lun. May 27th, 2019

Rajoy no quiere periodistas, sólo Marhuendas

Borja María Zallana

La democracia es imposible si los ciudadanos carecen de información. Por lo tanto, limitar o manipular la libertad de información, puede ser considerado, sin ningún género de dudas, como un acto dictatorial. No comparecer ante los medios de comunicación o hacerlo de una manera restrictiva, controlando las preguntas que se han de hacer e incluso quién ha de hacerlas, es una muestra evidente de actuación antidemocrática. Mariano Rajoy, y en general el Partido Popular, ha heredado del régimen franquista (además de bienes y títulos nobiliarios) esta animadversión por la libertad de información.

De la misma manera que la inmensa mayoría de los defensores de la vida de los embriones, están a favor de la pena de muerte de las personas ya formadas, la inmensa mayoría de los defensores de la libertad económica están en contra del resto de libertades. Es lógico que sea así, en especial con la libertad de prensa, porque una sociedad bien informada es un peligro para los intereses de la minoría que controla el país. Cierto es que sus miedos parecen infundados cuando controlan casi todos los medios de comunicación públicos y son íntimos de los propietarios de los medios privados, pero para qué arriesgarse a que se escape una verdad, cuando es más cómodo gobernar sin que los ciudadanos tengan idea de lo que están haciendo por su beneficio (el de ellos, no el de los ciudadanos, claro está).

La situación ha llegado a tal extremo que han conseguido lo que parecía casi imposible, que muchos periodistas aparquen sus luchas entre medios, para unirse en pos de defender lo que resta de dignidad a la profesión. De todos es sabido que desde hace tiempo los corresponsales que siguen al presidente en sus triunfadoras giras internacionales, se han puesto de acuerdo para formular las únicas dos preguntas que les están permitidas, sobre temas de interés para los españoles. Pero Mariano Rajoy no está dispuesto a ceder un ápice su control fascistoide, y en las últimas ruedas de prensa ha presionado directamente a los directores de ABC y La Razón para que sus periodistas traicionen el acuerdo que tienen con sus compañeros (a riesgo de perder su empleo) y formulen las preguntas que dictan desde el mismo gabinete de comunicación de la Moncloa.

La política antiperiodistas del PP viene de muy largo, mama directamente de la ley de prensa de Manuel Fraga de 1966, que exigía “el debido respeto a las instituciones y a las personas en la crítica de la acción política y administrativa” y “el acatamiento a la Ley de Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales; las exigencias de la defensa Nacional, de la seguridad del Estado y del mantenimiento del orden público interior y la paz exterior”. Es decir, los periodistas eran responsables con su trabajo de cualquier acto que pusiera en peligro el orden establecido. Y así siguen pensando y actuando los herederos de Fraga.

Cierto es que el espectáculo que ofrecemos los periodistas en algunos casos es deleznable y que no gozamos de gran prestigio entre los ciudadanos. En parte es culpa de esa manía que tenemos de comer caliente cada día y, en mayor medida, de que en España nunca se ha dado un paso en defensa de una verdadera libertad informativa. Los colegios oficiales de periodistas, que deberían ser guardianes de la buena praxis profesional, como lo hacen los colegios de médicos o de abogados, carecen del mínimo poder, hasta el punto de que no es necesario estar colegiado para ejercer la profesión. Esto permite a los propietarios de los medios un control absoluto sobre el trabajo de los periodistas.

Una verdadera libertad informativa, quizá ayudaría a evitar casos de vergüenza ajena, como el del pobre Marhuenda, en su trabajo de bufón del gobierno. En su lugar habría un periodista de verdad y él podría haber seguido dignamente con la pescadería familiar, sin tenerse que ver el pobre en esos fregaos indignos a los que le obliga el cargo. Y, además, como muy bien pone en evidencia el caso de Canal 9, ni siquiera la obediencia extrema nos pone a salvo, ya se sabe que Roma no paga a traidores.

https://twitter.com/BorjaMariaZ

Ver todos los artículos de José Antonio Pareja.

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