30/11/2020

Toño Arteaga, recuperar la memoria a través de las maquetas

Magua es un canarismo que se asimila a nostalgia, lástima, desconsuelo por la falta, pérdida o añoranza de algo. El rostro de Toño es un rostro con magua.

Nació y creció al lado del mar, en El Camino de La Hila, en San Sebastián y comenzó de niño haciendo barquitos de platina, después con palmones ( de las palmeras ) y luego canoas de lata que se utilizaban en la bahía para ir a los barcos fondeados o como barco  propio para pasear o pescar. Más tarde pero siendo todavía muy joven surgieron las maquetas y hasta hoy.

Remos, barraganetes, motones, pastecas, poleas, cabos, bicheros, tambuchos, mástiles, trinquetes, mesana… todo se construye en proporción al tamaño del barco y en relación con los usos que desarrollaba esa pieza, ese navío. Lleva muchos años con ese trabajo, con ese arte y aprendiendo siempre, sumando nuevos instrumentos y herramientas, internet ha sido fundamental para buscar y para adquirir conocimientos sobre la construcción a escala y para la documentación histórica de los modelos.

El traer un modelo base de La Península o maderas se ha convertido en una tarea imposible, se le aplica una fiscalidad disparatada que convierte a Canarias, en un lugar extraño o con el que no se quiere comerciar. Una auténtica barbaridad. Sin embargo, Toño busca las maderas, las recupera de piezas viejas, hace lo indecible para conseguir la materia oportuna y necesaria para sus obras.

Habla el lenguaje de la mar, de los marineros, con modales de viejo pescador encuclillado en la playa a la sombra de un bote… Y vive en la profundidad de un barranco, de La Laja, entre montañas, lejos de la sal y la arena.

No le gusta el San Sebastián de hoy, dice “que es lo menos Gomera de toda la isla. No queda nada de lo que viví en mi niñez, todo está cambiado, la plaza redonda, la playa, el muelle, la Punta de Los Canarios. Hay demasiado ruido, demasiada gente…

A mí me gusta lo chico, aquí, en La Laja, hay tranquilidad, toda la del mundo”.

Antes Toño iba a las fiestas, a todas las de la isla, “donde la música, los acentos, hablar con la gente vieja, me encantaba…me llevaban al cielo”. Nombra al Pie de La Cuesta, Santa Clara de Teselinde, Gerián y además remarca los nombres y su lucha por no perder la toponimia tradicional.  “Nadie se preocupa por conservarla, a Avalos lo llaman Ávalos y como sigamos así le dirán Ávalom como si fuera inglés”… La ignorancia, la pereza y la desidia de los responsables públicos contribuyen a esta pérdida de nuestro patrimonio cultural.

Lleva muchos años trabajando con Güido Kolitscher que ha sido un privilegio de maestro personal y le ha llevado a amar el arte y la plástica.

En casa de Toño, en La Laja, hay libros, maderas, lápices, mesas con planos y un cierto espíritu renacentista, hay de todo, eso sí, ordenado, cada cosa en su sitio y puedes ver como entra la luz en lo hondo de La Laja desde el sureste, desde las lomadas altas de La Villa mientras acaricias la borda de un pequeño bergantín y notas el suave calor de la memoria, del recuerdo.

( Toño Arteaga es componente del grupo de artistas del VIAJE INTERIOR IV )

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