mar. Oct 15th, 2019

¿Qué hará Podemos cuando compruebe que solo no puede?

Podemos sigue avanzando, ganando adeptos y simpatías. La Asamblea Ciudadana celebrada en Vista Alegre los días 18 y 19 de octubre ha supuesto un nuevo paso adelante en su consolidación y en su capacidad para expresar abiertamente y tratar a la vista de todos y sin demasiados artificios las diferencias y dudas que existen en su seno. A nadie se le puede escapar que Vista Alegre fue más espectáculo y ceremonia que debate o reflexión; pero Vista Alegre es un punto y seguido en un proceso que ha dado espacio y oportunidades a la elaboración de ideas, la conversación y la crítica.

Podemos también ha dado muestras de pragmatismo y flexibilidad política al ajustar y mejorar algunas de sus anteriores propuestas (a propósito del impago de la deuda, por ejemplo) y convertir las ideas que suman mayores apoyos y consensos en 5 resoluciones (las más votadas entre un centenar), que suponen las primeras líneas de un programa político centrado en cuestiones tan sencillas y esenciales como la defensa de la educación y la sanidad públicas, la lucha contra la corrupción, el derecho a una vivienda digna y la paralización inmediata de los desalojos forzosos o la auditoria y reestructuración de la deuda.

Con habilidad se han orillado los temas y debates con más aristas (como la salida del euro o el decrecimiento) que centraron en el pasado reciente tantas horas de debate en el 15-M. El núcleo dirigente de Podemos no va a colaborar con los que pretenden empujar a su partido hacia el estéril terreno de la estética izquierdista autocomplaciente y desviarlo de su objetivo de convencer a la mayoría ciudadana decente y harta de recortes, corrupción y atracos a los bienes y dineros públicos.

Gracias a su buen hacer, Podemos se acerca un poco más a la imagen que el equipo dirigente quiere dar de la formación que lideran: un partido transversal que pretende representar y se dirige a la inmensa mayoría. Apela a la gente para que tome el mando de su propio destino y no deje la política en manos de una casta política que planificó el pillaje en los años de la burbuja inmobiliaria y financiera y el nuevo atraco que ha supuesto la gestión de la crisis por parte de los gobiernos del PSOE y el PP.

Hasta aquí el apretado resumen de los aciertos y  las buenas nuevas que ha supuesto la irrupción de Podemos en el panorama político. Podemos se queda y echa raíces. Afortunadamente.

Pero nada sería más inconveniente para el futuro de Podemos y, lo que es más importante, para generar y sumar las energías y voluntades que son necesarias para derrotar las políticas de austeridad y recuperar los empleos, bienes públicos, derechos y bienestar perdidos que los turiferarios de dentro y de fuera. Podemos sigue siendo extremadamente frágil y vulnerable. Y no sólo para resistir la segura campaña de cerco y desgaste que están planificando ahora mismo sus muchos y poderosos enemigos; también por las propias insuficiencias, la fragmentación política e ideológica de sus activistas y el papanatismo asociado al más que fuerte e indiscutido liderazgo de su máxima figura.

Esbozo, por ello, unos breves apuntes sobre lo que entiendo como insuficiencias programáticas y estratégicas.

Sorprende, en primer lugar, que la Asamblea Ciudadana de Podemos no tenga nada que decir ni haya sido capaz de someter a votación resoluciones sobre cómo afrontar las debilidades e incoherencias institucionales de la eurozona o los elementos de política económica alternativa que oponen a la estrategia conservadora de salida de la crisis que se ha impuesto. Una parte sustancial de las políticas que contribuirán a superar o prolongar la crisis van a seguir originándose en las instituciones comunitarias. Y conviene que no se pierda de vista el espacio europeo y la necesidad de participar, junto a otros países y otras fuerzas progresistas y de izquierdas, en ese decisivo terreno de conflicto. No todo es casta, corrupción y régimen del 78.

Por otro lado, el método de votación de los documentos de ética, política y organización no puede considerarse brillante ni modélico por la utilización de normas discutibles y precipitadas que presentan reflejos de la vieja política que se intenta superar. A pesar de ello, una parte sustancial de las personas inscritas ha votado entre el 20 y el 26 de octubre (112.070 votantes de las más de 200.000 personas inscritas) y ha hecho una clara elección. Una aplastante mayoría de 90.451 votantes (un 80,7% del total de votos) ha respaldado los documentos elaborados por Iglesias y su grupo, mientras una minoría significativa de 13.864 (12,4% del total) ha apoyado el documento organizativo de Echenique y el  heterogéneo grupo que encabeza.

Iglesias y el equipo que en las próximas semanas conseguirán, sin duda, el respaldo de la mayoría para dirigir el partido en la próxima y crucial etapa no parecen dispuestos a integrar a discrepantes o discrepancias; tampoco las minorías descontentas pueden plantear un conflicto abierto… por lo menos hasta que se produzca el primer traspié electoral. Queda ahí una herida abierta, de alcance y perfiles imprecisos, que no conviene perder de vista o minusvalorar.

