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Nunca se descartó por parte de los investigadores que se hicieron cargo de las pesquisas por el presunto secuestro de las menores Anna y Olivia Gimeno Zimmermann la hipótesis de que pudieran haber sido asesinadas desde el primer momento, desde el día en que su padre, Tomás Gimeno, debía haberlas devuelto a su madre, Beatriz Zimmermann, de la que estaba separado y con la que mantenía un convenio de custodia compartida.

El hallazgo de un primer cadáver, el de la niña mayor, Olivia, de seis años, ha fortalecido esa tesis y la que apunta a que las menores fueron asesinadas ese mismo día, el pasado 27 de abril, antes incluso de que su padre telefoneara a su madre para comunicarle que no las volvería a ver jamás y que él se encargaría de cuidarlas.

Las Guardia Civil no descartó no obstante ninguna de las otras líneas de investigación posible, como la de que dada la actividad del padre, relacionada con el comercio internacional, y su afición por la náutica, hubiera podido idear un plan de fuga a través de alguno de los numerosos barcos de recreo que transitan por las aguas de Canarias, bien en dirección a América o bien en dirección a África.

Los investigadores hicieron un exhaustivo seguimiento de algunos veleros que podrían cumplir ese perfil y se fijaron especialmente en uno que recaló en el cercano archipiélago de Cabo Verde, pero las indagaciones resultaron infructuosas.

Paralelamente se realizaron numerosas entradas y registros en la finca propiedad de la familia de Tomás Gimeno y en numerosos puntos de la isla de Tenerife donde pudiera haber decidido esconderse con sus hijas. Sin resultado positivo.

La hipótesis de que el padre hubiese ocultado los cadáveres en el mar fue tomando cuerpo a medida que fracasaban esas líneas de investigación, por lo que el juzgado activó la búsqueda en la zona donde se localizó la embarcación de Gimeno a la deriva, en la costa este de la isla de Tenerife, cerca del puertito de Güímar. El hallazgo de una sillita de seguridad para bebés o la desaparición del ancla de la embarcación de recreo del padre de las niñas eran indicios suficientes para activar al buque del Instituto Español de Oceanografía Ángeles Alvariño el 31 de mayo. Dotado con un sónar y un robot submarino, el buque cuenta con los medios suficientes para rastrear fondos marinos profundos como los que bordean el archipiélago canario. El pasado día 8 ya se produjeron los primeros hallazgos de importancia, como una botella de oxígeno, que pudo usarse como lastre para hacer caer al fondo algún tipo de objeto, o una funda de edredón supuestamente perteneciente a la familia.

Todos los indicios apuntan a que Tomás Gimeno trasladó los cuerpos de sus hijas dentro de unas bolsas de deportes a su embarcación. Las investigaciones determinarán si en ese momento las niñas ya habían sido asesinadas y por qué su padre realizó dos salidas al mar la noche de la desaparición de los tres.

El Ángeles Alvariño continúa con los trabajos de búsqueda de otros posibles cuerpos, el de la niña menor y la de su padre. Su fecha de partido de Canarias, el día 14 de junio, podría ampliarse si antes no obtiene resultados positivos.

Tenerife Ahora

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