mié. May 22nd, 2019

Historia de la ermita de Los Reyes, en Valle Gran Rey (La Gomera)

Entre las dificultades en hacer una historia de la iglesia de los Reyes, está como en el caso de la ermita de Arure, el que la documentación es prácticamente inexistente. El archivo parroquial de Chipude ha sufrido un percance que lo dejó bastante mal parado, fue el incendio ocurrido en este siglo con motivo de la destrucción de la Casa parroquial.

A los daños de las llamas tenemos que añadir los efectos del agua que dejaron inservible gran parte de la documentación en él existente. No obstante, no creemos que los legajos referentes a la ermita de los Reyes fuesen numerosos. Los Reyes eran una de tantas ermitas que poseía en su distrito la parroquia de Chipude, un poco más importante por el número de sus feligreses. Se hace referencia a ella en los libros de visita y alguna que otra vez, en las cuentas de la fábrica, pero siempre muy generalmente.

La presencia de una ermita en Valle Gran Rey, parece datar de muy antiguo, en concreto, Luis Fernández ofrece como fecha de fundación la de 1515, aunque sin base documental alguna. En principio no es extraño que hubiera un templo en Valle Gran Rey, en una fecha tan temprana como la primera mitad del siglo XVI, puesto que en ese tiempo ya funcionaba en este valle uno de los cinco ingenios de azúcar que habían en la isla.

En el hecho de que se erigiera una ermita bajo la advocación de Los Santos Reyes parece que tiene mucho que ver la especie de “obsesión” de don Guillén Peraza -conde de La Gomera- por los mismos. A saber: convento franciscano de “Los Santos Reyes” fundado por Guillén Peraza en 1533, en San Sebastián, del que era gran devoto y portador él mismo del hábito franciscano; les puso a sus hijos los nombres de los tres reyes magos. Así que no es de extrañar que la ermita en Valle Gran Rey, que eran tierras de su dominio, se pusiese bajo esta advocación.

El tiempo en que se erigió esta ermita se caracterizaba por la “pobre asistencia espiritual de los vecinos del señorío”. Las Sinodales de Arce, de 1515 señalan que había un beneficiado cura que -según la Sinodal de Muros, de 1497- debía disponer de otro un crecimiento no sólo poblacional sino urbano; en este primer año se censan 156 casas, contándose en el último 180, si bien en 1846 el cómputo total enumerado fue de 186.

Esto conlleva que cuando con motivo de la división de la diócesis de canarias se efectúa el arreglo parroquia1 de la nueva diócesis, de acuerdo con la Real Cédula de 3 de mero de 1854 y el Real Decreto de 15 de febrero de 1861, en el arciprestazgo de la Gomera la ermita de los Reyes quedó como parroquia auxiliar de la de Chipude para lo cual se confiere la misma dotación que la principal, no firmándose esto hasta el 4 de enero de 1869. Conforme se producía un aumento en la importancia económica y poblacional del lugar, también lo hacía el interés por disponer de parroquia propia

DOCUMENTO PARA PETICION DE UNA IGLESIA EN VALLE GRAN REY

Excmo. Señor Ministro de Gracia y Justicia.

Excmo. Sr.

El Ayuntamiento del pueblo de Arure en la isla de La Gomera, provinciade Canarias, asociado de los mayores contribuyentes y personas de mayor representación social movidas de la más respetuosa consideración acuden a V.E. suplicándole lo que á continuación exponen.

Este pueblo, Excmo Señor, ha venido hasta hoy careciendo de un templo católico donde dar á Dios culto externo y practicar los Misterios y actos de nuestra Santa Religión. Los recurrentes creen no exista en el territorio de la Monarquía en ninguna de sus provincias un pueblo con Ayuntamiento propio que no tenga una parroquia y al frente de ella un sacerdote donde puedan sus habitantes cumplir los deberes de cristianos, buscar la justificación de su conciencia por medio de la gracia y oír la palabra evangélica, la moral santa, la enseñanza divina que lleva el consuelo de la caridad hasta la pobre y humilde choza del hermano que padece.

