jue. Sep 19th, 2019

Hacia la República Islámica de Turquía

Hasta ahora Turquía ha vivido polarizada entre un nacionalismo laico, propio de los sectores urbanos más desarrollados, y un islamismo tradicional en el que se ha refugiado la población rural más desfavorecida y con el afán de refundar la Turquía moderna, Erdogan, nuevo “padre de la patria” (Atatürk), trata de unir islamismo , nacionalismo y europeismo con su entrada en la UE. El Partido de la Justicia y el Desarrollo (Adalet ve Kalkınma Partisi o AKP); a menudo denominado en Turquía Ak Parti”, ya que sus seguidores emplean el vocablo en turco Ak, (que significa blanco, limpio, o intachable) para identificar a su partido) , sería en sus inicios un partido conservador moderado, de tendencia demócrata-musulmán, a la imagen y semejanza de los partidos demócrata-cristianos europeos, (no en vano es miembro observador del PPE desde 2005), pero tras el desapego afectivo de Erdogan respecto a Occidente, habría evolucionado hacia un partido de corte islamista moderado.

Así, el primer ministro turco Erdogan ha impulsado múltiples medidas reformistas encaminadas especialmente a colocar el estado turco en sintonía con los parámetros que le impone la UE para acoger a Turquía como un estado de pleno derecho dentro de la Unión. Así, la abolición de la pena de muerte y el paulatino progreso en el respeto de los derechos de la población de los Kurdos en el este del país), reformas que sirvieron para que la Comisión Europea aconsejara iniciar el proceso de negociaciones para el ingreso de Turquía a la UE, pues a juicio de la (OCDE), la apertura de negociaciones dinamizaría la economía turca y daría impulso a la inversión extranjera (Turquía posee actualmente el mayor índice de crecimiento de toda la zona de la OCDE y la adhesión de ese país a la UE respondería al interés de las dos partes).

Sin embargo, las discusiones de adhesión, que se iniciaron en octubre de 2005, están prácticamente estancadas y algunos países del bloque, como Francia y Alemania, se oponen a darle a Turquía el estatuto de miembro pleno y prefieren la perspectiva de una asociación, aunque la cuestión de fondo de la firme oposición franco-alemana es el temor a la pérdida de poder político, pues con el nuevo Tratado de Lisboa, la población pasará a ser un elemento determinante para medir la importancia de cada país en la UE.

Así, la gran conquista de Alemania en el nuevo tratado, ( el reconocimiento a su mayor peso tras la reunificación) , se desvanecería a la luz de la bomba demográfica que representa Turquía, pues en la UE vivirían en la actualidad más de 3,7 millones de turcos,( cifra que corresponde casi a la población de Irlanda) y se calcula que en el momento de la adhesión definitiva, la población musulmana de la UE aumentaría del 5% actual a cerca del 20% de la población total. El segundo impedimento para los turcos con vistas a la adhesión es el diferencial de Renta per cápita con respecto a la UE , ( renta per cápita de 19.000 $ que sería la mitad de la media la UE), por lo que existe el temor de que el nuevo socio acapare la mayor parte de los fondos europeos.

Sin embargo, dicha política podría volverse en contra de la UE, pues los procesos de adhesión han funcionado como un instrumento democratizador y reformista del continente y caso de cerrarse el proceso de ampliación, sin Turquía, se corre el riesgo de que los valores democráticos que la UE ha exportado hacia los países de la la extinta URSS, sean reemplazados por los ideales expansionistas de la Nueva Gran Rusia, (con lo que se alteraría notablemente el escenario geopolítico europeo para la próxima década), por lo que el presidente estadounidense Barack Obama apoyó en Praga la candidatura de Turquía a la Unión Europea (UE), al decir que “avanzar hacia la adhesión de Turquía a la UE sería una señal importante de nuestro compromiso con esta agenda y de que seguimos amarrando Turquía a Europa”.

Sin embargo, las relaciones turco-estadounidenses se vieron afectadas en los últimos años por la oposición de Ankara a intervención de EEUU en Irak y Obama evitó una crisis en la OTAN al conseguir que Turquía aprobase el nombramiento del primer ministro danés Rasmussen como nuevo secretario general de la Alianza Atlántica.Así, los diarios turcos recordaron sus palabras en 2004 en contra de la adhesión de Turquía al bloque,”Los valores universales que están en vigor en Europa, y que son valores fundamentales del cristianismo, perderían fuerza con la entrada de un país musulmán como Turquía”, nombramiento que finalmente Erdogan aceptó debido a que Obama se había declarado “garante” de ciertos compromisos que se abstuvo de detallar pero que podrían comprender un acuerdo tácito de un futuro reparto de los pozos petrolíferos del Kurdistán irakí. Recordar que Turquía era para Obama el paradigma de país islamista moderado y demócrata que desearía exportar al resto de países del Oriente Próximo, por lo que Erdogan contaba con el apoyo incondicional de Obama al convertirse Turquía en elemento de referencia en el laberinto geopolítico de Oriente Próximo.

