vie. Oct 18th, 2019

La masacre llevada cabo por los cristianos en los gomeros

Una de las islas del Archipiélago Canario que más sufrió el filibusterismo colonial español fue La Gomera , bajo la opresión tiránica del desalmado Fernán Peraza  llamado “el joven” para distinguirlo de su abuelo, quien heredó los supuestos derechos de ocupación de esta isla (1485) y pronto se ganó el odio y desprecio de los traicionados y oprimidos gomeros quienes habían pactado la ocupación de parte de la isla con los invasores castellanos posiblemente para actividades comerciales. Conviene recordar que La Gomera es la única isla del archipiélago que no fue conquistada por la fuerza de las armas, sino subrepticiamente ocupada mediante supuestos convenios comerciales y promesas de defensa ante otros piratas como anteriormente habían hecho con los portugueses, pero los confiados gomeros no tuvieron en cuenta que estaban poniendo al zorro al cuidado del gallinero.

En el año 1477 estaba ya la isla de La Gomera (Ghumara) bajo la influencia del poder feudal castellano-europeo, con dominio en Orone (Alajero, Arure, Valle G. Rey) e Ipalam (San Sebastián), con influencia y sin  dominio sobre Mulagua (Hermigua, Agulo) y Agana (Vallehermoso). Ese mismo año, enviado por su padre, llega a La Gomera Hernán Peraza “El Joven”, a quién D.J. Wölfel nos presenta como “hombre sin conciencia, soberbio y brutal”, no hizo nada para apaciguar el odio y la sed de justicia del pueblo gomero, muy al contrario; este ratificará el pacto de su abuelo, pero mientras Peraza quiso entender el pacto como un acto de vasallaje hacia él, los gomeros lo seguían entendiendo como un acto de hermanamiento y de ayuda entre ellos con una serie de leyes de obligado cumplimiento. Hernán Peraza  incumplió el pacto,  cautivando a gomeros y vendiéndolos como esclavos, tratando de manera desalmada a los gomeros, sino además manteniendo forzadas relaciones con la Sacerdotisa Yballa , su hermana espiritual por medio del pacto de colactacion .

Dentro de la organización social del pueblo gomero, existía una institución que guarda total paralelismo con otra existente en el mundo imazighen (bereber) continental, relativa a los llamados “pactos o alianzas por colactación”. Por estos pactos Hernán Peraza estaba unido con los bandos de Amulagua e Hipalán, y precisamente a este último pertenecía la joven Sacerdotisa Yballa. Dicho pacto o alianza se realizaba mediante un ritual, consistente en beber leche en un gánigo mediante ciertas ceremonias. Al mantener relaciones  Hernán Peraza, con una mujer de su propio bando, considerada según dicha alianza como su hermana, “estaba faltando, no sólo al compromiso consuetudinario de la exogamia, deshonrando a los bandos que lo habían acogido como hermano de sangre, sino rompiendo además el pacto establecido.”

Comienza así una de las páginas más sangrientas e inhumana de la historia de las islas, como consecuencia del pacto, Herrera y demás colonos se veían privados de la mayor fuente de ingresos que por aquellas fechas producían las islas para los invasores, la esclavización y venta de sus naturales en los mercados europeos, tal como recoge la documentalista Luisa Álvarez de Toledo, de documentos originales del Registro General del Sello:

“Tan perjudicada la Iglesia como Fernán (Peraza), por la suspensión de la trata, pues el diezmo era de importancia, señor y clérigos se aliaron, buscando solución al problema. Siendo la clave la religiosidad de los isleños, el Deán de San Juan concluyó que los interesados, habrían de probar que “no eran ni fueron cristianos”, pues aunque “nombre tuviesen, ninguna obra de platica fasían”, usando “nombres gentilisos, binieno desnudos e teniendo ocho o diez mugeres, no consintiendo entre sí cristianos, antes tomándolos e fasiéndolos otras muchas supersticiones”. La Iglesia local declaró de urgencia, enmendar las desviaciones de los gomeros. Para ello les hicieron jurar y firmar, que de no apartarse “de sus ritos y errores” en fecha fija, aceptaban “ser conquistados” por enésima vez, “e dados en cautiverio e perpetua servidumbre”. Ratificado el documento por el prelado y la corona, Fernán aguardó el término del plazo, para reanudar las cabalgadas, alegando que persistían “en sus malas costumbres y errores”. Enteradas las víctimas, tomaron “tal omecillo” contra el señor de la isla, que en reunión celebrada en la “Baja del Secreto”, “todos juntamente… acordaron de lo matar”. (Luisa Álvarez de Toledo)

