lun. Ago 26th, 2019

Un siglo moliendo el gofio gomero

Pablo Jerez Sabater

Alcibiades García recupera un motor de 1919 que muele uno de los mejores secretos de la isla colombina

 

En Las Rosas, un barrio de Agulo de la isla de La Gomera, vive Alcibiades García. Quizá el sonido de los motores de la vieja molienda junto a la que se crió le llevó a estudiar automoción. Los motores no son un secreto para él. Recuperó en Arguayoda (en el sur de la isla) un viejo motor de 1919 con poca información. Su origen estaba en Cataluña. Un fabricante apenas construyó unas decenas de estos motores de molienda. Él arregló el único que existe. Y lo pone a funcionar. 20 minutos exactos tarda en calentarse. De reloj. Y cuando empieza a calentarse y el grano y sal entran en escena, la saca (traída de Cuba) recoge el gofio más auténtico de la isla colombina.

La Molina Vieja, que así se llama esta molienda recuperada, está en las faldas del Cepo. Un lugar mágico del municipio de Agulo, quizá como el gofio que se tuesta (con arena negra, como marca la tradición) en este lugar. De pequeño creció con el sonido de una molina junto a la casa de sus abuelos y, quién sabe, aquella imagen de infancia se convirtió en un sueño hecho realidad cuando recuperó un viejo y desahuciado molino de José Mesa Mesa en el sur de la isla, con licencia de 1926, pero que, según sus familiares, molía desde siete años antes, por lo que el molino restaurado lleva haciendo su trabajo exactamente cien años. Ahí es nada. Súmenle que, según sus estudios, fue la primera molina de motor puesta en funcionamiento en La Gomera.

Restaurarla no fue fácil: motor, mecanismo, partes de madera, piedras rectificadas… Y los sábados, a moler. Vienen los vecinos con su millo, arranca la molina, y a hacer gofio. Y no cobra por ello. El único requisito que pone es que el grano sea local, y así recuperar el cultivo de los cereales en la isla, aunque no es demasiado optimista al respecto.

Alcibiades tiene obsesión por los molinos. No sólo usa este centenario de motor, sino que conserva –y restaura- de todo tipo: de máquina, de turbina, de mano de dos versiones… Y encima restaura cuando así se lo piden. Hace un año restauró el molino de San Bartolomé, en Lanzarote, y el de La Longuera en La Laja, en San Sebastián de La Gomera. Y dentro de poco irá a Fuerteventura, a Tetir.

Al final todo es el boca a boca. Los vecinos le comentan dónde pueden haber piezas, otros se las llevan, alguna las consigue preguntando… Así es como consiguió una molina de turbina que estaba en Erque, en las medianías gomeras, totalmente inutilizado. Hoy está a punto para su trabajo en La Molina Vieja.

Le gustaría en algún momento comercializar su propio gofio, pero no es fácil. Yo lo único que les puedo decir es que cuando lo probé recordé el sabor de mi infancia, al millo tostado, al gofio fino más puro. Aquellos olores que te atrapan siendo niños y que no olvidas cuando creces. Si visitan el norte de La Gomera pregunten en Las Rosas por la casa de Alcibiades García, la casa donde el gofio se sigue moliendo como hace un siglo.

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