Lun. Nov 18th, 2019

La mayoría de los europeos apoyaría más ayudas de los gobiernos para las personas sin hogar

  • Un nuevo estudio ha examinado la percepción de la ciudadanía sobre los fondos destinados a combatir la creciente crisis de sinhogarismo en Europa. Aunque los datos revelan actitudes positivas en un 58 % de los encuestados, también persisten el desconocimiento, los prejuicios y el odio al pobre.

Un total de 11 millones de personas en Europa carece de un alojamiento adecuado, según el Tercer Informe de Exclusión Residencial en Europa elaborado en 2018 por FEANTSA y la Fundación Abbé Pierre. Sin embargo, las ayudas por parte de los gobiernos para revertir esta crisis son todavía escasas.

Hoy en día, el modelo Housing First está en marcha en muchos países del mundo para erradicar la falta de vivienda. Este modelo no pone requisitos para acceder a un hogar sino que ubica a las personas directamente en casas permanentes. Sin embargo, todavía existen barreras de la opinión pública basadas en percepciones negativas hacia las personas sin hogar.

Hasta ahora, los pocos estudios sobre la opinión pública acerca del sinhogarismo se han llevado a cabo sobre todo en Estados Unidos. Por eso, la Comisión Europea lanzó el proyecto Homelessness as unfairness, que tiene como objetivo extraer datos para comprender cómo perciben el sinhogarismo los ciudadanos europeos y encontrar soluciones a este fenómeno, basadas en la metodología Housing First. La finalidad es poder mejorar la salud mental y física y la integración social de todo el mundo.

“La opinión de la ciudadanía es un factor clave en el diseño y la sostenibilidad de las políticas públicas. Es necesario que la ciudadanía disponga de información que le permita entender las causas estructurales del sinhogarismo”, expone a Sinc Roberto Bernad, director de las viviendas Housing First de la fundación HOGAR Sí y coautor del nuevo estudio.

En este proyecto participaban 12 organizaciones y una de ellas, la Universidad de Aix-Marsella, ha liderado una investigación centrada en averiguar cuál es la percepción de la gente ante los fondos que se destinan a subsanar esta situación y si sus opiniones hacia las personas sin techo son positivas o negativas.

“El problema no es únicamente la falta de vivienda, sino también los procesos de exclusión social que sufren las personas que están en esta situación, ya que estas se enfrentan al estigma y la discriminación a diario”, explica a Sinc Bernad.

Consideración a pesar del desconocimiento

El análisis se hizo a través de 5.295 cuestionarios a personas de ocho países europeos: Francia, Irlanda, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal, España y Suecia. Los investigadores realizaron una encuesta telefónica representativa a escala nacional para investigar sus conocimientos, las actitudes y las prácticas sobre la falta de vivienda.

Los resultados, que se han publicado en la revista PLOS ONE, señalan que la mayoría de los encuestados (57 %) tenía un conocimiento pobre de la cantidad de personas que viven en la calle o en albergues.

Además, un 58 % de los participantes mostraron actitudes positivas hacia las personas sin hogar: consideraban que el gasto del Gobierno destinado a abordar esta preocupación era insuficiente, estaban dispuestos a pagar más impuestos, acogerían a aquellos que viven en albergues y reconocían que estas personas pueden carecer de ciertas capacidades que les ayuden a reincorporarse socialmente.

Sin embargo, un 30 % mostró una actitud negativa, es decir, consideraba que las personas sin hogar deberían ser responsables de la búsqueda de una vivienda, que lo hacían por elección o que la falta de hogar no afecta a su capacidad de alimentarse, estar con la familia o acceder al trabajo. Solo el 2 % pensaba que el gasto del Gobierno destinado a las personas sin hogar era excesivo.

“Este es un discurso fácil y legitimado que nos permite evitar la responsabilidad de atender a las personas que más lo necesitan y no abordar problemas estructurales complejos, como las deficientes políticas de vivienda en España o la aporofobia social (odio al pobre)”, aclara Roberto Bernad.

Sin casa no hay reintegración

Las actitudes positivas predominaron entre los encuestados que vivían en zonas semiurbanas o urbanas y los que participaban en tareas de apoyo a este colectivo, mientras que los sondeos reflejaron que los ciudadanos de Francia y Polonia tenían menos posibilidades de mostrar conductas positivas hacia las personas sin casa.

Según los autores, las conclusiones de su investigación sugieren que los responsables políticos deberían planificar la reasignación de fondos a favor de programas que aborden eficazmente el problema de las personas sin hogar. Del mismo modo, es importante que dirijan políticas educativas a quienes siguen manteniendo cierto rechazo hacia las personas sin hogar.

“Nuestros hallazgos proporcionan un elemento importante para apoyar el desarrollo actual de nuevas iniciativas sociales que aborden el problema de las personas sin hogar, como el modelo Housing First”, declara Pascal Auquier, autor principal del estudio.

Bernad asegura que la solución al sinhogarismo pasa en primer lugar por el acceso efectivo a la vivienda. “Solo cuando la persona dispone de una vivienda puede empezar a dedicar recursos físicos, emocionales y mentales para hacer otros procesos de recuperación y reintegración social, en vez de dedicarlos a la supervivencia”, expone.

SINC

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