Como entre truhanes anda el juego, un hito importante en la vida de Peraza “el joven” ocurre cuando Juan Rejón, uno de los capitanes de la invasión  de Tamarant (Gran Canaria,) después de haber sido exonerado de sus crímenes lesa humanidad cometidos contra los canarii,  en primeros días de julio de 1481,  es recompensado por los nefastos reyes católicos y nombrado General conquistador de la isla de Benahuare (La Palma) y Chinech (Tenerife), la flota invasora es alejada de su ruta por un temporal viéndose obligada a refugiarse en La Gomera, Rejón desembarca con sus tropas en la playa de Hermigua, posiblemente con  intenciones de “arreglar” viejas rencillas con Hernán Peraza. La situación en ese momento se hace explosiva y amenazante para el “señor de la isla”. Un enemigo peligroso (Juan Rejón) con abundante tropa se sitúa en el territorio rebelde y alzado de Mulagua. Peraza reacciona y ordena a sus tropas dirigirse hacía Hermigua con la intención de evitar un pacto en su contra y ordena despenarlo.

La viuda de Juan Rejón se queja ante la corte castellana por este asesinato, Peraza “el Joven” fue convocado a la metrópolis para juzgarle, pero intereses estratégicos y económicos muy fuertes lo libraron de cualquier condena física; contentándose la nefasta  reina Isabel  con obligarle a contribuir con su persona y siervos en la invasión de Tamaránt además de contraer matrimonio con una joven meretriz concubina del rey Fernando, Beatriz de Bobadilla.

La figura de Beatriz de Bobadilla y Ossorio (Bobadilla, diminutivo de Bobada, “lugar de pasto o paso de bueyes” (del latín bos bovis, buey). Durante la Edad Media fue un nombre de uso común) fue un fiel reflejo de la sociedad colonizadora europea en Canaria durante siglo XV y posteriores. Según la describe un autor era: “Mujer despiadada, cruel, sanguinaria, ambiciosa, ladrona y ninfómana” calificativos a los que habría que añadir los de envenenadora, comerciante en seres humanos y Señora de horca y cuchillo.

Hernán Peraza regresa con su flamante y “cristianísima” esposa  a la isla, continúa haciendo victimas de sus atrocidades al sufrido pueblo gomero, se siguen expropiando nuevas tierras, se les somete al pago de impuestos abusivos y sus mujeres son perseguidas  acosadas y violadas. A principios de 1488, Mulagua se rebela. La sublevación y alzamiento poco a poco se va extendiendo a otros cantones, a toda la isla. El viejo sabio Hupalupo en unión de su hijo, y el jefe guerrero del bando de Mulagua, Hautacuperche y varios de los suyos se trasladan a la Baja del Secreto (Valle Gran Rey) para, con enorme sigilo y cautela organizar la ejecución del depravado Hernán Peraza e iniciar la liberación de La Gomera de la dominación del yugo colonial castellano.

Tomada la decisión de liberar a la isla de aquel desalmado ser expulsado del averno, los conjurados deciden ejecutar su plan aprovechando una de las visitas que Herrera acostumbraba realizar a la Sacerdotisa Yballa en su domicilio en la Cueva de Guahedum la cual se encuentra en la denominada Degollada de Peraza.

