28/11/2020

El gobierno brasileño se sumió en una fuerte controversia al promover la autonomía de los ciudadanos para decidir si quieren recibir o no la vacuna contra el coronavirus cuando esté lista, ya que ello fortalece a los movimientos negacionistas y contraviene los consensos médicos y sociales que permitieron combatir otras pandemias a lo largo de la historia.

«Nadie puede obligar a nadie a darse la vacuna», afirmó Bolsonaro el lunes en un diálogo que mantuvo con sus militantes en la entrada de la residencia presidencial. «No deje avanzar las vacunas, son peligrosas», le había pedido uno de ellos, a quien el mandatario tranquilizó asegurándole que sería opcional. Recibió una ovación.

Aunque las declaraciones de Bolsonaro se dieron en un marco informal, se oficializaron más tarde a través de un tuit publicado por la Secretaría de Comunicación de la Presidencia.

«El Gobierno de Brasil ha invertido miles de millones de reales para salvar vidas y preservar puestos de trabajo. Ha establecido una asociación e invertirá en la producción de vacunas. Recursos para estados y municipios, salud, economía, todo se hará, pero imponer obligaciones definitivamente no está en los planes», advirtió.

De esta manera, de manera inédita, el gobierno brasileño respaldó las campañas antivacunas promovidas por grupos extremistas que apoyan cada vez más a Bolsonaro, quien, de manera contradictoria, ha logrado acuerdos para desarrollar dos vacunas gracias a la capacidad científica que tiene el país sudamericano, que ocupa el segundo nivel de contagios y muertes a nivel mundial después de Estados Unidos.

Críticas al Gobierno Brasileño

Las críticas estallaron de inmediato. La vicepresidenta de la Sociedad Brasileña de Inmunizaciones, Isabella Ballalai, denunció que los dichos del presidente son irresponsables porque confunden a los ciudadanos con respecto a la efectividad de las vacunas, mientras que el médico Luiz Fernando Correia las calificó como «frases disparatadas», ya que militar contra las vacunas pone en riesgo a toda una sociedad.

Joao Doria, gobernador del estado de San Pablo, aseguró que la vacuna debería ser obligatoria. «No imagino, como cristiano que soy, que alguien reniegue de la posibilidad de continuar viviendo, que alguien opte por la muerte», afirmó.

El debate se reflejó también en las redes sociales, en donde detractores y defensores de Bolsonaro se confrontaron para criticar o defender su posición.

La cineasta Petra Costa ironizó al escribir que, si la decisión de vacunarse es de cada uno, entonces también lo es el derecho al aborto, el amor a personas del mismo sexo y fumar marihuana, en referencia a derechos que son rechazados por el presidente.

Otros usuarios denunciaron que Brasil es el primer país del mundo que lanza una campaña oficial contra las vacunas y subrayaron el peligro de estas posturas porque pueden abrir la puerta al regreso de enfermedades que ya habían sido erradicadas.

Por el contrario, los defensores del mandatario aseguraron que «solamente le está dando libre arbitrio» a los brasileños, lo que es un ejemplo de democracia porque no los forzará a hacer lo que no quieren.

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