Mié. Nov 20th, 2019

No va a refrescar: las olas de calor serán cada vez más frecuentes

  • Vivir en zonas urbanas puede agravar los efectos.

El calor que golpeará estos días la península ibérica es extraordinario, pero cada vez más frecuente. En los últimos años, los episodios de temperaturas extremas comienzan a ser habituales y los modelos de cambio climático predicen que lo serán aún más a medida que avance el siglo XXI. Las consecuencias son graves, puesto que algunos estudios cuentan por miles las muertes relacionadas directamente con las altas temperaturas.

Una ola de calor como la que sufrirá España en estos días “está dejando de ser excepcional y pasando a ser normal”, afirma José Miguel Viñas, físico y divulgador científico experto en meteorología.

Algunas proyecciones sobre el cambio climático vaticinan un futuro cercano repleto de estos episodios extremos, que podrían ser más intensos, más frecuentes y más largos en los próximos años, especialmente en Europa y Norteamérica. “Sobre la frecuencia no hay duda”, destaca el experto, “sobre la intensidad hace falta investigarlo con más detalle”. No obstante, “en un mundo más cálido es lógico pensar en una subida de la temperatura media global, con la irrupción de episodios como la actual ola de calor”.

De hecho, de todos los posibles efectos del cambio climático, la subida de temperaturas acompañada de olas de calor es uno de los más claros, puesto que aparece reflejado en todos los modelos que manejan los científicos. “No están tan de acuerdo en el comportamiento futuro de las precipitaciones, por ejemplo”, señala Viñas.

“En las próximas décadas, este tipo de eventos serán cada vez más frecuentes, explica, “como la temperatura global seguirá subiendo, también cabe esperar que en las olas de calor se alcancen picos de temperatura cada vez mayores, un panorama poco alentador, sin duda”. 

Aunque no existe una definición precisa de “ola de calor”, en general hace referencia a episodios en los que no solo se registran temperaturas muy por encima de los valores habituales, sino que se prolongan durante varios días y afectan a una zona geográfica amplia.

Esto ocurre con frecuencia desde hace décadas. Un estudio de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) detectó 80 olas de calor entre 1975 y 2015, pero precisamente en julio de ese último año se alcanzó el récord de duración de este tipo de episodios en la península ibérica, con 26 días ininterrumpidos.

Fallecimientos que se cuentan por miles

Probablemente, la primera vez que este problema alarmó a las autoridades fue en 2003, cuando varios países de Europa, con Francia a la cabeza, sufrieron temperaturas tan extraordinarias que se tradujeron en cientos de víctimas mortales. Años más tarde, un estudio calculó que los fallecimientos relacionados con el exceso de calor en todo el continente durante aquel verano superaron los 70.000. En España la cifra podría haber llegado a 15.000.

Una investigación del Instituto de Salud Carlos III publicada el pasado año con resultados detallados por ciudades indica que las muertes provocadas por el calor en España son comparables a las que causa el frío. Aunque no es fácil atribuir una defunción al calor, los autores calcularon que en un periodo de 10 años (de 2000 a 2009) en Madrid se produjeron 2.291 muertes por esta causa; en Barcelona, 1.205; en Vizcaya, 743; y en Sevilla, 626. En cambio, Palencia, Soria y Teruel no contabilizaron ninguna.

Vivir en zonas urbanas puede agravar los efectos de las olas de calor, sobre todo si se trata de edificios antiguos y barrios escasos de parques y jardines, según una investigación realizada en Barcelona. Las diferencias de mortalidad que observaron dentro de una misma ciudad ante episodios extremos de calor se relacionan con el nivel socioeconómico y el tipo de actividades que realizan sus vecinos.

Los más afectados son los ancianos, sobre todo porque el calor puede complicar patologías previas relacionadas con problemas respiratorios o cardiovasculares, pero los niños y las mujeres embarazadas también son especialmente vulnerables. Sin embargo, nadie está a salvo de un golpe de calor, que se produce cuando la temperatura corporal supera los 40 grados centígrados y que, además de a personas enfermas, se suele asociar a otras que practican deporte o realizan un esfuerzo excesivo cuando los termómetros se disparan.

Todo dependerá de las emisiones

De cualquier forma, la subida de las temperaturas dependerá en buena medida de las políticas medioambientales y “el impacto será mayor o menor en función de cuál sea el escenario futuro al que nos dirijamos”, advierte Viñas, “si nos movemos hacia los escenarios de más calor, nos resultará más difícil adaptarnos a un cambio tan rápido y de tanta magnitud”.

“Solo en el caso de un escenario de bajas emisiones, la magnitud del calentamiento global podrá ser afrontada por la humanidad sin perder demasiadas cosas por el camino”, comenta, “nuestro destino climático depende en parte de nosotros”, aunque hoy por hoy la actualidad no lleve al optimismo.

nuevatribuna.es

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