Avisados los gomeros unos a otros mediante el lenguaje del silbo, Hautacuperche fue quien llegó a la cueva de Guahedum donde se hallaban Hernán Peraza e Yballa y le dio muerte ensartándolo con su banot, pese a que éste intentaba huir disfrazado de mujer. El propio Hautacuperche encabezó el posterior ataque de los gomeros contra la torre del Conde, donde se refugió Beatriz de Bobadilla con sus hijos, sus criados de confianza  y algunos mercenarios de su guardia personal. En esta acción murió el héroe Hautakuperche atravesado por un pasador de ballesta disparado desde la torre.

La asediada Beatriz de Bobadilla pidió ayuda al masacrador de pueblos  Pedro de Vera. Este se mantuvo pasivo  permaneciendo Beatriz y los suyos sitiada durante mucho tiempo, hasta que Inés de Herrera, que estaba en Sevilla tuvo noticias del suceso, hizo llegar la noticia a la corte castellana aragonesa. “Mal ejemplo toda revolución popular triunfante, a 4 de marzo de 1489, los reyes ordenaron a Pedro de Vera rescatar a “nuestra criada”, señora de Gomera y Fierro, como tutriz de sus hijos. Aunque no lo necesitase, ampararía de paso a la Peraza, que «posee por suyas ciertas yslas, que son de las yslas de Canaria”, para que sus vasallos “no se sustraigan a su obediencia”. El gobernador se comportó, a la manera oficial española de la época: “en vengança de la dicha muerte”.

Pedro de Vera atendiendo a la orden real acudió   en ayuda de Beatriz de Bobadilla, ante el numeroso ejército mercenario que desembarcó en la villa los gomeros se replegaron a las cumbres. Pedro de Vera, con amplia experiencia en la guerra con los canarios y teniendo conocimiento de lo áspero de la orografía gomera, decide recurrir a una de las armas más utilizadas por los invasores, el engaño, y mediante la astucia y doblez,  publicó un bando en el que  cualquier gomero que no acudiera a las honras fúnebres de Fernán Peraza, sería acusado de cómplice y traidor, asimismo indultaría a aquellos que acudieran.

Muchos fueron los que acudieron especialmente los que estaban cristianizados y confiaban en el amparo de la iglesia católica, pero todos los ingenuos que acudieron sin distinción fueron inmediatamente apresados.

Beatriz de Bobadilla condenó a todo los gomeros mayores de quince años del Bando de Orone y Mulagua a la muerte “por traidores”. Los arrastraron por los suelos, ahorcaron, les cortaron pies, y manos. No se perdonó la vida a ninguno de quince años para arriba, ejecutándose diversos géneros de castigo; empalados, guanteados, exponiendo sus cuerpos en caminos y otros sitios; muchos fueron llevados en un barco y arrojados a la mar con piedras atadas en los pies, manos y pescuezo.

Igualmente Beatriz dio orden a Alonso de Cota que embarcase a un gran número de niños gomeros y mujeres para venderlos como esclavos en Lanzarote. Cuando los niños llegaron a la isla de Titoreygatra Inés Peraza ordenó que fuesen echados al mar y a los que quedaron fueron repartidos como esclavos de sus soldados mercenarios.

Pedro de Vera y Beatriz de Bobadilla saciada su sed de sangre y pensando en rentabilizar el ajusticiamiento de Hernan se repartieron el lote de supervivientes: “metiéndolos en una nao e en sus navíos… De ellos muchos perecieron en el viaje y otros fueron vendidos.., dados e enajenados en nuestros reinos e señoríos e otros fuera dellos”. Cobrados 1.000 castellanos en oro y 500 quintales de orchilla, a dos castellanos quintal, por el gasto, Vera se reservó ambas partidas, dando “cautivos en pago de su sueldo”, a “los escuderos e maestres de navíos e otras gentes, que fueron en lo suso dicho”. Valorado el gomero o gomera, entre 7.500 y 10.500 maravedís, el obispo de Canarias y Málaga, que residía en la ciudad andaluza, quedó a cargo de la distribución de los esclavos, no olvidando el gobernador obsequiar a la reina Isabel , con un camello y 9 esclavas y al Príncipe D. Juan, con tres cajas de conservas y una grande de azúcar.”

