar las mismas desigualdades. Ese es, precisamente, el verdadero sentido del progreso.
Hoy, muchas mujeres siguen encontrando obstáculos para desarrollar un proyecto de vida en nuestros pueblos. Las dificultades de acceso a la vivienda, la financiación, la conciliación familiar o las oportunidades laborales condicionan su autonomía y, en demasiadas ocasiones, las empujan a buscar su futuro lejos de sus raíces.
Por eso, defender a la mujer rural no puede limitarse a un reconocimiento institucional cada 15 de octubre. Exige políticas públicas que faciliten el emprendimiento, impulsen el relevo generacional, fortalezcan los servicios esenciales y garanticen que vivir en nuestros municipios sea una elección libre y viable.
Desde el Cabildo de La Gomera hemos reforzado nuestro compromiso con el sector primario y la actividad empresarial, conscientes de que apoyar a quienes producen, emprenden y generan empleo es también una manera de combatir la despoblación y preservar nuestro territorio. Pero debemos seguir avanzando, porque las ayudas solo tienen verdadero sentido cuando se convierten en oportunidades, estabilidad y bienestar para las personas.
Las mujeres rurales no necesitan que les atribuyamos, una vez más, toda la responsabilidad de mantener vivos nuestros pueblos. Necesitan disponer de los recursos, los derechos y las oportunidades que les corresponden para decidir libremente dónde y cómo quieren vivir.
Coincidiendo con estas fechas, quiero expresar mi reconocimiento a todas ellas y, de manera especial, a las que han sido galardonadas por el Cabildo, la Asociación de Mujeres Gara y Aider. Sus trayectorias representan generaciones de trabajo, emprendimiento, solidaridad y compromiso con La Gomera.
El mejor homenaje que podemos ofrecerles no consiste únicamente en recordar lo que hicieron, sino en garantizar que quienes vienen detrás puedan llegar todavía más lejos. Porque el futuro de nuestros pueblos también se escribe en femenino. Y tenemos la responsabilidad compartida de hacer que ese futuro esté lleno de oportunidades.