Podemos ha decidido reservarse para las elecciones generales. Medirse en las municipales podría ser contraproducente si diera una talla demasiado alejada de la que aspira a alcanzar. Cualquier error en la composición de una candidatura municipal o en la redacción de un programa local daría munición a sus enemigos. En todo caso, resultará más fácil en las elecciones autonómicas filtrar arribistas, proteger la marca y comunicar un mensaje homogéneo que responda a la imagen que pretenden dar de sí mismos; pero sigue en pie el grave problema de que sus apoyos electorales no respondan a las enormes expectativas que tienen muchos de sus seguidores.

Contar los votos cuando es bastante improbable que los resultados respondan a su pretensión (“hemos nacido para ganar”) puede ser decepcionante. Y hacen bien en proteger su marca, acudir a la primera cita electoral en el seno de candidaturas de unidad popular y ciudadana y reservarse (prepararse mejor, dejando menos flancos desprotegidos para los seguros y duros ataques que va a seguir recibiendo) para las elecciones generales, cuando la situación de desgaste del PP y PSOE pudiera estar más madura. La ventana de oportunidad para su formación puede aún ensancharse mucho más si se confirma que la tercera fase recesiva es una amenaza creíble y la situación política sigue marcada, como es bastante probable, por la corrupción, la sordera y la crítica necia y deshonesta que practican las viejas formaciones políticas.

No medirse directamente en las elecciones municipales de mayo de 2015 puede ayudar a velar un mapa electoral no tan propicio como el que imaginan y desean. Lejos del espejismo de las formulaciones que confrontan a la mafiosa y antipatriótica minoría del 1% con la honrada ciudadanía del 99%, los votos podrían dibujar  un panorama menos simplista en el que un capitidisminuido PP seguiría siendo la primera fuerza electoral del país y un deteriorado PSOE, la opción más votada por la gente progresista y de izquierdas. No se puede descartar que el escenario con el que sueña Podemos se materialice y el PSOE logre menos votos que el novísimo partido, pero parece una meta muy poco probable en las elecciones generales de finales de 2015 e imposible en las municipales y autonómicas del próximo mes de mayo.

Hay que tener en cuenta, además, que fuerzas nacionalistas de izquierda, centro o derecha seguirán contando con un significativo apoyo popular en varias comunidades autónomas; al igual que formaciones con una clara y voluntaria identidad de izquierdas. Sin olvidar que  una parte no pequeña de la gente más golpeada por la crisis va a permanecer al margen de una fiesta electoral a la que no se siente invitada ni cree que pueda resolver sus angustiosos problemas.

¿Qué hará Podemos cuando compruebe que solo no puede lograr sus objetivos de articular una mayoría social y electoral, ganar las elecciones y cambiar el país? ¿Estará dispuesto a negociar un programa mínimo que revierta recortes, restablezca derechos, centre su atención en la generación de empleo y promueva que los corruptos y defraudadores devuelvan lo robado y sean juzgados por sus fechorías? ¿Apostará por aliarse con todos los partidos progresistas y de izquierdas dispuestos a defender y aplicar esos objetivos mínimos y desplazar del Gobierno al PP o hará cálculos sobre las oportunidades que pudiera brindarles un Gobierno en minoría del PP o a una gran coalición entre el PP y el PSOE?

Las preguntas son pertinentes, aunque hoy no tengan contestación, porque nos sitúan ante escenarios con probabilidades de materializarse y permiten empezar a plantearse qué hacer para aumentar las opciones de que algunos de esos escenarios se concreten y para acumular obstáculos que impidan que otros lleguen a cuajar.

No me cabe la menor duda que el pragmatismo del que ha hecho gala el equipo de Iglesias durante estos meses seguirá presente y que, tras los resultados municipales y autonómicos, intentará buscar salidas que dejen pocos pelos en la gatera de la negociación de las alianzas políticas posibles tras la pertinente consulta a sus votantes y a la ciudadanía. Pero resulta preocupante la enorme distancia que puede existir entre la victoriosa ruta electoral que traza la Propuesta Política de Iglesias y su equipo y la estación real de llegada del proceso electoral. ¿Podrán activistas y votantes de Podemos encajar con realismo e inteligencia escenarios menos simples y favorables que el de la victoria electoral? La euforia podría trocar en desencanto, con consecuencias muy negativas para la formación. Y, lo que es peor, sin que sus votos sirvan para poner en pie un Gobierno progresista capaz de revertir el desastre económico y socio-político causado por las políticas de austeridad aplicadas desde mayo de 2010.

Cabe esperar que los afanes compartidos y el aprendizaje que proporcione la convivencia en las candidaturas de unidad popular ciudadana para las municipales incrementen el aprecio por la diversidad de los pueblos realmente existentes y por el potencial que ofrece la pluralidad de las izquierdas. Y que el contagio provocado por el trabajo en común sirva de preámbulo, preparación y sostén de gobiernos comprometidos a escuchar, representar y defender los intereses, necesidades y anhelos de la mayoría social.

Gabriel Flores | Economista
nuevatribuna.es | 28 Octubre 2014
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