¡Ah! sin religión, sin templo, sin culto, sin sacerdote, la moral desaparece de un pueblo; el sentimiento de la justicia y del deber huye de la conciencia de sus habitantes, las práctica de las virtudes es una mentira; y sin el freno  de la religión, sin el amor a Dios y el temor al juicio eterno, las pasiones viciosas, las prevaricaciones á las leyes divinas y humanas son las tristes consecuencias de tales males, los efectos consiguientes á tan funestas causas.

El pueblo de Arure con más de mil doscientos habitantes y trescientos vecinos es feligresía de Chipude donde está situada la parroquia cuyo punto es un pago o caserío que forma parte de la jurisdicción del pueblo de Vallehermoso, Y parece anómalo que un pueblo que forma ó comprende triple número de almas que Chipude no tenga siquiera un templo con el carácter de Ayuda de Parroquia.

Para que V.E. comprenda la justicia de nuestra exposición conviene hacer presente la causa que motiva el que los hijos de Arure carezcan de prácticas religiosas, de los actos y misterios que en los templos católicos tienen lugar.

La gran mayoría de los habitantes que forman el pueblo de Arure viven en distintos barrios en las laderas de un valle denominado “Valle-gran rey” que comprende una extensión de diez o más kilómetros; de manera que ciento cincuenta vecinos tienen que cruzar una distancia de tres leguas para ir á oir la santa misa á Chipude, y si á esto se une que aquí no existen carreteras, ni caminos de herradura, sino malas veredas, y que hay que ir siempre subiendo por laderas, precipicios y cumbres escarpadas la distancia se duplica pudiendo muy bien decirse que hace imposible que estos vecinos cumplan no tan solo con el precepto de la misa, sino con ninguno de los que impone la Santa Iglesia. Únase también á esto que el niño recién nacido que se ha de bautizar se halla expuesto en verano á perecer ahogado por los calores excesivos que en estas islas se dejan sentir, y en invierno expuesto también á perecer por las lluvias y fríos que sufre el que tiene que pasar por cumbres y montes.

Tales son, Excmo. Sor. las poderosas razones que han impulsado á esa Corporación y demás que suscriben á llevar a V.E. la voz de sus necesidades pidiéndole que de lo consignado en el capítulo correspondiente al Culto del presupuesto del Ministerio de su digno cargo, se dé una subvención de 7.000 pesetas para la construcción de un pequeño templo que sirva de Ayuda de Parroquia, lo cual llenará de regocijo á los hijos de este pueblo, recibiendo V.E. las bendiciones nacidas de sus corazones agradecidos.

Este Ayuntamiento se compromete á invertir otras 7.000 pesetas en la construcción del edificio pues considera que haya bastante en el total de ambas cantidades; pudiendo V.E. pedir informe al Ilmo. Sor. Obispo de esta Diócesis de Tenerife, quien no dudamos lo dé á V.E. lo más satisfactorio á la verdad de nuestra dicha.

En atención a todo lo expuesto

Suplican á V.E. se digne acreedor á nuestra petición cuya gracia no dudamos alcanzar de la justicia y rectitud que informan los actos de V.E. y de la nobleza de sus sentimientos católicos.

Arure de la Gomera septiembre de 1880.

Excmo. Sr.

El Alcalde-Presidente: Salvador Damas.
El Teniente Alcalde: Francisco Correa.
El Regidor primero: Domingo Piñero.
El Regidor segundo: Manuel Damas.
El resto de los que firman: Ángel Negrín, Antonio Méndez, José Chinea Martín, Francisco Negrín, Manuel Dorta, Pastor Casanova, Manuel Trujillo, José Negrín, Agustín Rolo, Domingo Chinea Negrín.

La consecuencia llega algunos años después cuando en 1883 siendo párroco de Chipude, Antonio Rodríguez Acosta y mayordomo, Domingo Ramón Correa Rodríguez, se amplia la ermita y se le dota de algún mobiliario nuevo. No fueron grandes obras, pues sólo trabajan un peón, dos oficiales de albañil y un carpintero, demás de los eventuales que elaboran la cal, acarrean los materiales y tejan el techo. Estos materiales se adquieren también en la comarca (la cal en Arure y la teja en el mismo Valle).

En las cuentas de fábrica del 2 de febrero de 1883 encontramos un cuadernillo dedicado a esta ermita, éste es el único documento encontrado junto con otro de 1889.