Mientras, Erdogan proseguiría con su estrategia de implementar el Estado Islamista-Erdoganista, (socavando los pilares del Estado Secular que en 1923 implantó el Padre de la Turquía Moderna, Mustafa Kemal, quien creía que “el secularismo y la europeización de Turquía eran los medios más aptos para transformar su país en una nación industrial moderna”, con lo que el kemalismo dejó como herencia una crisis de identidad en la sociedad turca, (europeizada pero no integrada en las instituciones europeas y musulmana pero extraña al mundo islámico). La implantación del Estado Islamista-erdoganista se plasmaría en pinceladas como la implantación de la enseñanza del Corán en la escuela Primaria, restricciones a la libertad de expresión en forma de encarcelación de periodistas opositores, la polémica restricción de venta de alcohol y el anunciado despliegue de la policía en los campus y residencias universitarias que podría desencadenar un nuevo Mayo del 68.

Por su parte, el Ejército turco (TSK) desempeña un importante papel político en la sombra, puesto que se consideran los guardianes de la naturaleza secular y unitaria de la República siguiendo los postulados kemalistas y los partidos políticos juzgados como anti-seculares o separatistas por el Poder Judicial Turco (a instancias del estamento militar), pueden ser declarados ilegales. Ya en vísperas de la elección de Abdullah Gül como Presidente de Turquía ( agosto del 2007), las Fuerzas Armadas afirmaron que “intervendrán decisivamente en la defensa del laicismo ante los esfuerzos de determinados círculos de socavar los valores fundamentales de la república que han aumentado claramente en tiempos recientes”, advertencia próxima a la retórica del Golpe Militar de 1.980 y que podría extrapolarse a la situación política actual, pues en los últimos años , Erdogan ha asestado varios golpes a la cúpula militar turca, del que sería paradigma la decisión de Erdogan de relegar de su cargo a tres oficiales de alto rango acusados de formar parte de la trama “Ergenekon”, una agrupación ultra-nacionalista compuesta por militares y activistas de marcado carácter laicista, pero también por segmentos de la esfera política, mediática, intelectual y educativa del país y cuyo supuesto cometido habría sido deponer al actual ejecutivo islamista de Erdogan y el pulso Erdogan-TSK habría llegado a su paroxismo con las sentencias condenatorias del caso Erdegon, destacando la dureza de las penas impuestas a 250 de los implicados, 12 de los cuales habrían sido condenados a cadena perpetua.

¿Hacia el golpe de mano?

El mandato de Erdogan como primer ministro finiquitaba en el 2015 sin posibilidad de reelección por lo que tras su cómodo triunfo en la recientes Elecciones presidenciales (51,8% de los votos), tan sólo resta que prospere la reforma constitucional que el propio Erdogan y el AKP proponen ( y para lo que necesitan la mayoría simple en el Parlamento turco), con el objetivo inequívoco de implantar la nueva República Islámica de Turquía en el horizonte del 2016 e instaurar un Gobierno Presidencialista con poderes cuasi ilimitados , con lo que Turquía se convertiría de facto en un régimen autocrático en el que la lealtad a los intereses anglo-judíos en Oriente Próximo estaría en entredicho debido al previsible apoyo de Erdogan a la facción palestina Hamas y a los Hermanos musulmanes y al consiguiente enfrentamiento con Israel y Egipto.

Ante esta situación, tras conocerse las condenas del mediático affaire Ergenekon, (de las que sería paradigma el general retirado Ilker Basbug, antiguo Jefe de Estado Mayor del TSK, condenado a cadena perpetua y su frase premonitoria “La Nación tendrá la última palabra”) y sin el paraguas protector de la UE (al posponer “sine die” la incorporación de Turquía miembro de pleno de derecho de la UE), no sería descartable que el ejército turco (TSK) protagonice un nuevo golpe “virtual” o “posmoderno” que acabaría con el mandato del Primer Ministro Erdogan, (rememorando el ‘golpe blando’ de 1997, cuando los generales kemalistas arrebataron el poder al Gobierno del presidente Necmettin Erbakanpor, quien lideraba una coalición islamista).

Dicho golpe contaría con las bendiciones de Washington al haber dejado Erdogan de ser un peón útil para la estrategia geopolítica de EEUU en Oriente Próximo y significaría el ocaso de la primavera árabe del arco mediterráneo y la posterior inmersión en el llamado otoño árabe, fruto de la nueva estrategia de EEUU para la zona tras el evidente fracaso para sus intereses del experimento de exportación del otrora régimen islamista moderado y pro-occidental de Erdogan a todos los países que componen el tablero gigante del arco árabe-mediterráneo. La nueva estrategia de EEUU consistirá en la implementación de “golpes virtuales o postmodernos“ en los países de la zona con el objetivo inequívoco de sustituir a los regímenes islamistas surgidos de las urnas por regímenes militares presidencialistas en el marco del nuevo escenario geopolítico mundial surgido tras el retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría entre EEUU y Rusia, quedando Siria y Marruecos como portaaviones continentales de Rusia y EEUU respectivamente.

GERMÁN GORRAIZ LOPEZ- Analista

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