De regreso Pedro de Vera a Winiwuada (Real de Las Palmas,) no contento con la orgía de sangre organizada por este y Beatriz en La Gomera, ordenó asesinar a todos los gomeros adultos que se encontraban en Tamarant, deportando como esclavos a gran parte de niños y mujeres hacia España o hacia las otras islas. Estos gomeros unos formaban parte de las tropas auxiliares aportadas por Hernán Peraza a la invasión y conquista de la isla por imposición de la corona castellana, otros eran victimas de las razzias llevadas a cabo por Peraza secundado por el clero católico de la isla y  que  recuperados en España habían sido confiado al obispo Juan de Frías para que fuesen devueltos a su isla natal, pero este prefirió utilizarlos en la conquista de Tamarant.

Era este obispo Juan de Frías arquetipo del clérigo católico “evangelizador” de la época, con más vocación de mercenario masacrador y saqueador de pueblos que de religioso, secundado por el Deán Bermúdez fue el verdadero jefe de la invasión de Tamarant en la que Juan de Vera era un simple representante de la corona de Castilla, según  se desprende de de un texto recogido por Morales Padrón: “una aclaración que el 20 de abril de 1478 Alonso de Palencia dio a petición de Juan de Frías.

En ella el cronista transcribe y glosa la capitulación o concordia establecida, deduciéndose de su texto que los Reyes ordenaban enviar una  armada para someter la isla de Gran Canaria, yendo como capitanes Juan de Frias, obispo del Rubicón, Juan Bermúdez, deán del Rubicón y Juan Rejón, su criado.

Al obispo se le reservaba el monopolio de la orchilla canaria mientras durase la empresa con el fin de compensarle los gastos que aquella le ocasionara. La Corona se comprometía a contribuir con 20 lanzas de la Santa Hermandad , y exigía la construcción  de una iglesia catedral y el poblamiento de la isla con cristianos, cuya seguridad se garantizaría fortaleciendo los puertos isleños, para lo cual se llevarían pertrechos y herramientas. El obispo Frías tuvo que pedir dinero prestado para organizar la empresa, saliendo Bermúdez fiador.

El cronista Palencia, que no recata su desprecio hacia los frailes a los que los militares consideraban como “mensajeros de todo lo peor” y los marineros como tipos de mal agüero, nos ofrece algunos rasgos del obispo Frías al que llama “hombre imbécil y nada religioso, vanidoso y de vida irregular… (Morales Padrón, F. 1978)

Cada 25 de noviembre el pueblo gomero tiene por costumbre de engalanar con hojas de palma la entrada de la cueva de Guahedum, para conmemorar los hechos que aquí tuvieron lugar en 1488. Distorsionados por las referencias de los Cronistas, que los relacionan a partir de su particular visión cultural, y recreados por la tradición popular (Coplas de Hupalupo). La realidad es mucho más compleja y dolorosa, que una simple historia de violaciones y honores mancillados. Fue una masacre fríamente calculada y ejecutada por unos invasores castellanos y cristianos, ascendientes de un sector de la población criolla canaria actual, herederos ideológicos de aquella canalla que continúan mangoneando este país y además, tienen a gala el descender de aquellos aventureros criminales inmisericordes, y para más escarnio de este humillado pueblo, honran sus memorias dándole sus nombres a nuestras (sus) calles y plazas. ¡ASÍ NOS VA!

Septiembre de 2009

http://chaureroeguerew.blogspot.com/2012/11/la-masacre-llevada-cabo-por-los.html

Fuentes consultadas:

www.mpaiac.org/rebelion.htm

Eduardo Pedro García Rodríguez

Beatriz de Bobadilla (1462-1501)

En: www.elguanche,net

Luisa Álvarez de Toledo

África Versus América

En: www. Webilam.com

En: www, elguanche.net

Francisco Morales Padrón

Canarias: Crónicas de su conquista

Edición del Museo Canario y Ayuntamiento de Las Palmas

Las Palmas de Gran Canaria 1978.

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