Justicia alemana prohíbe temporalmente vigilar al partido ultraderechista AfD

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Este viernes el Tribunal de lo Contencioso Administrativo de Colonia (oeste de Alemania), le prohibió de manera temporal a los servicios secretos del país seguir de forma sistémica al partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD). La orden se da dos días después de que el Gobierno anunciase la decisión de poner bajo vigilancia al partido opositor por considerarlo peligroso para la democracia. 


La decisión se da dos días después de que la Oficina Federal para la Protección de la Constitución Alemana (BfV), la inteligencia interior, clasificara a Alternativa para Alemania como un “caso sospechoso” contra la democracia nacional, lo que permitía los seguimientos de forma continua y general a toda la estructura del partido.

La orden se produce como respuesta a una querella interpuesta por AfD, que sabiendo que los servicios secretos los tenían en la mira, denunciaron a la BfV por supuesta persecución política.

Esta se trata de una medida temporal y habrá que esperar hasta que el tribunal falle en el caso de la denuncia. El órgano subrayó que no ha tomado una decisión sobre el fondo de la cuestión, pero afirmó que la difusión de la decisión de la BfV viola «la igualdad de oportunidades de los partidos políticos”

No obstante, la decisión puede ser apelada ante el Tribunal Superior de lo Contencioso Administrativo de Münster (oeste de Alemania).

Los servicios secretos basaron su decisión en un informe de 1.001 páginas que incluye pruebas de supuestas violaciones contra el orden liberal democrático recopiladas por juristas y expertos desde comienzos de 2019. Entre ellas, centenares de discursos y declaraciones de miembros del partido con una postura abiertamente xenófoba y antiinmigrante.

Esta decisión convertía a la formación política en la primera en ser sometida a vigilancia tras la Segunda Guerra Mundial. La clasificación, que según medios alemanes se produjo el jueves pasado, suponía un intento por frenar el ascenso y ataque al orden democrático por parte de las fuerzas de extrema derecha, presentes en todo el globo.

La batalla contra la extrema derecha en el ‘súper año’ electoral

La decisión del Ejecutivo es controvertida por una razón: AfD es la principal fuerza política opositora al Gobierno de coalición entre los socialdemócratas y conservadores que lidera Angela Merkel. Con 88 asientos de un total de 709 en el Parlamento alemán, el partido ultraderechista goza de popularidad en el país europeo.

Su ascenso al Bundestag se dio en 2017, cuando la decisión de Angela Merkel de dar acogida a más de un millón de migrantes enfadó a parte del electorado alemán. Polémico desde sus inicios, el partido ha sido acusado de fomentar discursos de odio contra los migrantes.

Con la decisión de vigilar formalmente a la formación extremista, la Oficina para la Protección de la Constitución alemana podría intervenir teléfonos y otras comunicaciones y vigilar los movimientos de los miembros del partido.

Para Alemania, lidiar con la extrema derecha es un asunto de especial importancia este año electoral, con la vista puesta en los comicios de seis estados federados y la elección de los nuevos representantes en el Bundestag en septiembre. Un año que verá la salida de Angela Merkel después de 16 años como canciller, en los que se convirtió en un símbolo cambio, abriendo las puertas del país a refugiados en busca de asilo.

Esta es la razón por la que los mecanismos estatales, que velan porque un partido extremista –o de ideología nazi– no pueda volver a ascender al poder desde dentro, están especialmente preocupados.

«El extremismo de extrema derecha y el terrorismo de extrema derecha son actualmente el mayor peligro para la democracia en Alemania», señaló el año pasado Thomas Haldenwang, presidente de la Oficina para la Protección de la Constitución alemana.

La base de la investigación contra AfD: discursos abiertamente xenófobos

Varios líderes de otras formaciones políticas aplaudieron la decisión de controlar al partido ultraderechista. “La extrema derecha está dictando el tono de la AfD. Por lo tanto, la clasificación como caso sospechoso por parte de la BfV es absolutamente correcta. Independientemente de esto, seguiremos luchando políticamente contra la AfD. Esto no tiene cabida en los parlamentos”, dijo el secretario general del partido CSU, Markus Blume, a través de redes sociales.

La polémica llega en un momento complicado para el partido, que atraviesa serias dificultades para presentar un perfil claro, tras coquetear con el negacionismo de la pandemia, y que sufre una larga y mal disimulada guerra interna entre el sector pragmático y la rama más radical.

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