Ramón García Ascanio y el caciquismo gomero

En junio de 1903 el vapor interinsular León y Castillo llevaba hasta Santa Cruz de Tenerife a un vecino de Vallehermoso, detenido y acompañado por dos guardias civiles. Era mi tatarabuelo, Ramón García Ascanio.
La prensa deja testimonio de esta pequeña historia de arqueología familiar que traigo hoy. Decían, «ningún delito ha cometido; su única falta la constituye el hecho de haber querido sacudir el yugo del más desenfrenado, brutal e insoportable de los caciquismos que los pactistas, los amigos de León y Castillo, han implantado en la desdichada isla de La Gomera; del infame caciquismo que en Vallehermoso ejerce don Domingo García González, uno de los esbirros más crueles y decididos con que cuentan en aquella Isla».
El periódico La Opinión del 27 de junio narra este incidente y describe el papel del caciquismo que en esos primeros años del siglo XX, igual que en el siglo XXI lo hacen sus descendientes ideológicos, se marcaba como objetivo central «hallarse eternamente en el poder para satisfacer sus deseos de venganza y exterminar a los que se atreven a censurarle».
A Ramón García se le detiene por el hecho de «haber tenido una discusión más o menos violenta con Don Antonio Bethencourt, juez municipal de Vallehermoso, en la casa de este, a consecuencia de negarse sin fundamento ni razón alguna a despacharle un expediente posesorio que tenía promovido, negativa que quizá obedecía a instrucciones del cacique…».
Mi tatarabuelo sufrió ese encarcelamiento mientras su mujer, Francisca Barroso Mora, y mis bisabuelas Alicia y Eulalia García Barroso permanecían enfermas en casa (1).
No era la primera vez que se separaba de su familia y de su Isla. A Ramón le tocó la desgracia de ser de esa generación obligada a marchar a Cuba a participar en una guerra colonial triste y miserable, como todas las guerras. Regresó el 21 de septiembre de 1898 en el vapor correo Hespérides, como soldadito derrotado (2).
El juicio que sufrió, a costa del poder caciquil de los años del régimen pactista, culmina en octubre de 1904, en el que le defiende el abogado Adolfo Carrillo (3).
Unos años después Ramón vuelve a abandonar la Isla, lo sé por una vieja postal fechada el 2 de septiembre de 1910 que conservo entre los recuerdos de mi abuela. Desde Cayo Hueso, en Florida, manda una postal ilustrada con un dibujo de un soldado yankee despidiéndose de su esposa para dirigirse a «otras tierras lejanas». Ramón escribe a su hermana Eulalia a la que le dice «querida hermana. Hoy voy a terminar de mandarte la colección que desde hace tiempo empecé. Tu hermano que te quiere».
No sé en qué medida la dura experiencia vital de Ramón García Ascanio sembró semillas en las generaciones más jóvenes. Sus nietos, como Juan Pedro Ascanio García, mantuvieron  esa crítica al caciquismo isleño y gomero, ayudando al nacimiento de medios como el Altavoz. Tal vez lo que no pudo ver en sus años de juventud fue lo que tomó forma en esa incipiente República que nació años después, para ser arrasada por los viejos poderes.
Ojalá más pronto que tarde tenga algo de tiempo para acercarme a los archivos que conservan el proceso judicial y conocer las declaraciones detrás de este proceso. Seguro que serán de interés para ver ese pasado no tan lejano.
Fuentes consultadas
1. La Opinión 27 de junio 1903 p.1
2. La Opinión 21 de septiembre de 1898 p.3
3. La Opinión 25 de octubre de 1904 p2
4. Archivo familiar.

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