dom. Ago 18th, 2019

La plaga franquista de las Fuerzas Armadas españolas

Durante los últimos cuarenta años la sociedad española ha ignorado reiteradamente las señales inequívocas que demostraban que la epidemia, no solo no se había erradicado desde la muerte del dictador, sino que se mostraba tan vigorosa como durante la vida del sanguinario general. Con el agravante de no encontrarse, a diferencia de lo ocurrido durante la dictadura, a un grupo numeroso y notable de militares que se oponga públicamente al dominante franquismo. En ningún momento de estos cuarenta años se ha organizado un grupo de militares como lo fue la antigua Unión Militar Democrática (UMD), lo que se debe en gran medida a la defenestración de estos militares, la purga reiterada de los demócratas, el ascenso de franquistas y golpistas y la ausencia de medidas estructurales para eliminar esta plaga.

Los principales responsables de encontrarnos en el pleno siglo XXI con unas Fuerzas Armadas en las que el franquismo es claramente predominante son, sin ningún género de dudas, la negligencia y la dejadez de los partidos políticos, cuando no la connivencia. Resulta evidente que el PP simpatiza y el PSOE no repudia. No olvidemos que, por ejemplo, José Bono, ministro de Defensa por el PSOE, llegó a ascender a general a militares golpistas durante el 23-F como si lo que hicieron hubiera sido un pequeño pecado de juventud. Como las torturas del coronel Manuel Sánchez Corbí, que pasará a la historia por moler a palos a ciudadanos, pero mientras tanto ha dirigido las unidades más importantes de la Guardia Civil. Gracias a PSOE y PP.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
«Este manifiesto es la fotografía de hoy, la más verídica y triste imagen de nuestro Ejército». Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.

No se puede obviar que los medios de comunicación son igualmente solidarios de la situación actual. De forma generalizada omiten analizar y mostrar el problema a la ciudadanía como si excluyendo el problema este dejara de existir. Y no solo no deja de hallarse, sino que gracias a este silencio se expande cada vez con mayor facilidad.

Porque antes de la estremecedoramanifestación franquista acaecida el pasado 31 de julio en la que más de medio millar, que se dice pronto, de altos mandos defendieron como buen militar la figura de Francisco Franco, ese traidor e inepto que nos condujo a la barbarie, lo cierto es que hubo episodios que avisaban que la enfermedad seguía carcomiendo el Ejército por completo. No olvidemos que no se trata de militares cualquieras, sino de altos mandos como tenientes generales, generales, coroneles, tenientes coroneles o comandantes. Pero es que incluso hay dos exjefes de Ejército, entre ellos el teniente general Aparicio, el último alto mando que me arrestó en 2015, hace solo tres años. Por tanto, ni hablamos de pocos, ni hablamos de intrascendentes, ni hablamos del Pleistoceno. Este manifiesto es la fotografía de hoy, la más verídica y triste imagen de nuestro Ejército.

El franquismo, un problema estructural de nuestras Fuerzas Armadas

El año pasado, sin ir más lejos, se leyó una efeméride el 18 de julio en los cuarteles militares en los que se ensalzaba la figura de Franco. Este mismo año, la página web del Ejército del Aire consideraba a un aviador genocida franquista como un héroe. No hace mucho Stanley G. Payne, historiador filofranquista, enaltecía la figura del traidor Franco en el CESEDEN (Centro Superior de Estudios para la Defensa), nada más y nada menos, que el centro más prestigioso del ministerio de Defensa. Lo hacía atestado de altos mandos militares. En los últimos cuatro años, nuestros militares, de servicio y uniformados, se detenían a comer en el Restaurante Museo franquista ‘Casa Pepe’, como si aquello fuera lo más normal del mundo.

 

Hace cinco años un militar carlista, Miguel Ayuso, juez militar para mayor escarnio, se despachaba a placer y con impunidad sobre la constitución y la cruzada santa que para él fue la brutal sublevación militar de 1936. Y hace una década, el inefable teniente general Mena amenazaba en 2006, cuando se gestaba la aprobación del ‘Estatut’ en Catalunya, con una acción militar.

Y entre medias, de todo, o casi de todo: el general Juan Chicharro (antiguo ayudante de campo de Juan Carlos) dirigiendo la Fundación Nacional Francisco Franco, Defensasufragando a asociaciones franquistas, una bandera de la división azul en una compañía, el exJEMA González solicitando la ilegalización de Podemos, cartas de altos mandos militares plagadas de amenazas e insultos a políticos, el reconocimiento de la existencia de más de un centenar de símbolos franquistas en las Fuerzas Armadas, la protesta del exJEME Jaime Dominguez Buj por la «debilidad» del Gobierno en Catalunya… Créanme, el listado es interminable.

La solución: desinfectar

La solución, ciertamente, no pasa por un expediente sancionador a los cinco militares reservistas que han firmado el manifiesto, lo que pretende venderse como antídoto. No se desratiza un barrio eliminando a cinco ratas. Ello bastaría si se tratara de un evento, pero hablamos de un problema estructural. La solución pasa por una desinfección absoluta que deberá ser ratificada con medidas contundentes a lo largo de los años. Porque las ratas tienen tendencia a sobrevivir y a volver. Estas volverán.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
«El mensaje que deben recibir los franquicias es que no será fácil que sobrevivan y que si algún día llegan a la cúpula militar lo tendrán que hacer en silencio porque la mayoría de los suyos no solo no les respaldan, sino que les repudian». Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.

El ejemplo es Alemania. Hace solo dos años expulsaron sin el menor reparo a casi 300 militares nazis por su proximidad a esta ideología, ello teniendo en cuenta que los altos mandos de las Fuerzas Armadas alemanas son manifiestamente demócratas, lo que aquí no sucede. También es obvio que siendo delito el enaltecimiento del fascismo, resulta bastante complejo sobrevivir. Y ese es el mensaje que deben recibir los franquistas, que no será fácil que sobrevivan y que si algún día llegan a la cúpula militar lo tendrán que hacer en silencio porque la mayoría de los suyos no solo no les respaldan, sino que les repudian.

El presidente Pedro Sánchez y la ministra de Defensa, Margarita Robles, deben atacar decididamente esta plaga y hacerlo con medidas contundentes. En primer lugar, extrema severidad con los cinco militares reservistas que han firmado el manifiesto: expulsión por falta muy grave. Ello ya supondrá un aviso a navegantes.

En segundo lugar, cese automático de toda la cúpula militar. Segundo aviso a navegantes: cada vez que las ratas salgan de sus madrigueras la cúpula militar cae. Esa valentía que instantáneamente los altos mandos militares parecen obtener con el retiro o la jubilación se tornará menos osada.

En tercer lugar, eliminar la justicia militar e introducir en el código penal como delito el enaltecimiento franquista. Tercer aviso: ni justicia de amiguetes ni connivencia con el fascismo.

Y en cuarto y último lugar, democratización absoluta de las Fuerzas Armadas: sindicatos, derechos y libertades. Cuarto aviso: se acabó el siglo XIX en los cuarteles.

Si en lugar de eso, este PSOE, el de Pedro Sánchez y Margarita Robles, decide administrar a las Fuerzas Armadas un inocuo expediente disciplinario que, seguramente, termine en el mejor de los casos en castigos de poca monta, dentro de no mucho sabremos de más franquistas y más encarados.

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