lun. Sep 23rd, 2019

Gobernar sin humillar a la clase trabajadora

Ante el próximo primero de mayo, quiero aprovechar para compartir una reflexión: En Canarias, suele ser habitual que algunos gobernantes, locales o insulares, convoquen, cada cierto tiempo, a una asamblea de desempleados, para darles un discurso y anunciarles la buena nueva de que han sido rescatados del paro.

Este tipo de eventos parecen pensados, más para dar testimonio de las bondades del líder de turno, que para celebrar que hay personas que pueden hacer pleno su derecho al trabajo con la obtención de un contrato y un salario con cargo a los fondos públicos. A este tipo de actos acude la prensa a dar la debida cobertura informativa. A consecuencia de ello, muchas veces los nuevos contratados ven su imagen plasmada y expuesta en los medios de comunicación.

En mi opinión, debemos reflexionar si son necesarios este tipo de actos públicos. Mi postura es que deben eliminarse o evitarse al máximo por los siguientes motivos:

1º.- Se dan en un entorno de desigualdad de posiciones, por un lado, la superioridad del gobernante, con su poder de contratar, y por otro, la inferioridad y falta de recursos de las personas que no tienen empleo.

2º.- Un buen gobernante no debe ni tiene porqué aprovecharse de las necesidades económicas de los parados para potenciar su imagen de liderazgo.

3º.- Suelen suponer un uso partidista de las administraciones pues, frecuentemente, solo figura como contratante quien gobierna y no hay representación de los distintos grupos políticos que pueden integrar la respectiva entidad pública. Además, en estos casos, lo que se gestiona son fondos públicos que son propiedad de todos y no de uso exclusivo del gobernante por mucho que lo quiera dar a entender. No conozco, en Canarias, ningún caso de gobernante que no cuente con un grupo en la oposición.

4º.- Hay oscurantismo sobre si, es obligatoria o voluntaria, la asistencia “para sacarse la foto” de los nuevos contratados junto con el gobernante contratante. Incluso hay quien dice que, supuestamente, se paga la hora o el día de asistencia al discurso a pesar de que no se realice ningún trabajo. Por tanto, hay falta de garantías y de objetividad. Por no decir despilfarro.

5º.- Se puede vulnerar la dignidad e intimidad del trabajador que solo quiere un trabajo y no quiere ser cómplice de una campaña mediática. Además, no se garantiza el derecho de los trabajadores al respeto de sus convicciones políticas o de otra índole.

En conclusión, este tipo de prácticas de mal gobierno no son beneficiosas para el interés general. Por tanto, deben eliminarse puesto que nos alejan de las sociedades democráticas modernas, a la vez que nos acercan más a sociedades caciquiles donde el trabajo no es un derecho sino una golosina que se ofrece a modo de chantaje a cambio de sumisión.

Asimismo, partiendo de la base de que todos queremos mejorar los derechos de nuestra ciudadanía, propongo que se promueva un acuerdo social amplio, entre empresarios, sindicatos, prensa y partidos políticos, en el que se alcance el compromiso firme de eliminar este tipo de actos de ofrendas públicas de puestos de trabajo por parte de los gobernantes de turno. Una cosa es que vivamos en una sociedad imperfecta y otra es que permanezcamos inmóviles ante su descomposición y la humillación de la clase trabajadora.

Felipe Clemente Morales.

Abogado

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