mié. Jun 26th, 2019

Se pueden y se deben reciclar los desechos electrónicos

Cada año, se producen aproximadamente 50 millones de toneladas de residuos electrónicos y eléctricos. Conocidos también como e-waste, estos desechos equivalen en peso a todos los aviones comerciales jamás construidos y si se los colocara a todos juntos, podrían cubrir completamente la isla de Manhattan. Visto de esta forma, no quedan dudas de lo grave que resulta el crecimiento desmedido de desechos electrónicos, que se espera aumente un 30% hasta 2025 y de los cuales, actualmente solo se recicla el 20%. Tal como lo advierte la ONU, si no se toman medidas a tiempo, la cantidad de residuos se duplicará con creces de aquí a 2050, hasta alcanzar los 120 millones de toneladas anuales.

La aceleración de la innovación que da lugar a nuevas tecnologías y a la reducción de costes ha impulsado el acceso generalizado a productos electrónicos y tecnológicos. Tal es así que, si bien no se tiene un número preciso de la cantidad de dispositivos electrónicos que existen en el mundo, sí se sabe que hay más móviles conectados a Internet que personas. Lo que se replica también en España, que despunta en el ranking como el país con más smartphones por habitante en el mundo.

Y esta no es la única categoría en la que el país bate récords. España es también el quinto país de la Unión Europea que más basura electrónica genera. Así lo confirma el informe E-waste Monitor 2017, que indica además que en el país se producen 930.000 toneladas de basura electrónica al año. Es decir, España no solo rompe récords en términos de consumo, sino también en términos de contaminación por desechos electrónicos.

El verdadero problema detrás de estos números es que la mayor parte de los residuos tecnológicos no se reciclan. España, por ejemplo, solo recicla el 21% de los desechos electrónicos que produce. Los últimos datos disponibles de 2016 demuestran que solo se procesan 198.000 residuos, lo que coloca al país, nuevamente, por debajo de la media europea.

Las tasas bajas de reciclaje en España se ven reflejadas en los hábitos de los consumidores. El 49% de los españoles no recicla su teléfono móvil, mientras que son justamente estos dispositivos los que generan la mayor parte de los residuos electrónicos. Esta cifra se desprende del I Estudio sobre el Impacto Emocional y Económico del uso del móvil realizado por SFAM, compañía europea líder en seguros para dispositivos móviles, e Ipsos, referente en estudios de mercado. Este informe revela también que solo un 22% de los usuarios deposita su dispositivo en un punto de reciclaje.

La aceleración de la innovación que da lugar a nuevas tecnologías y a la reducción de costes ha impulsado el acceso generalizado a productos electrónicos y tecnológicos.

Si bien existen puntos verdes habilitados para depositar productos destinados al reciclaje, lo cierto es que la mayoría de los dispositivos terminan almacenados en algún cajón. Esto contribuye a la creación de basura electrónica, mientras que podrían reciclarse entre el 70% y el 90% de los componentes de cada dispositivo. La valorización de estos recursos es fundamental ya que permite recuperar las materias primas secundarias valiosas que contienen estos productos. No hay que olvidar que prácticamente todos los residuos electrónicos pueden reciclarse y que, al no hacerlo, la basura se acumula en el medio ambiente, en la tierra, el aire, el agua y los seres vivos.

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Según datos de la Unión Europea, aproximadamente un 60% de los desechos electrónicos que genera España acaban en un paradero desconocido. Lo que está en contraposición con lo establecido en el Real Decreto 110/2015 al que el país está suscripto, en el que se manifiesta que las dos alternativas principales de la jerarquía de residuos son la prevención y la preparación para su reutilización. Aunque eso significa pasar del sistema lineal actual, de fabricación, utilización y desecho, a uno circular en el que los materiales se reutilicen.

Según el estudio ya mencionado llevado a cabo por SFAM e Ipsos, el 53% de los consumidores españoles estaría dispuesto a comprar un móvil de segunda mano, si se le ofreciera una buena garantía. Mientras que el 63% consideraría reparar su móvil en caso de rotura, aunque en la práctica solo el 15% lo hace. Lo que demuestra que existe una predisposición por parte de los consumidores a alargar la vida útil de sus dispositivos y a considerar alternativas distintas a la reposición del equipo. Aunque para ello, se debe consolidar una infraestructura que promueva la reutilización.

La concientización sobre la importancia de reciclar los dispositivos en desuso es fundamental, como así también lo es la identificación de medidas alternativas que alienten un uso sostenible de estos productos. Reducir el consumo de dispositivos electrónicos es quizá, la más notoria. Retrasar el reemplazo innecesario de móviles es una medida efectiva que no debe ser pasada por alto. Pero también hay otras medidas que deben ser consideradas. Muchas empresas tecnológicas empujan a los consumidores a cambiar sus dispositivos una vez que estos sufren alguna rotura o falla.

Esto se debe a los altos precios de reparación que fijan y que terminan acortando la vida útil de los dispositivos. Algo que puede contrarrestarse, siendo precavido y asegurando los objetos conectados con planes como aquellos ofrecidos por SFAM. Y, por último, cuando no haya realmente otra opción más que reemplazar el dispositivo, se debe pensar en llevarlo a un centro de reciclaje, en lugar de almacenarlo en algún rincón perdido de la casa.

Más allá de la necesidad de reglamentaciones y normativas adecuadas, lo que se necesita también es un cambio de perspectiva en lo que concierne a la producción y al consumo de dispositivos electrónicos. A causa de la obsolescencia programada, el ciclo de vida de estos productos es cada vez menor, lo que empuja a los consumidores a seguir renovando sus dispositivos con cada vez más frecuencia. Es por ello que son varios los actores que deberán involucrarse para alcanzar una mayor sostenibilidad. Diseñadores, fabricantes, autoridades y también consumidores, deberán priorizar la reducción de desechos tecnológicos y trabajar en conjunto para alcanzar el cambio de mentalidad necesario para modificar estos hábitos que tienen un impacto devastador en el medio ambiente.

nuevatribuna.es

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