Ermita de los Santos Reyes sobre 1900
Ermita de los Santos Reyes sobre 1900

A principios de febrero de 1883, siendo párroco de Chipude Don Antonio Rodríguez Acosta y mayordomo de la ermita Don Domingo Correa Rodríguez, se renueva la techumbre del templo. Para ello se habían comprado el quince de noviembre del año anterior (1 882) a Serafín Roldán, en Gran Rey, %n ciento de tejas” con un costo de 5’25 pesetas. Las obras fueron llevadas a cabo por dos oficiales de albañil y un peón. Los dos oficiales cobraron cada uno, 3’75 pesetas y el peón 1’25 pesetas; a esto hay que añadir una peseta y veinticinco céntimos que costó el sustento de la mano de obra. Se compró el seis de noviembre de 1882 a Francisco Rodríguez, de Arure, por orden de Antonio Negrín dos fanegas de cal por valor de un peso. Este material se utilizó para remedar y reforzar la fábrica que se encontraba bastante dañada.

Los operarios fueron los mismos que se encargaron del techo, desconocemos los honorarios percibidos, sólo sabemos como nota anecdótica, que se compró media de mil que costó 25 céntimos para brindar a los que trabajaban. De esta manera el templo quedaba asegurado por algunos años más. Aprovechando estos gastos se encargó a Ramón Chinea Morales, el 12 de febrero de 1883, que hiciera una escalera para la ermita que costó seis pesetas.

Finalmente, Antonio Padrón y Brito realizó una tabla con un enrejado que haría las funciones de confesionario; su precio he de 3’75 pesetas.

El 24 de octubre de 1889, ocupando la parroquia Antonio Padrón y Brito y continuando su mayordomía Domingo Ramón Correa, se trastejó la ermita, costando la obra 3’75 pesetas, se compró media fanegada de cal por valor de una peseta para enjalbelgar por dentro y por fuera los muros de la fábrica.

A principios de siglo la fábrica fue derribada y reconstruida en su totalidad

Sería en el año 1943, con Fray Albino González y Ménendez-Regiada, cuando se crearía la nueva parroquia de los Reyes[vii]. Arure seguiría adscrita a la de Nuestra Señora la Candelaria en Chipude.

Actualmente, su situación descentrada del actual núcleo urbano le ha hecho perder la categoría parroquial que pasó a la playa en un nuevo edificio.

Fachada actual de la ermita.
Fachada actual de la ermita.

La iglesia ha sido reconstruida en su totalidad, terciado este siglo, hoy sólo conserva dos piezas de su antiguo menaje: una tosca pila de agua labrada en piedra volcánica y el “retablito” de la Adoración que durante años presidió la ermita. Éste ha sido recientemente restaurado (año 2000)

En cuanto a la orfebrería, existen dos coronas, la de la Virgen y la del Niño Jesús, de plata repujada con falsa pedrería, obra del platero Cesar Fenndez Molina, año 1957. Una custodia de plata de línea moderna con esmaltes, del mismo autor, año 1963.

Actualmente, la antigua parroquia de Los Reyes, se ha dividido en dos:

Primero: la parroquia de los Santos Reyes. Se compone de una capilla dedicada a La Milagrosa, situada en el barrio de El Chorro en La Calera; una casa parroquial (en el mismo barrio); una iglesia parroquial con salón parroquial en El Caidero-La Calera; una ermita a San Pedro (situada en La Playa); una ermita a Ntra. Sra. del Carmen (en Vueltas). Incluye los barrios de Casa de la Seda, El Guro, las Piedras Quebradas, Los Reyes, Las Orijamas, La Calera, La Playa, Borbalán, La Puntilla y Vueltas.

Segunda: parroquia de San Antonio de Padua en Guadá. El patrimonio de la iglesia en Guadá consta de una iglesia parroquial de una nave con sacristía (de reciente construcción). Existía un vieja ermita, que ha sido demolida, dando paso a esta nueva iglesia, para ello se le cedió al ayuntamiento 1000 m2, que poseía el obispado, con el fin de la nueva construcción. Los barrios que componen esta parroquia son: Lomo del Balo, Los Descansaderos, La Vizcaina, El Hornillo, El Retamal, Lomo del Moral, Los Granados, Chelé y La Higuera del llano.

Por  Miguel Ángel Hernández Méndez

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